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Miércoles , 24.04.2019 / 21:26 Hoy

Braulio Peralta: “Paz vivió el culto a la personalidad”

La reedición de 'Los rostros de Octavio Paz', un abanico de entrevistas bajo el sello El Tapiz del Unicornio, abre la puerta para charlar con su autor  

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Apasionado de la crítica política y la vida cultural, del diálogo con los libros y sus autores, Braulio Peralta reunió ensayos y entrevistas en torno a una de sus obsesiones ético–poéticas: el pensamiento del Premio Nobel mexicano, bajo el título de Los rostros de Octavio Paz, publicado por la editorial El Tapiz del Unicornio. Se trata de entrevistas que Peralta realizó a Teresa del Conde, Roger Bartra, Tedi López Mills, Darío Jaramillo Agudelo y Carlos Monsiváis, entre otros, quienes ofrecieron perspectivas sobre el poeta más influyente en la segunda mitad del siglo XX en México.

Ya habías publicado otro libro sobre Octavio Paz.

El poeta en su tierra, de 1998, producto de mi trabajo como reportero cultural. Son 20 entrevistas que le hice a Paz desde 1979, a propósito de poemarios y ensayos como La llama doble y Tiempo nublado, así como de mi interés periodístico por un hombre culto al que le importaba debatir los problemas torales de México y los problemas en el campo cultural.

¿Qué otro acercamiento tuviste con Paz, en términos intelectuales y personales?

No tuve amistad con él, pero sí complicidad profesional. La confianza que me tuvo al final de su vida, cuando me decía “Apague su grabadora que le voy a contar algo, pero no lo puede publicar”, eso siempre le agradecí. Esto decía cuando me hablaba de temas que le importaban mucho, como su relación con Elena Garro, sus diferencias con poetas y escritores de México, que él matizaba porque no le gustaba aparecer como el “ogro” que muchas personas pensaban que era, porque en realidad fue un hombre con temperamento pero no un colérico incivilizado.

¿Por qué muchos tienen a Octavio Paz en ese concepto de ogro furioso e intole rante?

Lo que pasa es que en México el debate de ideas no se nos da. Lo que se nos da es la adhesión inmediata, amamos a Jaime Sabines y le perdonamos su priismo, pero con Paz no sucede lo mismo. Quién sabe por qué se lo perdonamos a Sabines, pero no le perdonamos a Octavio Paz sus errores políticos y humanos.

¿Tendrá que ver con ese “ser políticamente correcto”?

O porque tuvimos una guerra cristera donde nos enfrentamos mexicanos contra mexicanos y luego una revolución muy atípica, donde unos eran carrancistas, otros villistas, otros zapatistas, y el día de hoy unos son de Morena, otros del PRI, otros del PAN y no alcanzamos a entender que justamente eso es la democracia y la diversidad, y que probablemente deberíamos aprender a discutir con el otro sin pleito, pero sí con ánimo civil, como dice Héctor Aguilar Camín en una de las entrevistas que están en este libro. Creo que por eso Paz representa este punto de conflicto en el mundo cultural, como también lo representaron en su momento Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes y Alfonso Reyes, con sus dinámicas a favor de la discusión.

¿Por qué leer a Paz en el siglo XXI, ahora que recuperaste viejos ensayos y entrevistas sobre él?

En México leemos al poeta y probablemente dejamos de discutirlo, pero esto no sólo pasa con Paz, pasa con Reyes, con Rulfo y con Monsiváis. No nos detenemos, la vida va muy a prisa. Entonces el mundo intelectual también queda atrás, y siento que no hay tantos intelectuales en México. Ahora tenemos enorme ausencia de pensamiento crítico, de confrontación de ideas, de reflexiones para el debate público. Yo soy de los periodistas de la vieja guardia que piensan que hay que seguir discutiendo el pasado. Me encanta el tiempo actual, pero creo que es necesario regresar para ver con otros ojos a El ogro filantrópico, Corriente alterna, Pasado en claro, Águila o sol, El laberinto de la soledad, pero también hay que regresar a Pedro Páramo, a la Visión de Anáhuac y a López Velarde, porque ahí está la raíz de nuestra historia y nuestra cultura, y ahí está la simiente de un pensamiento, de ideas, por ello reuní estos ensayos.

Existió un Paz polemista, recordamos sus discusiones, desde la que tuvo con Castro Leal hasta la de Aguilar Camín, ¿qué piensas de esta faceta del poeta?

Yo creo que Paz siempre quería tener la razón. Pero no quiere decir que algunas veces sí la tuviera y otras veces no, por ejemplo, se equivocó al renunciar al Coloquio de invierno, reunión de intelectuales convocados por la revista Nexos, rival en ese entonces de Vuelta.

¿Se practicaba más la polémica en el pasado?

Claro. Acuérdate del grupo Hiperión, que tuvo grandes conflictos; acuérdate de los liberales del siglo XIX, que también tuvieron enormes diferencias intelectuales en tiempos de Benito Juárez. Esa tradición del siglo XIX es muy importante, que es de donde viene Carlos Monsiváis, y por eso nos explicamos los debates de Monsiváis con Octavio Paz. De ahí vienen las confrontaciones, porque ambos conocían bien esta tradición del siglo XIX y fueron hombres del XX, y me atrevo a decir que ambos son hombres del XXI, en especial Monsiváis, porque aún sentimos su ausencia en términos ideológicos y de pensamiento.

¿Pero, entonces, cómo se da hoy la polémica cultural?

Sí hay polémica, pero con una especie de civilidad encubierta, en donde no queremos pelearnos los unos con los otros. Hay guerras fratricidas en la política, violencia por el narcotráfico, problemas con la economía y con un presidente bastante devaluado; hay tal dispersión que ha provocado que la poesía y el pensamiento crítico se vean disminuidos ante la realidad. Creo que estamos rebasados, no nos queremos pelear. Deberíamos encontrar puntos de unión en vez de fragmentar, buscar la manera de armar el rompecabezas de lo que es México, porque los enemigos están afuera, no adentro, siempre han estado afuera desde los tiempos de Iturbide. El enemigo no somos los mexicanos y hemos malentendido este conflicto diciendo que tenemos la moral caída, cuando deberíamos debatir de manera sana y animosa. Creo en la crítica y lamento su ausencia, eso es algo que Paz alimentaba.

¿Cómo entiendes los saltos de Paz, del socialismo al surrealismo, de la renuncia al estalinismo y su crítica a la izquierda?

Su pensamiento sobre la noción de izquierda es el fracaso de la realidad de la Unión Soviética, por eso Paz se frustró y tuvo un requiebre ideológico en relación con lo que pensaba que eso era la Rusia zarista, el imperio, porque Estados Unidos era una hegemonía, eso lo explica en Tiempo nublado. Pero Paz nunca renegó de la izquierda, pues él dice “me siento un interlocutor de la izquierda”. Todo lo que escribe lo hace para pensar con la izquierda. No es ideólogo del PAN, no es ideólogo del PRI, aunque tiene matices de nacionalismo que podrían estar dentro del priismo, pero sin duda no lo es. Es un hombre de izquierda. Es difícil ubicarse en los años 60, pero con los movimientos feministas, hippies y el movimiento del 68, en ese momento Paz ya no estaba con Cuba, ya estaba en la socialdemocracia. Y hoy en el siglo XXI pensamos que la socialdemocracia es una posibilidad. Era un adelantado.

En tu libro publicas un texto de Jorge Aguilar Mora, cuyo libro La divina pareja, describes como de “leyenda negra”, ¿por qué?

Creo que Jorge Aguilar Mora es uno de los grandes intelectuales mexicanos. Publica este libro, le hacen guerra algunos grupos literarios, y Aguilar Mora, en sus textos y en la entrevista que me da, aclara su admiración por Paz y sus diferencias, pero además rompe la leyenda de que lo habían corrido de México y que no le publicaban, de que Paz estaba en su contra. Jorge me dice que eso no era cierto. Los intelectuales no son bandoleros, no son asesinos, son belicosamente escritores. Un verdadero escritor, con ideas y el poder de su palabra, logra cosas extraordinarias e incluso obtiene poder ante los lectores, porque la gente no es tonta. Por eso Octavio Paz tenía poder, no por haber sido un grillo, sino por su capacidad creativa.

¿En que se equivocó Octavio Paz?

A Paz aún no se le disculpa. Todavía escucho sandeces como que el Nobel de Literatura se lo dio Televisa. Eso es de una ridiculez. Como si la Academia Sueca esperara que Carlos Salinas les diera línea. No era tan poderoso. Pero en lo personal, Paz se equivocó con aquellas cosas que amaba y de las que no se ocupó porque dejó de amar, como fue el caso de Francisco Toledo, de quien no escribió porque Toledo representó una diferencia en su vida privada con una mujer; se equivocó con Elena Garro porque fue su mujer y Garro convirtió a Paz en una obsesión en su vida pero fue una gran novelista, una gran cuentista, una gran dramaturga que hoy está teniendo un peso en la literatura mexicana. También fue un error de Paz el no ocuparse de Juan Rulfo, aunque Paz tuvo enormes aciertos apoyando a los jóvenes poetas, como lo dicen en mi libro Víctor Manuel Mendiola, Pura López Colomé y Tedi López Mills.

¿Crees que sigamos teniendo este gusto mesiánico de necesitar al patriarca cultural?

El culto a la personalidad hace rato que dejó de permear en México y en el mundo. Ya dejamos a los poetas y a los escritores y a los artistas del espectáculo en paz, ya no andamos atrás de ellos. Ha cambiado eso. Ahora llega alguien “famoso” a algún lugar y nadie lo “pela”. Eso es sano. Octavio Paz vivió el culto a la personalidad.

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