Hay libros que, además de contar una historia, la prolongan, la honran y la convierten en un acto de generosidad. ¡Gambare! El espíritu japonés que inspiró una vida y un legado: Carlos Kasuga Osaka es uno de ellos; una obra que reúne memoria, inspiración y compromiso social en un mismo gesto editorial.
El libro se presenta como una celebración de los valores que han marcado la vida del empresario y filántropo, Kasuga Osaka, y como una invitación a mirar la educación como una forma de transformar realidades, dice la directora editorial Karla Taira.
Este es un libro con causa; la totalidad de los recursos recaudados por su venta será destinada a la Fundación Kasuga, con el propósito de continuar impulsando proyectos de innovación educativa. Así, cada ejemplar adquirido se convierte en una contribución directa a una visión de futuro que apuesta por el conocimiento, la formación y las oportunidades para las nuevas generaciones.
“La idea de reunir la historia de don Carlos Kasuga Osaka en un libro surgió porque en un momento como el que vivimos, nos hace mucha falta volver la mirada a ejemplos como el suyo. Su vida nos recuerda que los valores no son solamente palabras, sino una forma de vivir, de trabajar, de educar y de relacionarnos con los demás; y que una persona sí puede hacer una diferencia desde el lugar en el que está”, explica la también autora del libro.
Al compartir la propuesta con sus hijos, dice, coincidieron en el deseo de preservar y compartir el legado de su padre, el fundador de la división mexicana de Yakult, e Industrias Kay.
Desde ese primer momento “el libro fue concebido también como un regalo de ellos a don Carlos: una manera de reconocerlo en vida, agradecerle por su ejemplo y reunir, con mucho cariño, la historia del hombre que ellos han conocido como padre”.
El ejemplar fue pensado para inspirar a nuevas generaciones: “Me gusta imaginar que al cerrar el libro cada lector se encuentre con algo que sienta suyo —explica—. Sus más de 600 imágenes permiten recorrer visualmente distintas etapas de su vida y, a través de 21 códigos QR, el lector puede acceder a 31 videos, escuchar otras voces y acercarse de una manera más viva a sus recuerdos y experiencias. Además, cada capítulo incluye espacios que invitan a hacer una pausa y pensar cómo lo leído puede resonar en la propia vida”.
¿Qué encontró al investigar su trayectoria?
Cada entrevista fue un descubrimiento. Aunque conozco desde hace años a don Carlos y a su familia, me sorprendió darme cuenta de cuántos aspectos de su vida desconocía y de lo que había detrás de historias que hemos escuchado en sus conferencias.
“En cada conversación aparecía una faceta distinta: el hijo de migrantes japoneses, el joven inquieto y soñador, el esposo, el padre, el amigo, el empresario, el hombre profundamente comprometido con la educación y el líder que ha dedicado una parte importante de su vida a fortalecer a la comunidad japonesa y los vínculos entre Japón y México.
“La parte que más me conmovió fue escuchar cómo se referían a él las personas que entrevistamos. El libro reúne esas voces, fotografías inéditas, recuerdos familiares, logros, dudas, desafíos y aprendizajes para mostrar una dimensión mucho más cercana y humana de don Carlos”.
¿Por qué Carlos Kasuga sigue siendo un referente vigente?
Porque habla de valores universales que no dependen de una época, de una profesión o de una cultura. La honestidad, la disciplina, la gratitud, el respeto, el trabajo bien hecho y el interés por los demás siguen siendo fundamentales para construir una buena vida, una familia sólida, una empresa sana y una mejor sociedad.
“En una época en la que muchas veces medimos el éxito únicamente por lo que tenemos, don Carlos nos recuerda que el verdadero éxito también está en vivir con congruencia, tener propósito, construir relaciones valiosas, sentirse orgulloso de lo que uno hace y dejar algo bueno en los demás”.
¿Cuál diría que es la clave de su legado?
Diría que la perseverancia y la gratitud. Don Carlos ha enfrentado retos, momentos difíciles y decisiones importantes a lo largo de su vida, pero siempre ha sabido seguir adelante, aprender y volver a intentarlo.
“La gratitud también atraviesa toda su historia. Hay una palabra japonesa que da título al libro y que ha estado presente a lo largo de su vida. Preferimos que sea el propio lector quien descubra, al recorrer su historia, todo lo que esa palabra representa para don Carlos”.
¿Qué papel tuvo la educación en su visión empresarial?
La educación está en el centro de toda su filosofía. Para don Carlos, antes de tener empresas de calidad necesitamos formar personas de calidad. Por eso entendía la empresa no sólo como un lugar de trabajo, sino también como una escuela, y al líder como alguien que tiene la responsabilidad de formar con sus palabras, pero sobre todo con su ejemplo.
“En Industrias Kay acostumbraba a compartir por las mañanas pequeñas charlas con sus colaboradores. Buscaba conocer a las personas más allá de su puesto. Acudió a las casas de sus colaboradores y a convivir con sus familias, porque quería comprender su realidad y crear una relación más cercana. De ahí surge también una idea muy importante en su manera de dirigir: el sueldo moral.
“Él sostiene que no basta con ofrecer una remuneración económica, las personas también necesitan sentirse respetadas, reconocidas, escuchadas, tomadas en cuenta y orgullosas de pertenecer a una organización.
“Esa misma preocupación se refleja en su participación en la creación del Liceo Mexicano Japonés y, posteriormente, en la Fundación Kasuga, que impulsa proyectos de innovación educativa”.
¿Qué episodio resume mejor su manera de dirigir?
Hay muchos episodios que me sorprendieron y varios prefiero que el lector los descubra en el libro, pero uno especialmente simbólico fue la fabricación de los enormes aros inflables que aparecieron durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de México 1968.
“Era un proyecto de gran complejidad y visibilidad, que exigía innovación, precisión y la capacidad de resolver algo que no se había hecho antes de esa manera”.
¿Cómo influyó su origen japonés en su filosofía de vida?
Influyó profundamente porque sus raíces japonesas estuvieron presentes desde su formación más temprana. Don Carlos creció en un hogar en el que las enseñanzas se transmitían no sólo con palabras, sino con el ejemplo cotidiano de sus padres: la disciplina, la puntualidad, la limpieza, la honestidad, la gratitud, el respeto, el honor y la importancia de pensar en el bienestar de los demás.
“También lo marcaron los cuentos tradicionales japoneses que escuchaba de su madre, las enseñanzas de sus maestros y las experiencias que vivió durante su primer viaje a Japón”.
¿Qué representan los principios de “bien ser, bien hacer, bien estar y bien tener”?
Para don Carlos, estos cuatro principios son una guía para vivir y siguen un orden muy importante: primero ser, después hacer, luego estar y, como consecuencia, tener.
“El bien ser significa comenzar por uno mismo: ser honesto, puntual, respetuoso y disciplinado. El bien hacer es procurar que todo lo que hagamos, por sencillo que parezca, esté bien hecho desde el principio. El bien estar llega cuando nuestro crecimiento no se queda solamente en nosotros, sino que también ayuda a crecer a quienes nos rodean. Y el bien tener es la consecuencia de haber construido primero todo lo anterior”.
¿Qué diferencia a Kasuga de otros líderes empresariales?
Que nunca separó los resultados de las personas. Para él, una empresa no puede considerarse verdaderamente exitosa si crece económicamente, pero no ayuda a crecer a quienes forman parte de ella.
“Otra diferencia importante es que no concibió el liderazgo como una posición de poder, sino como una responsabilidad y una oportunidad de servir. Su visión empresarial siempre estuvo vinculada con la educación, la familia, la comunidad japonesa y su deseo de aportar algo positivo a México”.
La presentación del libro será este domingo 9 de agosto a las 11 horas en el salón principal de la Asociación México Japonesa, ubicada en la calle de Fujiyama 144 en la colonia Águilas, en la alcaldía Álvaro Obregón.
hc