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Jueves , 21.03.2019 / 21:07 Hoy

Alex Webb: “La fotografía callejera necesita lo inesperado”

Las piezas de este artista estadounidense son un homenaje al cromatismo y a la observación desinteresada de la realidad
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Su mundo era en blanco y negro hasta que conoció México. Alex Webb (San Francisco, 1952), miembro distinguido de la agencia Magnum desde 1976, encontró en el cromatismo de los barrios mexicanos el recurso ideal para documentar la vida cultural que se escapa en los callejones de lo ordinario.

Durante tres décadas viajó a México desde el borde fronterizo hasta el Istmo de Tehuantepec. Dejó a un lado la fotografía de los suburbios norteamericanos, que en 1970 prosperó por la influencia de Charles Harbutt y Lee Friedlander, para retratar la inquietud y el enigma que le provocan las tierras mexicanas. El libro La calle, publicado en colaboración con Fundación Televisa, reúne imágenes de esta serie, acompañado con textos de Guillermo Arriaga, Álvaro Enrigue, Valeria Luiselli y Guadalupe Nettel.

El título del proyecto está inspirado en el poema homónimo de Octavio Paz. “Gracias a él empecé a comprender lo que ha llamado mexicanismo: el deleitarse con las decoraciones, el descuido, la pasión y la reserva”, comentó después de inaugurar la exposición de esta retrospectiva en el Museo Casa Real del Monte, Hidalgo, como parte de las actividades de la quinta edición del Festival Internacional de la Imagen.

“Nunca sé qué encontraré en la calle. Mi proceso básico es deambular hasta que algo inusual me intriga. Permito que la cámara me lleve a nuevas experiencias y descubrimientos visuales; en Estados Unidos el color se usa como herramienta de mercado, para vender cosas; en cambio aquí es intrínseco a la cultura”.

Las imágenes de Webb nacen de la exploración pero se mezclan con escenas complejas. Es recurrente ver en su obra niños jugando al aire libre: “hay una espontaneidad y libertad en ellos que reflejan mi labor como fotógrafo”. La instantánea Children playing in a courtyard es una de sus predilectas. La tomó en 1985, porque “da la sensación de que un chico que juega una pelota, en un pequeño municipio de Oaxaca, tiene el mundo girando sobre las yemas de su dedos”, explicó.

¿Fotorreportero o fotógrafo callejero? Para el autor estas categorías coinciden en algún punto pero sus objetivos y expectativas son distintos. “No adoro el término de fotógrafo callejero pero así me llaman y, de cierto modo, es verdad”.

Un fotorreportero asistiría a Brasil, ejemplifica Webb, para retratar manifestaciones de violencia durante unas elecciones. Se acerca con una agenda o idea de lo que quiere comunicar, mientras que en el fotógrafo callejero predomina la curiosidad, la necesidad de descubrir la realidad sin ningún tipo de prejuicio.

“Mi labor no es proveer respuestas; al contrario, generar preguntas difíciles y quizá incontestables. Este tipo de fotografía tiene un 99.9% de fracaso porque necesita de lo inesperado”.

Alex Webb estudió Historia y Literatura en la Universidad de Harvard, disciplinas que contribuyen a su trabajo fotográfico. “Mi primer viaje a Puerto Príncipe fue por el impacto que me generó Los comediantes de Graham Greene (ambientada en la dictadura haitiana de François Duvalier) y mi paso por México estuvo influido por mis lecturas de Octavio Paz y Carlos Fuentes. Disfruto mucho la novela pero pienso que el género literario que más se aproxima a la fotografía es la poesía. La novela tiene la estructura de una película: inicio, clímax, desenlace; pero la poesía, como la foto, es solo un momento, una imagen, y alrededor de ellos hay un mundo de significados que emanan de ese instante”.

En 2007 publicó Instambul: The City of Hundred Names, donde capturó las costumbres de esta sociedad fraccionada por el Islam y el secularismo. El escritor turco Orhan Pamuk, Premio Nobel de Literatura, participó en este proyecto con un ensayo dedicado a explicar el término hüzün, que se aproxima a “una melancolía que se puede sentir en las calles de Estambul. Es un sentimiento de pérdida que la memoria intenta recuperar. En la capital turca encontré otra frontera: Europa y Asia, lo antiguo y lo moderno. Intenté retratar los paradigmas que ocasiona que diferentes culturas confluyan en un mismo punto. Hay algo mágico en Estambul: de repente pasas por cierto barrio y te sientes en Barcelona, acudes a un mercado y parece Uzbekistán; hay un gran desplazamiento cultural”.

Además de colaborar con diferentes escritores, en los últimos años ha hecho mancuerna con su esposa, Rebbeca Norris, poeta y fotógrafa. Uno de sus últimos proyectos fue la serie Memory City, sobre el impacto que tuvo la compañía Kodak en la ciudad de Rochester, ubicada al norte de Nueva York, que después de varios años de ser un imperio en la industria fotográfica se desmoronó ante la aparición de las cámaras digitales. La serie capta cómo vive esta comunidad después del declive de la empresa.

“Incursioné en la fotografía digital porque el rollo que utilizaba, un Kodachrome, fue descontinuado. Me rehusaba a trabajar con estas herramientas; de hecho, las tomas de La calle las hice con una Leica análoga. La revolución digital ha permitido una increíble proliferación de imágenes pero se ha vuelto difícil encontrar imágenes verdaderamente especiales”.

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