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Sábado , 23.03.2019 / 09:17 Hoy

Ballet, amor y decadencia

Danza


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El mes de junio la Compañía Nacional de Danza presentó la reposición del ballet Manon del coreógrafo Keneth MacMillan sobre una partitura de Jules Massenet.

Esta reposición de un ballet contemporáneo que se estrenó en 1974 es, sin duda, uno de los grandes aciertos que para la programación y repertorio realiza la compañía. Para la reposición en México de esta pieza que forma parte del repertorio del Royal Ballet, los coreógrafos Karl Burnet y Patricia Ruanne se encargaron de cada uno de los detalles de la coreografía y de la dirección de escena.

El acierto radica en la posibilidad de abrir el panorama de la compañía a nuevas formas de plantearse la danza clásica, más acorde con temas y problemas de corte realista y contemporáneo, con una perspectiva que trabaje de forma más profunda. Se propone presentar personajes más completos e integrales desde un planteamiento más íntimo y psicológico, pues ya no se acude a una estructura maniquea en el enfoque de los actores que intervienen en las obras, sino que nos encontramos con personalidades que matizan sus cualidades humanas con la contraparte siempre presente en las personas de la vida real. Nadie es bueno o malo en su totalidad. Romper los arquetipos es una de las grandes aportaciones que piezas coreográficas como Manon aportan a la danza clásica para enriquecer y refrescar su naturaleza comunicativa, para no dejar al ballet como una pieza antigua que no nos vincula con ninguna realidad ni nos conecta con su discurso.

Presentar una historia de amor y decadencia cuya protagonista es una mujer con voluntad propia en un entorno sórdido y realista llama la atención: nos lleva a reflexionar en torno a una multiplicidad de temas más allá de princesas, hadas e historias de amor en las que las protagonistas se presentan como mujeres exageradamente virtuosas, o como pérfidas merecedoras de cualquier tragedia que les asigne la narrativa patriarcal como castigo. Manon no escapa de esos enfoques morales patriarcales, pero propone ángulos para problematizar las múltiples condiciones desde las que se desenvuelven los personajes.

Reconocer que las relaciones sexoafectivas, como todos los aspectos de la existencia humana, no escapan de su contexto, es un gran paso en el reto comunicativo que enfrenta la danza clásica.

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