El nombre de Violeta Parra (1917-1967) le trae a Arón Bitrán muchos recuerdos:
“Primero que nada es una poeta formidable y una compositora poderosísima, con un lenguaje que, aunque se genera en la música folclórica de Chile, va más allá y alcanza alturas extraordinarias en concepción melódica y armónica”.
El primer violín del Cuarteto Latinoamericano agrega que Parra “representa un símbolo de lo que fue América Latina al final de los sesenta y principios de los setenta, todo ese movimiento progresista, esa ola de revolución y visión del mundo diferente que inundó los países del Cono Sur y que, en la mayoría de los casos, terminó trágicamente. Su propio suicidio es, quizás, un preámbulo de que las cosas iban a terminar mal. Violeta Parra simboliza una gran artista y un detonante de cosas muy importantes que pasarían política y socialmente en Sudamérica”.
El nuevo proyecto discográfico del Cuarteto Latinoamericano, que en el 2017 celebra 35 años de actividad, estará dedicado a Parra, quien se suicidó a los 49 años. Cantautora, pintora, escultora, bordadora y ceramista, hermana del poeta Nicanor Parra y madre de los músicos Ángel e Isabel Parra, su legado artístico la sitúa como una de las grandes folcloristas del siglo XX.
Como preámbulo a la edición del disco que graban en estos días, la agrupación tocará el repertorio del álbum hoy a las seis de la tarde en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. En la voz participará la cantante Javiera Parra, nieta de la cantautora chilena, quien, de acuerdo con Bitrán, está “empapada de este repertorio desde su infancia”.
¿Cuál es el repertorio?
Son ocho canciones de voz y cuarteto: “Volver a los 17”, “Gracias a la vida”, “Casamiento de negros”, “Qué he sacado con quererte”, “Rin del angelito”, “La lavandera”, “Run-Run se fue pa’l norte” y “Veintiuno son los dolores”. Además hay dos piezas de cuarteto solo, que son transcripciones de dos de las anticuecas fantásticas que Violeta compuso para guitarra sola y que ella misma grabó.
¿Cómo fue adaptar estas canciones?
Lo que canta Javiera es literal, igual a lo que hacía Violeta; lo que cambia es que, en lugar de estar acompañada por guitarra, estará acompañada por el cuarteto. Obviamente, en las canciones se siente también la mano de los arreglistas Javier Montiel, violista del Cuarteto Latinoamericano, y el chileno Guillermo Rifo. Los arreglos de Javier se apegan más a la armonía literal, más tradicional, aunque tienen un uso inteligente del cuarteto, mientras que Rifo les metió mano con algunas armonías sorprendentes, con giros melódicos un poquito más modernos, que les dan otra óptica.
¿Las canciones son vigentes?
¡Absolutamente! Por un lado, está la poesía. Ahora que me he reencontrado con estas canciones, me sorprende la profundidad emocional de su poesía, a la que siento que no se le ha dado su lugar. Algunas de esas canciones ya son clásicas, como “Gracias a la vida”, que a todo mundo conmueve. En casi todas hay una tristeza, una nostalgia, un dejo de decepción amorosa. Su vida fue bastante trágica, muy intensa en el aspecto amoroso, y esa huella está muy presente en todas las canciones. Es muy raro ver una canción optimista; incluso las cuecas, que son un poco más movidas, normalmente tienen un sabor agridulce, lo que es bastante conmovedor, sobre todo si uno revisa su vida y su trágico fin con su suicidio.
COMO UNA BOCANADA DE AIRE FRESCO
Que el Cuarteto Latinoamericano dedique una grabación a Violeta Parra no debe extrañar a sus seguidores pues, como asegura Arón Bitrán, sus integrantes han hecho “tango, bossa nova, bolero y canción sefaradita. Siempre es una bocanada de aire fresco trabajar con huéspedes
que vienen de otros géneros y nos enseñan mucho de lo que ellos hacen. Trabajar con gente que normalmente busca otros parámetros expresivos es muy emocionante”.
Asegura que disfrutan tocar con músicos a los que admiran, sin importar el género del que provengan. “Siempre hemos pensado que los géneros no son los que dividen lo que hacemos de lo que no hacemos, sino la calidad de la música. Por eso nunca hemos dudado en hacer otras cosas si el género y el músico son buenos. Pienso que la única división es la de música buena y música mala y, en cualquier género, tenemos de ambas categorías. En la música de concierto y la música contemporánea hay mucha música mala, y nosotros no la tocamos. Si la música es buena, el género es irrelevante”.