• Regístrate
Estás leyendo: Ámalos, mátalos
Comparte esta noticia
Jueves , 21.02.2019 / 16:47 Hoy

Ámalos, mátalos

Escolios


Publicidad
Publicidad

El caso es celebérrimo: en 1993 Jean–Claude Romand asesinó a sus padres, a su mujer, a sus hijos y al perro. A lo largo de dos décadas, Romand había creado un mundo ficticio que estaba por derruirse: decía que era un médico exitoso y que tenía un cargo en la Organización Mundial de la Salud, cuando en realidad vivía de administrar el patrimonio de sus padres y de estafar, con una suerte de pirámide financiera, los intereses económicos de su círculo cercano. Con estos hechos, Emmanuel Carrère emprende, en El adversario (Anagrama, 2000), una recreación aséptica sobre los difusos e inquietantes límites entre la normalidad más anodina y la violencia criminal. Nadie imaginaría que ese hijo único y mimado, nacido en un hogar de posición económica desahogada, buen estudiante, aunque demasiado perfeccionista, convertido en un hombre amable y un excelente padre, pudiera perpetrar una matanza. Romand no es un inadaptado, ni un marginal, su locura no apunta a una revancha social, simplemente pretende mantenerlo como un miembro funcional de su círculo. Sus mentiras son aparentemente inofensivas, casi piadosas, y so lo intentan no defraudar las expectativas depositadas en su persona y resguardar su posición y la de su familia. Cuando resulta inminente que su puesta en escena se va a descubrir, Romand piensa en desaparecer, pero no soporta dejar a sus familiares más queridos expuestos al descrédito y el sufrimiento. Por eso, decide asesinarlos y luego quitarse la vida. Los crímenes filiales salen bien, aunque él no pone tanto empeño en su suicidio y sobrevive. En las primeras pesquisas, niega los hechos y trata de desviar la investigación con el invento de otro asesino, cuando las pruebas irrefutables lo condenan se dice invadido por la efusión religiosa y la redención mística. En la cárcel es un modelo y algunos que lo apoyan ven su tragedia como un llamado misterioso de la providencia. La duda surge. ¿Es un diabólico manipulador o un predestinado que, a través de la más profunda inmersión en su oscuridad, refleja la luz del arrepentimiento? Carrère narra no solo la historia de Romand, sino la historia de su escritura, de sus recelos y dilemas ante la proximidad de una personalidad y un drama tan envolventes como desconcertantes. Por eso, resultan destacables el equilibrio artístico y emocional con que Carrère se conduce en esta excursión perturbadora a las fronteras del mal absoluto y la ecuanimidad con que enfrenta la labia del adversario.

@Sobreperdonar

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.