Gerardo Cantú. Un mismo amor. Vivencias y videncias, es la muestra pictórica que se presenta en el Museo Arocena en colaboración con el Museo Mural Diego Rivera y con la curaduría de Magaly Hernández López.
Su obra comprende desde tópicos muy habituales en la pintura como son el retrato o el bodegón, hasta relatos.
Desde sus inicios, Cantú buscó mediante formas precisas, un sentido profundo en su obra.[OBJECT]
Cuando se formó en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado "La Esmeralda" tuvo la oportunidad de tener a maestros de la talla de Pablo O´Higgins, Ignacio Aguirre y Carlos Orozco Romero.
A los 19 años conoció a Diego Rivera, con quien compartió una tarde en compañía del General Lázaro Cárdenas en su estudio de Altavista.
El autor relata que, "cuando me hice pintor, siempre pensé en ser muralista, de alguna manera siguiendo los pasos de mis maestros, especialmente a Diego Rivera".
Cantú siempre inquieto, logró trasladarse de una técnica a otra con una soltura sin igual, en sus litografías, aguafuertes y experimentaciones con la acrilografía, ésta última realizada a partir del juego comenzando en el estudio del artista, junto con sus amigos Guillermo Ceniceros y Esther González en 1970.
La exposición que se presenta en el Museo Arocena, es a manera de homenaje a la gran trayectoria de este artista sobresaliente, nacido en Nueva Rosita, Coahuila y quien es uno de los más importantes exponentes del nuevo humanismo en el arte, que desde mediados del siglo XX se perfiló como una continuación heterodoxa de la Escuela Mexicana de Pintura, comprometida con la representación de la figura humana.
crc