Durst, con formación en arquitectura y fundador de DurstLab, construye sus obras con geometría vibrante, gradientes de color y una fuerte presencia del ritmo musical. Sus piezas dialogan con figuras como Queen, Madonna, Michael Jackson, ABBA y Whitney Houston, entre otros.
En entrevista con MILENIO, el artista habla sobre el proceso creativo, la dualidad entre euforia y vacío en la cultura pop, y por qué la pintura puede ser tan poderosa como un concierto.
¿Cómo entra la arquitectura en tu obra?
Fue un proceso de evolución. La arquitectura me enseñó que el espacio no existe si nadie lo habita, y la pintura me dio exactamente eso, pero sin atarme a nada: sin presupuesto, sin cliente, sin gravedad. La música entró como la tercera dimensión: el tiempo. Cuando los tres coinciden, la obra tiene una arquitectura completa y una experiencia entera.
¿Cómo traduces el ritmo y la energía colectiva a geometría y color?
No hay un proceso lineal, todo parte de un concierto específico, una imagen o un momento. Me pregunto qué colores me da ese artista, qué movimiento, qué energía. El ritmo se vuelve repetición de formas, la energía colectiva, expansión desde el centro, y la emoción se convierte en temperatura de color. Siempre planeo mucho antes de pintar.
¿Te interesa más la nostalgia personal o la memoria colectiva?
Lo que me interesa es el ícono como lenguaje. Madonna, Queen, ABBA no son recuerdos, son palabras que todo el mundo conoce. Mi trabajo fue tomar toda esa energía que ya existe y transformarla. No es nostalgia, es arqueología visual.
¿Qué tan importante es el movimiento en una pintura?
Es central, una pintura necesita movimiento visual. Mis composiciones siempre parten de un punto y se expanden; me encanta generar movimiento sin necesitar animación. Es exactamente lo que hace un buen concierto: te mete en una corriente de la que ya no puedes salir.
¿Qué te interesa de esos conciertos míticos?
La vulnerabilidad detrás de la euforia. Freddie Mercury en Wembley, Michael Jackson en el 25 aniversario de Motown son ejemplos de poder absoluto en público, pero con una soledad enorme en privado. Esa tensión es lo que hace que sean míticos; no sólo el show, sino lo que cuesta.
¿Qué descubriste sobre tu propia práctica durante el desarrollo de Groove it?
Descubrí que después de un momento eufórico siempre viene un vacío, y la pregunta real es qué haces con ese vacío. Eso es lo que hacemos los artistas: transformar ese bajón en algo bello. Me considero una persona que ha tenido muchas dificultades, aunque mucha gente podría pensar lo contrario. Y al final eso es lo que aprendí: que después de cada caída hay una expansión.
Pinto pensando en qué quiero que la persona sienta, qué quiero que viva. La respuesta siempre es la misma: dopamina, euforia, felicidad, paz. Eso tiene que estar en cada obra.
¿Cómo equilibras precisión geométrica y emoción pop?
El control es la condición para que la emoción funcione. Sin estructura, la energía se disipa. Sin emoción, la estructura es solo diseño. La arquitectura me enseñó a confiar en los sistemas, y dentro de esos sistemas es donde la emoción puede existir sin volverse ruido.
¿Por qué elegiste el Hotel Mondrian Condesa?
Es el contexto perfecto, es un espacio diseñado como evocación de los 80, con música y vida nocturna. En un white cube la gente llega en modo contemplativo. Aquí llegan en movimiento, con una copa, y la obra tiene que competir y ganar. Quiero que la pintura no necesite silencio para funcionar.
¿Qué quieres que el espectador se lleve de Groove it?
Que algo en ellos se movió y que no saben exactamente qué. Eso es lo mismo que hace la mejor música: no puedes explicar por qué te eriza la piel, pero lo hace. Si alguien sale sin poder describir exactamente lo que sintió, pero sabe que sintió algo, la experiencia funcionó.
¿Hay alguna obra o artista que te hubiera gustado agregar a la serie?
Me hubiera encantado explorar a Toto. Hay algo en canciones como “Africa” o “Hold the Line” que mezcla precisión técnica con emoción expansiva, y eso conecta muchísimo con el lenguaje visual de la serie.
hc