Apenas se menciona México, el músico cubano Arturo Sandoval (1949) recuerda a Rafael Méndez, considerado uno de los mejores trompetistas del siglo XX.
“Es uno de nuestros ídolos, no solamente mío, sino de todos los trompetistas del mundo –dice en entrevista–. La influencia de este músico mexicano es importantísima para todos los que aman el instrumento”.
Lo mismo se podría decir de Sandoval, integrante de grupos fundamentales de la música en su tierra natal, como la Orquesta Cubana de Música Moderna, Irakere y Las Estrellas de Areito. El trompetista salió de Cuba en 1990 para solicitar asilo político en Estados Unidos y desde entonces ha tenido una destacada trayectoria no sólo en el jazz, sino también en la música de concierto y otros géneros.
Al hablar sobre Cuba dice que “es un país precioso, con gente maravillosa y talentosa, pero con un gobierno totalmente absurdo y criminal. Llevamos 67 años y medio de una dictadura férrea, oprobiosa que ha matado el espíritu de la gente, ha acabado con el país. No hay electricidad, no hay comida, no hay transporte, no hay esperanza. No hay nada. La frustración de la gente es terrible, lo que nos duele mucho a todos porque es una isla preciosa. Es un crimen cuando uno piensa en la Cuba de los 50 y ve al país como está ahora, es algo muy difícil de entender y aceptar”.
Como en el caso de su amigo Paquito D’Rivera, quien afirmó que “pueden sacar a un cubano de Cuba, pero no a Cuba del corazón de un cubano”, Sandoval mantiene encendida la flama de su nacionalidad. Así lo demuestra su disco más reciente, Sangú (TM Records, 2026), que presentará en el Lunario del Auditorio Nacional los días 23 y 24 de octubre.
En una producción donde vuelve a mostrar sus habilidades para incorporar diversos géneros. Conviven 12 piezas inspiradas en los ritmos de los tambores batá, las congas y el güiro, así como el son montuno, las armonías de jazz y algunos aires de funk. Si bien en el proceso de composición siempre piensa en la música en general, asegura que “nunca se puede obviar la influencia de la música cubana”.
Un trabajo impresionante
Sandoval refiere que la génesis de Sangú está en una serie de piezas escritas durante la pandemia.
“El encierro fue muy difícil para mí –explica–. El remedio fue ponerme a componer nuevas cosas. Todos los días, durante casi dos años y medio, escribía dos o tres canciones nuevas. Estamos hablando de cientos de canciones, todas disponibles gratuitamente en mis páginas de Facebook e Instagram. Mi hijo Arturo Tury Sandoval III y su esposa, Melody Lisman, que también es mi representante desde hace muchos años, vinieron a casa y me plantearon que querían producir un disco. Ellos no son músicos y al principio todos estábamos escépticos, pero después nos dimos cuenta de que tenían una idea muy clara y definida de lo que querían hacer".
“Escogieron 100 canciones, las montaron en mi computadora y me dijeron: ‘Ahora necesitamos que escojas 12’. Así lo hice. Por las observaciones que me hicieron y la manera en la que trabajaron parecía que hubieran producido 100 discos, fue impresionante”.
El trompetista es un músico agradecido, sobre todo con el trompetista estadunidense Dizzy Gillespie, impulsor decidido de su carrera internacional. De ahí que en la pieza “Scat”, en la que canta, en ciertos pasajes parece emular la voz de su maestro.
“Dizzy siempre está presente en todo lo que hago –dice con evidente cariño–. Este hombre significa mucho para mí, le debo todo. Fue mi ídolo durante muchos años y después fue como mi padrino espiritual, siempre lo consideré como un segundo padre. Fue muy bueno conmigo y en todo lo que hago siempre está presente, en todo”.
Orgulloso, Arturo Sandoval comenta que su disco número 49 ha tenido muy buena acogida.
“Durante cinco semanas estuvo en el número 1 de todas las emisoras de jazz de Estados Unidos. Desafortunadamente, no lo nominaron al Grammy Latino, lo que fue una sorpresa porque realmente pensábamos que tenía muchas posibilidades, pero no fue así. Pero, bueno, es la historia de esos premios: uno nunca sabe qué disco va ser nominado y cuál no”.
Estudiar música clásica le permitió a Sandoval acercarse a los grandes compositores, quienes, asegura, “influyeron en todos los estilos musicales. Yo oigo toda la buena música, toda. Duke Ellington dijo muchas veces: ‘La música es solo una: la buena’. ¿Y la mala? No quiero ni pensar en eso. Hay mucha por ahí, pero hay que concentrarse en la buena y recibir las buenas influencias de toda la gente que ha escrito, tocado y grabado en todos los estilos. Hay que estar ávido de aprender. Uno nunca sabe cuándo, de quién o cómo, pero siempre hay cosas qué aprender con esa mentalidad del eterno estudiante”.
MGR