Arturo Chacón-Cruz necesita que lo pellizquen: encarna en México su papel favorito, el Mario Cavaradossi de Tosca, que cantará en Palacio de Bellas Artes y en el Festival Internacional Cervantino, en Guanajuato, donde además rendirá homenaje en su tierra a uno de sus ídolos, José Alfredo Jiménez.
“Necesito que me pellizquen a ver si no estoy durmiendo y soñando. No podría imaginarme un mejor año, uno más satisfactorio profesionalmente y para mi alma de mexicano, de cantante y de artista; no sólo por homenajear a Juan Gabriel, a José José y ahora a José Alfredo, sino también por cantar en el máximo recinto cultural de México mi obra favorita para cantar: Tosca”, comparte el tenor a MILENIO.
“El genio de la lámpara no me habría podido conceder un deseo más hermoso”, remata el artista, que ante la madurez e integridad que ve en Cavaradossi confiesa: “Quiero ser como él”. Incluso, acepta la pregunta de cuál canción de José Alfredo Jiménez le cantaría a su amada Tosca: “Qué amor tan bonito”.
Con un ensayo abierto al público general, como se ha venido haciendo costumbre en el Palacio de Bellas Artes, que sustituyó las presentaciones exclusivas para la prensa cultural por funciones gratuitas, Chacón-Cruz comparte el escenario con la soprano María Fernanda Castillo, en el rol epónimo, y, como Scarpia, con el barítono Alfredo Daza, otra estrella mexicana que brilla en Europa, para deleite de sus fanáticos que gritaban “Bis, bis, bis” después de la conmovedora aria del pintor “E lucevan le stelle”.
Y Chacón-Cruz recuerda en la conversación que su Cavaradossi, que debutó justo en octubre de 2018 en el Teatro Campoamor de Oviedo, con la Ópera de Oviedo, al lado de la soprano Ekaterina Metlova y el barítono Ángel Ódena, le dio su primer bisado en Estados Unidos por esa misma aria, en marzo de 2023, con la Gran Ópera de Florida, junto a Toni Marie Palmetree y Todd Thomas en los protagónicos.
Generoso siempre con sus colegas, el sonorense internacional destaca el trabajo de Castillo y Laguna.
“Tenemos dos Toscas, dos mexicanas, extraordinarias ambas; unos talentazos, unas voces preciosas. Tanto María Fernanda Castillo como Yunuet Laguna de verdad son grandes actrices, grandes cantantes, humildes, sólo tengo cosas buenas que decir de ellas”, apunta Chacón-Cruz sobre las dos sopranos, que se alternarán las funciones en Bellas Artes; la primera el 4, 8 y 11 de octubre, y la segunda, el 6 y el 13.
Acostumbrado a apagar incendios, como cuando debutó el 17 de noviembre de 2024 en la Metropolitan Opera House de Nueva York con Il trovatore como cover de Michael Fabiano, lo que le valió contrato para hacer ahí en 2025 de nuevo al Manrico y luego a otro personaje verdiano, Alfredo, de La traviata, Chacón-Cruz llega a su Tosca después de calmar los ánimos el fin de semana pasado en la reapertura de la Sala Nezahualcóyotl, tras la cancelación del chelista Mischa Maisky con Filarmónica de la UNAM.
“Mi segundo trabajo es ser bombero en esta vida. Esta me cayó de súper última hora, pero salimos al quite”, bromea el tenor, que recuerda las ovaciones y aplausos en sus presentaciones con la Ofunam al terminar de cantar “O figli miei!… Ah, la paterna mano”, de Macbeth, “Nessun dorma”, Turandot, y de los encores de “Granada”, de Agustín Lara, y “O sole mío”, de Giovanni Capurro y Eduardo di Capua.
Después de la probada con el aria de Calaf, Chacón-Cruz (Ciudad Obregón, 1977) toma ahora el pincel para volcarse a otro título de Puccini, en la producción de Luis Miguel Lombana, para una Tosca con él que tendrá funciones en Bellas Artes 4 y 8 de octubre, y una más, dentro del Cervantino, el sábado 17, en el Teatro Juárez, en Guanajuato, donde dos días antes, el jueves 15, el tenor celebrará el centenario de José Alfredo Jiménez en la explanada de la Alhóndiga de Granaditas, con el Mariachi Gama 1000.
Ya más adelante hará Lucia di Lammermoor, de Donizetti, en Miami. Seguirá con Puccini, con su debut en Manon Lescaut, en Oviedo; otra Tosca en Atenas y su primera La fanciulla del west, en Ginebra.
Luego de regresar en 2025 a Bellas Artes para Rigoletto, con Daza y Leticia de Altamirano, y de su apoteósico homenaje a José José y Juan Gabriel ahí en febrero pasado, afirma que la puesta en escena de Lombana en Tosca hace mucha justicia a la obra, aunque admite que en cuanto a escenografía no es la imagen clásica de la iglesia Sant'Andrea della Valle, pero sí cuenta con sus símbolos, como la virgen.
“Lo más importante en Tosca son las relaciones entre los personajes, así que eso se va a representar muy bien, estoy bastante contento con eso. Lombana es un gran director”, sostiene el tenor sonorense.
En el elenco en Bellas Artes están: Yunuet Lagunes y María Fernanda Castillo (Tosca); Arturo Chacón-Cruz y Carlos Arturo Galván (Cavaradossi); Alfredo Daza y Luis Ledesma (Barón Scarpia); José Luis Reynoso (Cesare Angelotti); Abel Pérez (Sacristán); Mariano Fernández y Carlos Suárez (Sciarrone); Chac Barrera y Álvaro Anzaldo (Spoletta); César Barrera y Aldo Arenas (Carcelero), y Elizabeth Landa (un pastor). En la dirección concertadora está Stefan Lano y, al frente del coro, Rodrigo Cadet.
La escenografía e iluminación quedó a cargo de Jesús Hernández; el vestuario, de Jeridy Bosch; el maquillaje y peinados, de Carla Tinoco, y el diseño de video, de Giselle Hauscarriaga.
—¿Qué representan Tosca y Cavaradossi en su carrera?
Tosca es mi ópera favorita para cantar. Hay una favorita para actuar, que es Los cuentos de Hoffmann, y Tosca, para cantar y también por la manera en que me relaciono y me identifico con Mario Cavaradossi. Por cómo Puccini escribió esta partitura, la siento tan orgánica, tan humana, tan adecuada a mi instrumento, que cada que me llega un contrato para Tosca es una emoción muy especial. No es lo mismo, por ejemplo, cuando me llega uno para La bohème, donde hay partes que si me gustan, pero otras que no. En Tosca no hay un compás que no me guste. Empiezo con eso: cómo lo disfruto.
—¿Cómo empezó su relación con Cavaradossi y Tosca?
Recuerdo muy bien cuando la canté por primera vez, fue en octubre de 2018, en uno de los teatros más queridos que tengo en España, el Campoamor, en Oviedo. Venía un poquito nervioso, tengo muchísimo respeto para la partitura, porque es una de esas obras que sí pide demasiado, pide mucho del instrumento, de la energía y de esa introspección hacia el personaje. Yo no quería confundir la emoción y el coraje de Mario Cavaradossi con tensión que se podría representar en mi instrumento.
—¿Cómo encaró el reto?
Iba con muchísimo respeto, con un poquito de miedo, temor. ¿Qué pasará? ¿Estoy a la altura del papel? Inmediatamente, empezando los ensayos, me encontré con un papel y una escritura muy generosos, que es muy diferente ensayar solo en casa o con pianista a cuando estás haciendo la acción ya en el escenario con los demás artistas. Algo pasa, una magia diferente se lleva a cabo. Y fue muy rápido cuando me di cuenta que Cavaradossi va a ser mi papel. El día antes volé a México por menos de 12 horas cuando me dieron el premio de la revista GQ. Y volé de vuelta a España directo al ensayo pregeneral de Tosca. Y aun así cansado del vuelo, todo salió muy bien, las funciones fueron un exitazo. Y luego la presenté en varios lugares; de hecho, el papel me dio mi primer bis en EU, en Miami, con “E lucevan le stelle”, con la Gran Ópera de Florida. Así que Cavaradossi me da muchas satisfacciones.
—¿Tiene algún significado especial poder hacerla ahora en México?
Para mí es un regalo poderla interpretar. Y ahora, interpretarla en México, en el máximo recinto cultural, que es Bellas Artes, y en el Cervantino, el máximo festival de México, es un honor.
—¿Qué ha ido incorporando al personaje?
La madurez del adulto que soy, del casi cincuentón que soy, ayuda mucho, porque Cavaradossi no es un personaje como Rodolfo, que es un jovencito, inmaduro. Éste es un personaje maduro que sabe lo que hace, y sus sacrificios en la obra son a propósito y a través de la nobleza y de la integridad. Eso se refleja mucho más fácilmente ahora que tengo la experiencia de vida para haberlo vivido y también querer ser un poco más como Cavaradossi yo mismo. Y también hablo de madurez vocal, la voz ha madurado y mi técnica ha madurado; en ese aspecto le doy una lectura más llena y más dramática.
—¿Qué se le complicaba más del personaje? Además de los celos de Tosca, de pensar como pintor, ¿cómo lleva ese trabajo como actor, no sólo como cantante?
Pues es otra de las bellezas de este trabajo con el tiempo. Yo empecé un poquito acartonado en el escenario, un poquito dudoso al actuar, actuaba como podía. Pero los años me han enseñado mucho, he tenido la suerte de trabajar con grandes directores, grandes maestros de actuación, y me siento muy cómodo con la actuación. Ahora los celos de Tosca los disfruto; ahora, respecto a la pintura, también me imagino y siento como si estuviera haciendo una obra de arte en la iglesia Sant'Andrea della Valle en Roma. Y ahora me meto en los zapatos de Cavaradossi muy fácilmente y con mucha ilusión.
—Respecto a las Toscas con las que ha compartido escenario. ¿Qué impone cada Tosca al tenor, a Cavaradossi? ¿Cada una implica cambios para usted?
Sí, absolutamente. La última vez fue con Vanessa Goikoetxea (enero 2026, Teatro Baluarte de Pamplona; con Carlos Álvarez como Scarpia). Ella es una artista increíble, cantante y actriz vasca fuera de serie, muy buena. Y su actuación me regalaba todos los impulsos para reaccionar como Cavaradossi. Es una gran Tosca. Con otras que he tenido, muy tímidas o de menos carisma, me tengo que adaptar.
“Nunca olvidaré lo que el maestro Plácido Domingo y su esposa doña Marta me enseñaron: mi único trabajo es hacer sentir a Tosca la mujer más bella y la más amada del mundo, independientemente de la soprano. Yo estoy cantándole a un personaje, a un alma que Puccini se imaginó. Ahí es donde mi trabajo es hacer sentir a esa persona, a esa cantante también que está interpretando un personaje, hacerla sentirse como la gran diva, como la gran belleza y la gran personalidad. Así que cuando todo falle, tú da más amor, da más corazón a Tosca y todo va a funcionar. Ahí soy un esclavo de Tosca”.
—¿Cómo lidia con un personaje como Scarpia, el malo de los malos de la ópera?
Eso también es fácil, me la ponen muy fácil. Scarpia es odioso, odioso, y a los odiosos sabemos cómo tratarlos. Lo más difícil es cuando es alguien como papá Germont, en La traviata, que es odioso pero también amoroso. ¿Cómo lo tratas? Es mucho más ambiguo. En Tosca es un poquito más en blanco y negro. Y también es un regalo de Puccini, que nos da un hombre íntegro como Cavaradossi y a un hombre completamente malvado como Scarpia. Para mí es una gran oportunidad para demostrar la rabia, esta injusticia y la labor por la justicia y el reto hacia él.
—Y después de tanta rabia, de frustración por no poder cuidar de Tosca, se llega a una aria como “E lucevan le stelle”?
En esta madurez en la que estoy también está el aceptar, la aceptación de las consecuencias, aceptación aun de la injusticia. Se puede tener rabia y melancolía, todo. Y en una ecuanimidad, Mario Cavaradossi llega a este momento de introspección en donde encuentra el adiós a la vida. No puedes decirle adiós a la vida enojado; tienes que darle un adiós a la vida con agradecimiento, recordando lo hermoso que fue tener a Tosca en tus brazos, recordar esa noche, los olores, las sensaciones.
“Es otra oportunidad de madurar. Por eso digo que quiero ser como Mario Cavaradossi. Sí reaccionaría yo ante una injusticia así con mucha más rabia, pero él puede encontrar esa ecuanimidad de cantar casi un poema y darse cuenta que qué lástima morir ahora, cuando más amaba la vida”.
—Para entrarle a José Alfredo y empatarlo al homenaje, esto último que dice es contradictorio con eso de “No vale nada la vida, la vida no vale nada”.
Me encanta cómo podemos hacer este paragón con Tosca y con José Alfredo Jiménez. También hay una cierta ecuanimidad: “No vale nada la vida / Se empieza siempre llorando y así llorando se acaba”. Vamos a cantar y vamos a hacer poesía al respecto.
—Hay un disco llamado “Las 100 clásicas de José Alfredo Jiménez". ¿Quién puede presumir tener 100 clásicas? ¿Cuáles cantará en el Cervantino?
Exacto. Así me la encontré yo, porque tenía que escoger canciones para una hora y 15 minutos; me voy a pasar un poquito. ¿Cómo escoger entre tantas? Escogí las que canté de joven, las que me marcaron como artista, a las que el público reacciona. Tuve que hacer un ejercicio de equilibrio muy duro. ¿Cómo escoger? Es como escoger entre tus hijos, tus perros. Los quieres tanto a todos, no puedes.
“Pero no pueden faltar: 'Si nos dejan', que es una canción que me abrió más puertas de jovencito cuando cantaba en concursos, en fiestas y en eventos en los que me contrataban. 'El Rey' tampoco puede falta, es la carta de presentación de José Alfredo. Y, como yo de adolescente tuve muy mala suerte en los amores, también incluiré 'Me cansé de rogarle', esa fue la que más he cantado, yo creo”.
—En “En el último trago” José Alfredo dice: “Otra vez a brindar con extraños / y a llorar por los mismos dolores”. ¿Qué tan frecuente brinda Arturo Chacón-Cruz con extraños?
Pues, lo más bonito de mi personalidad es que los extraños no serán extraños por mucho tiempo. Hago amigos muy fácilmente y adónde voy. Si empiezan como extraños, terminan siendo amigos. Así que sí, es muy común que brinde con extraños, más ahora que estoy con mi negocio este del tequila (Tenor); he tenido la oportunidad de conocer a mucha gente y brindar con mucha gente.
—Ya que su personaje en Tosca es pintor, ¿qué buscaría destacar en un retrato de Cavaradossi?
De Cavaradossi destacaría su integridad. Esta paz que tiene cuando viene encima Tosca con celos y mantiene su calma, mantiene todo y tiene una buena respuesta. Su equanimidad cuando llega Angelotti, que le pide lo ayude, y lo ayuda a pesar de que Cavaradossi está arriesgando su vida. Esa misma explosión de reto hacia Scarpia. Es una integridad fuera de serie. Y ese retrato de Cavaradossi sería una persona tal vez con una espada y un pincel.
—¿Y como sería el retrato de José Alfredo?
José Alfredo tiene que ser con su guitarra, su tequila y una sonrisa, pero también con esa lagrimita en el ojo.
—¿Qué canción de él le cantaría a Floria Tosca?
Ja, ja, ja. ¿Qué sería? Yo creo “Qué bonito amor”. Sí, “Qué bonito amor”. Porque, en serio, el amor de Tosca de veras le llena. Se nota que Mario Cavaradossi es una persona madura y no está casado con Tosca. Se nota que esperó, que nadie le llenó, hasta que conoce a Tosca. Por ahí va. Se enamoró de verdad, encontró la persona perfecta.
—¿Con todo y celos?
Sí, pero esos celos no llegan a mucho. Cavaradossi sabe desarmar esa bomba.
PCL