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Domingo , 24.03.2019 / 01:22 Hoy

Alberto Blanco: “La poesía es la atención a este instante”

Por 'El canto y el vuelo', el escritor recibió el Premio Xavier Villaurrutia 2017. Se trata del volumen que pone punto final a una trilogía donde ex

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Alberto Blanco (Ciudad de México, 1951) es poeta, ensayista, traductor, artista plástico y músico. A cada una de estas disciplinas se ha entregado con pasión; todas estas actividades han confluido en la elaboración de su poética que abarca tres títulos: El llamado y el don (AUIEO, 2011), La poesía y el presente (AUIEO, 2013) y El canto y el vuelo (anDante, 2016), volumen por el cual obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia de este año. Cada tomo apunta a un tiempo: el primero al pasado, el segundo al presente y el tercero al futuro, aunque solo en el segundo queda explicitado en el título. La trilogía es la base de esta plática.

En tu riquísima poética hay muchos temas con los cuales podríamos comenzar. El hecho de que no te mantengas únicamente en la tradición poética de Occidente y hagas referencia a otros ámbitos como Oriente es algo destacable.

Y me refiero a otras artes y a otras actividades también, porque después de todo los tres volúmenes de la poética, en última instancia, son un solo libro. En estos volúmenes mi interés no ha sido hacer una revisión de alguna tradición poética en particular, ni una historia de la poesía. En ese sentido, se diferencia mucho de dos libros fundamentales para la poética en español en el siglo XX: El arco y la lira, de Octavio Paz, y La máscara, la transparencia, de Guillermo Sucre. Mis libros, por cierto, mantienen la misma estructura sintáctica en el título: El llamado y el don, La poesía y el presente, El canto y el vuelo (incluso uno de los últimos libros que escribió Tomás Segovia, que se inscribe en esta tradición, mantiene la misma estructura: Poética y profética). A diferencia de esos libros, en especial los primeros, los míos no hacen un recorrido por las distintas tradiciones, las distintas escuelas o los momentos más luminosos de determinada lengua o cultura, sino que se interesan en las relaciones entre la poesía y otros quehaceres del ser humano.

Todos los capítulos podían haber llevado como título “La poesía y…”; no les puse así porque habría resultado muy cansado y repetitivo. En el primer libro, los capítulos que más bien ven hacia el pasado empiezan con el llamado y el don; una distinción entre poesía y poética; otra distinción entre lo que yo llamo Poesía con mayúscula y poesía con minúscula, y después el pasado, el mito, el lenguaje, el significado, el conocimiento, la tradición, la escritura, la traducción y la inspiración. El segundo volumen, que se aboca más bien al presente, en buena medida se ocupa de la relación entre la poesía y otras artes: el presente, la polaridad, el cerebro, el cuerpo, los objetos, y a partir de ahí, la música, la imagen, la forma, la prosa, el dibujo, la arquitectura y el collage. El tercero, que ve al futuro, trata temas como la velocidad, la ciencia, la ecología y la pobreza, que en algunos casos no tienen una relación muy obvia con la poesía.

Otro motivo, del que tú haces una dedicatoria en El canto y el vuelo, es la cuestión de mantener encendido el fuego, que me hizo recordar el libro de Giorgio Agamben 'El fuego y el relato'.

De hecho este libro tiene dos dedicatorias; la primera dice: “A la poesía: ese filo cortante de la esfera del lenguaje”. Evidentemente, es una contradicción de términos, pero la poesía trabaja todo el tiempo con estas paradojas. La otra termina diciendo: “Al origen y el misterio del fuego”. Claro, tenemos que tener en cuenta, o por lo menos yo tengo en cuenta siempre, que mi oficio, en este caso el oficio de la poesía, es un oficio muy antiguo. Se pierde en los albores del tiempo y probablemente coincide con los orígenes del ser humano, o con lo que nosotros entendemos por ser humano.

Ciertamente se confunde con los orígenes del lenguaje. De hecho, yo creo que la poesía y el lenguaje nacieron al mismo tiempo. ¿Cuándo sucedió eso? No sabemos si fue hace 60 mil años, 100 mil años, 150 mil años. Hace poco estaba leyendo precisamente la última última última noticia, del último ultimo último hallazgo que acaban de hacer en Marruecos de un Homo Sapiens de hace 300 mil años. Eso está cambiando todo el tiempo la historia del Homo Sapiens, y la de las demás ramas de los homínidos está en constante transformación. No sabemos cuándo comenzó el lenguaje, cuándo comenzó la poesía, pero sí sabemos que estamos hablando de decenas y decenas de miles de años, y tal vez más de 100 mil años. No es algo nuevo. Hay una tradición fantástica del uso de las palabras de otra forma que el uso cotidiano. Porque yo insisto: la poesía es la otra forma de usar el lenguaje. Una cosa es usar el lenguaje para comunicar lo que sabemos o lo que pensamos, la información, las opiniones, etcétera. Y algo muy distinto es utilizar el lenguaje como una bola de cristal para ver otras cosas, para entender otras cosas, para penetrar en otros espacios, para imaginar lo inimaginable. Hay una tradición que tiene que ver con esa otra forma de usar el lenguaje y yo no la pierdo de vista. Esto no es nuevo, este fuego nos viene de muy lejos y a través de muchos idiomas, cada uno con una tradición riquísima. Nuestra tradición es relativamente joven, porque el español apenas tiene mil años de existencia. Pero a final de cuentas hoy en día nuestra tradición no es solo la tradición de la poesía escrita en español, es la tradición de toda la poesía porque para eso están las traducciones. Además, con la explosión de la información, tenemos acceso a muchísimas otras tradiciones. Antes era mucho más difícil. Ahora podemos tener acceso a poesía muy antigua, incluso poesía de idiomas y dialectos que han desaparecido, y sin embargo la poesía se conserva. Todos los pueblos tienen poesía, todos. Muy pocos tienen otras formas de la literatura, pero poesía, todos. Por algo será.

A propósito de Pound y su 'dictum' "Make it new" debemos tener en cuenta que el presente es algo que se va inventando.

En estricto sentido, no conocemos nada más que el presente. Tú puedes leer en este instante un libro de historia, pero lo estás leyendo en este instante. Tu experiencia es de este momento. Tú y yo nunca nos hemos visto en el pasado, nos estamos viendo ahorita. En sentido estricto, no nos vamos a ver nunca en el futuro; si se nos concede volver a vernos, será en este instante. Siempre en este instante. No tenemos otra cosa más que este instante. No estoy haciendo metafísica, cualquier persona lo puede comprobar. ¿Qué es el pasado? Básicamente son imágenes de lo que ya no existe. ¿Qué es el futuro? Por definición, lo que todavía no existe. Como decía Fellini: es el reino de la posibilidad. No sabemos qué va a pasar y solo podemos imaginar. El pasado también requiere mucha imaginación; los historiadores lo saben. Pero ¿cuándo se hace ese trabajo de imaginación, de reconstrucción? En este instante. Siempre en este instante. En última instancia, para mí, la práctica de la poesía es una práctica de atención a este instante y, en ese sentido, está cerquísima de la meditación.

El historiador norteamericano Paul Fussell, en un libro sobre la Primera Guerra Mundial, habla, circunscrito a la literatura en inglés, sobre cómo este hecho violento, por ejemplo, transformó el modo en que se veía el paisaje antes y después de la guerra, y también la manera en que se fueron introduciendo palabras que antes no existían.

Esa es una parte. Otra es que la tecnología y la ciencia están cambiando a una velocidad impresionante. Entonces cambian muchos aspectos de nuestra vida cotidiana, y aquí volvemos a Pound, que insistía en el “Make it new”. La famosa tradición de la ruptura de Paz; nuestra tradición es la ruptura: hay que recomenzar. Y evidentemente hay aspectos de nuestros días que no pudieron pasar por la mente de Wang Wei o de Catulo o de Villon. El ejemplo que pones del paisaje me parece muy interesante y significativo. Aunque lo asociaría más con otra cosa, con la tecnología, pues en ese momento comienza a surgir la aviación y por primera vez el ser humano es capaz de ver la Tierra desde arriba. Eso no había sucedido nunca. No es muy difícil imaginar la pintura abstracta viendo la Tierra desde un avión. Claro que la experiencia de la aviación iba a traducirse en una forma distinta de ver la Tierra y el paisaje.

Y en cuanto a las nuevas formas: mencionas la envidia que sintió Pound por Eliot que concibió 'La tierra baldía' teniendo como principio la fragmentación.

La tierra baldía es un poema de muchos rompimientos; es un collage. Y el collage es la forma privilegiada de hacer arte del siglo XX, no me cabe la menor duda. La aparición del periódico, por ejemplo, ofreció una forma distinta de leer; el hecho de que en una misma página aparecieran cosas tan distintas: anuncios, noticias de aquí y de allá. Ahí hay evidentemente una posibilidad de lectura distinta a lo que había sucedido antes. Esa ya es una forma de collage y tenía que reflejarse también en las formas literarias.

También la aparición del cine…

Por supuesto. El trabajo de edición cinematográfica es una forma de collage. Y el collage ocupa un lugar de privilegio en la poesía del siglo XX. En mi caso, además, auméntale que yo he dedicado décadas de mi vida a trabajar con el collage. Así que también está el trabajo con la imagen y también está mi trabajo con la música. De tal manera que estos aspectos que señalo constantemente en estos libros de que la poesía tenía que ver con la imagen y la música, en mi caso se han traducido directamente en una práctica de estas artes.

El lenguaje está en el centro y es la parte más misteriosa. Por eso creo que es importante la distinción entre lo que yo he llamado Poesía con mayúscula y poesía con minúsculas. En resumen, podría ser lo siguiente: Poesía con mayúscula se refiere a lo que queremos dar a entender cundo decimos que esa escena es poesía pura o que un atardecer es poético o que esa película de Tarkovski es un poema o que ese gol que acaba de caer es un momento de poesía. Cuando se usa la palabra poesía así, en realidad se está utilizando el vocablo para decir que ese acontecimiento, ese momento, esa visión o esa acción son extraordinarios, son de una calidad extrema. Para mí eso es la Poesía con mayúscula. Equivale a decir “sublime”, incluso (perdón por la palabrota) “divino”. La poesía con minúsculas es otra cosa. La poesía con minúsculas es algo más modesto, pero tiene sus misterios. Es un arte del lenguaje que se manifiesta a través de unos objetos socialmente indeseables llamados poemas. De la Poesía con mayúscula básicamente es imposible hablar; de la poesía con minúsculas, con dificultades, pero se puede hablar. Y de los poemas todavía es más fácil hablar: son objetos. Por eso he propuesto esta metáfora: un poema es como un pájaro. Yo digo: en un poema, el ala derecha es la imagen; el ala izquierda es la música y el cuerpo del ave es el lenguaje, la inteligencia del lenguaje. Pero la poesía con minúsculas no es ninguno de esos tres elementos, la poesía con minúsculas es el canto. Y la Poesía con mayúscula es el vuelo, de ahí el título del libro.

No me quiero ir sin tocar el caso de Bob Dylan y el Premio Nobel. Siguiendo los principios que recuerda Pound —Melopea, Fanopea, Logopea—, dime por qué crees que Dylan sí merecía el premio.

A mí no me cabe duda de que Bob Dylan es un verdadero poeta. Yo soy de los que sienten alegría por su Premio Nobel. Además, dejara yo de llevar agua para mi molino, soy roquero de corazón. Claro, he tenido bandas, desde La Comuna, en los setenta, hasta Las Plumas Atómicas, en los ochenta, y le tengo la más alta consideración a Dylan. El discurso que finalmente se dignó a mandar a la Academia, sin que me parezca extraordinario, me gusta. Me parece bien la distinción que hace al señalar que su poesía no es para ser publicada, sino para ser cantada. De paso, este Nobel de Literatura es un reconocimiento a las posibilidades de los versos medidos y la rima —esos recursos supuestamente inutilizables ya— en la poesía contemporánea.

Evidentemente es un poeta que se inclina totalmente del lado de la Melopea, de esa manera de cargar el lenguaje del lado del sonido. Pero, ¡cuidado! Dylan también es un maestro de la Fanopea, que es un modo de cargar el lenguaje a través de las imágenes; eso es otra cosa, Dylan tiene imágenes buenísimas. Y también trabaja con la Logopea, porque hay filosofía en sus letras y música. Pound llegó a definir la Logopea como “el intelecto danzando entre las palabras”. Esa es la parte más misteriosa de la poesía porque es la que tiene que ver única y exclusivamente con el lenguaje. Y ahí la poesía es la punta de lanza de todas las formas literarias y no literarias para penetrar en los misterios del lenguaje. Porque después de todo, existe el arte de la música que se ocupa nada más del sonido; existen las artes visuales que se ocupan del ojo pero de la parte que tiene que ver estrictamente con las palabras, con el lenguaje, con el sentido, con el significado, con la Logopea, se ocupa, en general, la literatura; y dentro de la literatura, ninguna forma lo hace con más ahínco e intensidad que la poesía. Es la tarea que está en su centro.

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