Cultura

“El arte está funcionando como un acto de resistencia colectiva en la Bienal de Venecia”: Guadalupe García, curadora mexicana

La curadora mexicana se encuentra en el evento y comparte su visión al respecto con MILENIO; dice que el arte contemporáneo atraviesa una transformación política, espiritual y sensorial.

Guadalupe García Miranda, curadora mexicana y directora de The Ant Project, comparte su lectura de Bienal de Venecia 2026, que inició apenas este 9 de mayo y perdura hasta noviembre bajo título In Minor Keys, proyecto concebido por Koyo Kouoh (1967-2025).

El evento ha presentado algunos momentos tensos como la renuncia del jurado y temas de relevancia como el regreso a la materia y la resistencia del cuerpo.

Con una trayectoria que incluye su trabajo en el Museo del Palacio de Bellas Artes, el Museo Nacional de Arte y el Lowe Art Museum de la Universidad de Miami, García analiza cómo el arte contemporáneo atraviesa una transformación política, espiritual y sensorial.

Guadalupe García, curadora mexicana y directora de The Ant Project.
Guadalupe García, curadora mexicana y directora de The Ant Project.

¿Cómo se vivió el ambiente de tensión por los pabellones de Israel y Rusia, y la inédita renuncia del jurado?

La parte institucional intentó que no pasara nada, pero fue imposible. La renuncia en pleno del jurado es un acto de valentía sin precedentes; no habrá premios y ese es un mensaje político demoledor. Además, vimos una agenda real de los trabajadores italianos y artistas que cerraron 27 pabellones en los Giardini. Fui testigo de manifestaciones masivas a favor de Palestina en el Arsenal. El arte está funcionando, por fin, como un acto de resistencia colectiva.

¿Crees que un pabellón nacional todavía puede escapar de la diplomacia cultural y mantener independencia?

Sí. Koyo Kouoh marcó una pauta: descentralizar y mirar lo pequeño. Muchos pabellones nacionales se inspiraron en esa reconstrucción humana frente a las catástrofes climáticas y bélicas, buscando una pausa necesaria frente al ruido externo.

¿Qué sucede con el pabellón de Estados Unidos? Tuvo críticas fuertes.

Es una incongruencia total. El pabellón me pareció vacío, con una estética de tienda de Palm Beach. Es verdaderamente preocupante que utilicen materiales mexicanos —mármol de Oaxaca, ónix— y evoquen a la Virgen de Guadalupe mientras sus políticas migratorias criminalizan y deportan a los mexicanos que son la base de su economía.

En contraste, ¿qué refleja el pabellón de México?

Es una belleza. El dúo Rojo Negro (María y Noé) dialoga perfectamente con el espíritu de la Bienal. A través del cuerpo y el performance, exploran cómo las memorias ancestrales siguen vivas. Es una propuesta de lentitud y sanación. Lo impactante fue el contraste: mientras dentro hacíamos un tour de IKT(International Association of Curators of Contemporary Art) sobre la memoria, afuera un helicóptero sobrevolaba constantemente. Es el cuerpo resistiendo bajo vigilancia.
México está representado en la Bienal por el dúo Rojo Negro (María y Noé).
México está representado en la Bienal por el dúo Rojo Negro (María y Noé).

¿Qué otros pabellones destacarías por su solidez o riesgo?

Austria es radical; esa mujer actuando como el badajo de una campana es un grito de emergencia climática. España, con las 50 mil postales de Oriol Vilanova, es una documentación conmovedora de lo que puede desaparecer. También Ucrania, con el venado de origami suspendido por una grúa, simboliza la fragilidad de los acuerdos de paz. Argentina, por su parte, apuesta por lo elemental: sal y carbón.

Mencionas un “regreso a la materia”, ¿cómo se manifiesta esto frente a la tecnología?

Hay una reivindicación de lo físico. Muchos pabellones usaron la sal como elemento purificador. Curiosamente, en el pabellón de China vimos una tecnología “humanizada”: un robot que aprendió caligrafía con trazos suaves, no rígidos. Pero fuera de eso, hay un agotamiento del videoarte. La gente ya no se detiene a ver pantallas; las propuestas virtuales están restando experiencia en lugar de sumar.

Muchas obras este año parecen insistir en el cuerpo, el silencio y la experiencia sensorial como formas de resistencia. ¿Cómo interpretas esa tendencia dentro de esta Bienal?

Es muy evidente. Justamente acabo de ver la exposición de Marina Abramović en la Academia de Bellas Artes, que además marca un momento histórico porque es la primera mujer viva en exponer allí. Y su propuesta está totalmente alineada con el espíritu de esta Bienal.
“Más que una exposición para mirar, es una experiencia para sentir. Todo gira alrededor del silencio, la sanación y la energía del cuerpo. Hay cuarzos, piedras, espacios para acostarse o permanecer quieto; incluso te entregan audífonos no para escuchar algo, sino para bloquear el ruido y obligarte a entrar en un estado de pausa total. Te piden apagar el teléfono, desconectarte de todas las distracciones y simplemente estar contigo mismo.
“Eso me parece profundamente político. Recuperar el silencio y detenerse implica dejar de reaccionar automáticamente a todos los estímulos. Es una manera de recuperar soberanía sobre el cuerpo y la mente. Hace dos años la conversación no estaba ahí; ahora el enfoque es clarísimo: muchos artistas están volteando hacia la sanación, la respiración y la autoconexión”.

¿Se habló del financiamiento o de quiénes están detrás del capital de esta edición?

Es un tema opaco. No hubo marcas visibles dentro de los pabellones ni alusiones directas a patrocinadores que sugirieran una manipulación de la narrativa. Pareciera que, al menos en la superficie, se mantuvo una independencia de los grandes capitales financieros.

Desde América Latina, ¿estamos ocupando un lugar central o seguimos siendo periféricos?

En el Arsenale hay una frescura increíble. Sin embargo, en la exposición central la presencia mexicana fue casi nula, salvo por Guadalupe Rosales. Esto me hace preguntarme si México es ahora visto como establishment, dejando el espacio de los tonos menores a Centroamérica y el Caribe, que tuvieron una participación notable.

Después de recorrer la Bienal, ¿qué temas crees que dominarán las conversaciones del arte contemporáneo en los próximos años?

Veo un regreso muy fuerte hacia el cuerpo, la materia y las experiencias de conexión humana. Hay una sensación compartida de agotamiento frente a la velocidad digital, el exceso de estímulos y la lógica de reacción constante. Muchos artistas están proponiendo espacios de pausa, escucha y reconstrucción emocional.
También percibo una idea recurrente de transición hacia una nueva humanidad. Lo vi claramente en el pabellón de Italia, donde las obras hablan de recrear colectivamente nuevas formas de convivencia y de identidad. Ya no se trata únicamente de denunciar crisis políticas o climáticas, sino de imaginar cómo volvemos a relacionarnos entre nosotros después de todo este nivel de fractura global.
“La conversación ya no está solamente en la crítica; ahora también está en cómo reconstruimos sensibilidad, comunidad y presencia”.

"Fui testigo de manifestaciones masivas a favor de Palestina en el Arsenal", dice la curadora. | Especial
"Fui testigo de manifestaciones masivas a favor de Palestina en el Arsenal", dice la curadora. | Especial

Como directora de The Ant Project, ¿qué validación encuentras en esta Bienal?

Me llena de alegría. Desde 2017 trabajo temas de horizontalidad, silencio y experiencia corporal. Ver que hoy la Bienal premia la pausa y que proyectos como el de Egipto —con sonidos del corazón y espacios oscuros— validan ideas que yo propuse hace años para la Feria Material, me confirma que el camino de la autoconexión es el correcto.
Hace unos años, por ejemplo, en The Ant Project realizamos una pieza sonora con la respiración de 21 colaboradores en distintos países. Cada persona meditó y respiró durante dos minutos desde su propio espacio; después entretejimos todas esas respiraciones en una sola obra colectiva. El resultado parecía por momentos olas del mar. Es una pieza muy potente porque genera una conciencia física inmediata.
“Incluso propuse para Material un booth completamente negro donde la gente pudiera sentarse simplemente a respirar y escuchar esa obra sonora, aislándose un momento del ruido de la feria. El proyecto no fue seleccionado, pero después entré al pabellón de Egipto aquí en Venecia y pensé: ‘Están trabajando exactamente hacia la misma dirección’.
“Eso me confirma algo muy importante: aunque ciertos proyectos no sucedan inmediatamente, el mundo sí está necesitando estos espacios de silencio, cuerpo y reconexión. Finalmente estamos entendiendo que necesitamos estructuras menos jerárquicas y experiencias más humanas.

¿Con qué sensación final te quedas?

Creo que hay mucha tensión. El ambiente está chispeante y eso se siente en todas partes. Durante un tour privado de IKT en el pabellón de México, mientras María y Noé nos daban la visita, teníamos un helicóptero sobrevolándonos constantemente. No se fue en todo el día.
Era imposible ignorar esa sensación de vigilancia. Además, los pabellones de Israel y Rusia estaban completamente rodeados de policías. Ahí entiendes que el arte realmente está teniendo una agenda política fuerte y que existe una preocupación real sobre la capacidad de la comunidad artística para generar presión global.
“Pero, al mismo tiempo me fui con esperanza. A pesar de toda esta tensión, siento que muchos artistas y curadores estamos regresando a algo esencial: la humanidad compartida, los tonos menores, la respiración y el espacio personal del cuerpo.
“Y si no hay esperanza, ¿qué nos queda? Yo sí creo que tenemos la capacidad de rehacernos como humanidad. Esa posibilidad de transformación fue, para mí, la sensación más fuerte de esta Bienal”.

Guadalupe García Miranda

Formada también en Sotheby’s Institute of Art en Nueva York y fundadora de la organización independiente The Ant Project, García ha desarrollado una práctica curatorial centrada en la horizontalidad, el diálogo interdisciplinario y la experiencia corporal. Desde 2017, su plataforma ha impulsado residencias, talleres y exposiciones entre México, Miami y Tokio, consolidando una plataforma enfocada en nuevas formas de colaboración y comunidad artística.

hc

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Gabriela Gorab
  • Gabriela Gorab
  • Curadora, gestora y columnista de arte y cultura. Licenciada en Artes (Bond U.); estudios en MIT, MoMA, Harvard. Cofundadora de Artists’ Container y Socia de El Lion que Ruge Films. Experiencia en Australia, NZ, Inglaterra, Indonesia y EU.
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