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Domingo , 24.03.2019 / 01:40 Hoy

Ciencia en pantalla grande

La ciencia y el cine de nuestros días están más vinculados de lo que podría pensarse. Por eso vale la pena abordar sus similitudes en la FIL de Guadalajara.

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Una buena parte de los eventos que la FIL ha programado para este año en el marco de la sección “La FIL también es Ciencia” tiene que ver con el cine. Entre otros: la presencia de la ciencia en el cine, efectos especiales en el cine, ciencia ficción, crónicas extraterrestres, la vida en otros planetas vista desde la ciencia y desde el cine, son títulos y temas en paneles de discusión, conferencias y conversatorios.

El actor francés Jacques Jouhanneau es recordado por sus películas y por ser el autor de la tan citada frase: “El cine se alimenta de ficciones, la ciencia de realidades”. De esta manera, Jouhanneau parecía querer describir dos mundos separados. Sin embargo, la reflexión que la primera parte de esta frase enuncia es totalmente falsa. El cine se alimenta también de las ideas de la ciencia, de lo que ésta inspira y de la inevitable especulación que genera. Ya no diremos nada de los avances tecnológicos derivados del desarrollo científico que son ahora imprescindibles para llevar historias a la pantalla grande.

Sin embargo, es cierto que la física no está siempre en la cabeza de directores y productores cinematográficos y por eso vemos una y otra vez naves que explotan en el espacio exterior en medio de las llamas y un estruendo que se propaga en el vacío contra todas las expectativas que las leyes de la naturaleza nos sugieren. Vemos también héroes que salvan la vida deteniéndose de algún travesaño después de caer una docena de metros, cuando ya debieron alcanzar velocidades de casi 60 kilómetros por hora y que, al sujetarse, ejercen una fuerza en los dedos que les permitiría levantar cien toneladas de peso.

Orson Welles decía que “es imposible hacer una película sin una cámara que sea como un ojo en el corazón de un poeta”. Ahora, muchos creemos que también es importante tener cámara, guión, micrófonos, luces y sonidos en el corazón y la cabeza de un científico. Y es que, si los eventos de la historia pisotean con exceso los más elementales principios de la naturaleza, el relato pierde credibilidad, el valor de la película se reduce y no faltarán los críticos más educados que al calificarla la cataloguen como insultante por su alto grado de estupidez.

Uno de los tres galardonados con el Premio Nobel en Física de este año, Kip Thorne, trabajó como asesor de Christopher Nolan en la película Interstellar. Más aún, Kip Thorne fue el productor ejecutivo de la cinta.

Interstellar nos dice que en algún momento del presente siglo la humanidad deberá buscar un nuevo hogar. Una plaga está acabando con las cosechas y de paso con el oxígeno del planeta. La película recibió varios premios, un Oscar y tres nominaciones más, además de ser motivo para dos publicaciones científicas en que se describe la visualización de un agujero negro súper masivo y en rotación.

Aun así, el astrobiólogo David Grispoon señaló que a la plaga más agresiva y voraz le tomaría millones de años para acabar con el oxígeno de la Tierra y todos advertimos que las nubes de hielo en uno de los planetas visitados deberían caer por la fuerza de gravedad. Para algunos fue extraño que el maíz se coseche cuando la planta está verde y la posibilidad de una gigantesca ola en un planeta en el que el agua llega hasta la rodilla resulta un poco chocante. Aun así, la película fue bien recibida por aquellos que vieron un esfuerzo por respetar aspectos mínimos en la naturaleza de las cosas.

  • Fotograma de Interstellar.

Ya antes el Premio Nobel de Física de este año, Kip Thorne, dio ideas para la novela Contacto de Carl Sagan y apareció representado en la película multinominada en los premios Oscar The Theory of Everything. De manera tal que en diciembre próximo veremos recibir el Premio Nobel a un físico, productor y personaje cinematográfico.

La ciencia y el cine de nuestros días se alimentan de la realidad y la realidad de nuestros días es más cinematográfica que nunca. Jamás el día a día de los laboratorios y la crónica de los avances científicos estuvo tan cerca de la pantalla grande como ahora. Nunca antes el cine se pareció tanto al espejo pintado ni la ciencia llegó a ser tan parecida a las películas.

El jueves 17 de agosto llegó a nuestro planeta la luz que hace mucho tiempo emprendió un largo viaje desde la galaxia NGC 4993. A esa luz le costó muy poco dibujar una historia excepcional en las pantallas de las computadoras.

Poco antes de que la luz arribara hasta los detectores, se pudo sentir la presencia de ondas gravitacionales que dejaron huella en la sala de control de los observatorios en tierra. Ambas ondulaciones: las del campo electromagnético que son luz y las gravitacionales que hicieron oscilar las distancias entre los objetos, necesitaron 130 millones de años para recorrer el tramo que nos separa de la galaxia elíptica ubicada en la constelación Hidra, la más grande de las 88 constelaciones modernas.

Las ondas gravitacionales que se observaron ese día provienen de la colisión de dos estrellas de neutrones. Al observar las ondas de espacio y tiempo el experimento LIGO (por sus siglas en inglés: Laser Interometer Gravitational Wave Observatory), en Estados Unidos, dio aviso inmediato a los astrónomos de todo el mundo para que enfocaran sus telescopios en la misma dirección.

Las imágenes obtenidas al medir radio ondas, radiación infrarroja, rayos X, rayos gamma y luz visible han dado la vuelta al mundo y representan sin duda el mayor espectáculo científico de este año.

Mientras esto ocurría, la misión Cassini llegaba a su fin. Algunas de sus observaciones memorables fueron los océanos en Enceladus, donde volcanes cercanos al polo sur expulsaban al espacio, como géiseres, chorros de vapor de agua y materiales sólidos como cristales de cloruro sódico y partículas de hielo. Cassini mostró mares de metano líquido en Titán y un estudio detallado revelaba la posibilidad de ambientes habitables. Quedó claro para los especialistas que estas dos lunas de Saturno tienen gran potencial para albergar, por lo menos, las condiciones de una etapa prebiótica.

  • Misión Cassini.

El escaso combustible de la nave implicaba la inminente pérdida de control y con el fin de evitar que, ya fuera de control, la nave se estrellara contra una de estas lunas, NASA decidió desintegrarla en la atmósfera de Saturno.

De esa manera se protegía el medio hospitalario a la vida que las lunas más prometedoras en el sistema solar parecen ofrecer.

Hoy, más que nunca, la ciencia nos descubre mundos de original belleza. Los laboratorios develan lo que existe más allá del orbe. La ciencia de nuestros días rompe límites en el microcosmos y rebasa fronteras en lo más alto de los cielos. La vida en los laboratorios científicos es ahora lo que nunca antes fue: una espectacular función de cine.

Ve los eventos de “La FIL también es Ciencia” en este link.

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