Cultura

Al rescate de teatros centenarios

En el país hay 41 recintos para artes escénicas que rondan o superan el siglo de existencia; 31 de ellos han recibido recursos para renovarse.

Si hace cien años la fiebre por celebrar el Centenario de la Independencia de México incluyó construir teatros, para los festejos del Bicentenario el furor fue rehabilitar aquellos antiguos inmuebles.

Creado en 1997, el Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (Paice) ha otorgado recursos a 31 de los 41 teatros antiguos (que tienen una edad que ronda o supera los 100 años) del país, por un total de 230 millones 412 mil 945 pesos, de acuerdo con información ofrecida por Antonio Crestani, titular de la Dirección General de Vinculación Cultural del Conaculta.

La inversión más baja fue para el teatro Manuel Doblado (1800) ubicado en León, Guanajuato, con 150 mil pesos; el presupuesto más alto correspondió al teatro José Peón Contreras (1908), de Mérida, Yucatán, en el que se invirtieron 47 millones 408 mil pesos.

Existen reglas de operación publicadas en el Diario Oficial de la Federación, entre las que destaca que el programa de rehabilitación es de cofinanciamiento y trabaja a petición de parte, lo que explica que 10 de los 41 teatros antiguos no hayan obtenido aún recursos para su rehabilitación.

Entre ellos se encuentra el teatro Juan Ruiz de Alarcón (1825), de San Luis Potosí, que desde 1936 es propiedad del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, se mantiene cerrado para escenificaciones. Según Alejandro Valencia, promotor cultural potosino, Fernando Carrillo, un ex secretario de Cultura de aquel estado, "avanzó en la negociación para que lo comprara el Estado, pero fueron tantas las trabas del sindicato que la negociación se cayó. Hoy está abierto en renta, básicamente para reuniones, pero nada de actividades escénicas".

También destaca el teatro Gregorio de Gante en Tecali, Puebla, hecho sobre lo que quedó de un corral de comedias, y que no era sino "un tablado a manera de escenario que se colocaba en la fachada de alguna de las casas, mientras que los espectadores se situaban en los balcones de las otras o en la misma plaza.

"Los corrales de comedias, o simplemente corrales, surgieron durante el Siglo de Oro español y significan la consolidación de un lugar de representación permanente al fijar espacios arquitectónicos y abandonar el escenario improvisado en las calles", explica José Antonio Terán Bonilla en su texto El corral de comedias en Tecali de Herrera.

Recintos longevos

Eduardo Contreras Soto, autor de Teatro mexicano decimonónico, explica en entrevista: "Hay edificios teatrales desde el principio, aunque debido a su naturaleza efímera se vieron sometidos a incendios, sismos y destrucciones. Han quedado pocas huellas de los inmuebles de primera generación, pero los mexicanos podemos sentirnos orgullosos de que en nuestro territorio está el edificio teatral que tiene más siglos en actividad en toda América.

"Es el teatro Principal de Puebla, inaugurado en 1759 y que sigue activo hasta la fecha. Tendríamos un teatro de la misma antigüedad en México si en 1931 no se hubiera incendiado el teatro Principal, que era de 1753, ubicado en la calle que hoy se conoce como Bolívar".

La vida del teatro Principal es ejemplo de la intensa lucha que la sociedad mexicana libró para tener un teatro en su comunidad en casi todos los estados, como cualquier otro edificio básico. El primer coliseo construido en 1603 en Puebla fue desmantelado en 1613 por órdenes de las autoridades, que no consintieron el desorden de aquellas piezas teatrales; entonces empezaron a erigirse otros espacios como el Teatro de Comedias, de Felipe Ramírez de Arellano, uno de los primeros y de mayor longevidad, pues funcionó por espacio de 20 años, revela José Octavio Sosa en su texto Teatros del Bicentenario. Teatros de Puebla.

Sosa continúa rememorando que hubo varios coliseos posteriores hasta que se construyó el más importante en esta ciudad durante muchos años: el teatro Principal, erigido por el propio ayuntamiento en la plazuela de San Francisco. Esta monumental y sólida construcción se inició en 1742 y se inauguró en 1760 con capacidad para mil 620 espectadores, bajo el nombre de Corral de Comedias; en 1842 se le denominó Principal", dice José Octavio Sosa.

Pero el 27 de julio de 1902 el inmueble sufrió un incendio que, según la investigación de Luis Reyes de la Maza Cien años de teatro en México, se creyó entonces que pudo haber sido una vela olvidada en un camerino, "pero las autoridades poblanas lo dudaron por algún tiempo cuando se descubrió que el incendio principió simultáneamente en diversos lugares el teatro.

"Los habitantes de la ciudad juraban que el siniestro fue un castigo del cielo porque días antes había tenido lugar en el teatro una velada en memoria de Benito Juárez y en ella se pronunciaron discursos agresivos contra el clero y en especial en contra del obispo de Puebla".

Rescate arquitectónico, pero también social

Antonio Crestani dijo a MILENIO que como parte de la política gubernamental es dotar de "recintos culturales dignos y hacer uso más intensivo el uso de la infraestructura cultural, entonces de la misma manera que es importante construir nuevos espacios, es prioritario renovar y actualizar los ya existentes"; además, indica, estos inmuebles "por su fecha de edificación son monumentos históricos por ley y otros tantos, aun cuando no cumplen con la fecha, lo son por sus características arquitectónicas y forman parte del patrimonio cultural".

Con él coincide Contreras Soto: estas construcciones "forman parte de los inmuebles básicos de la ciudades mexicanas, no es un asunto de adorno o complementario. Toda ciudad ha tenido su teatro como su parroquia o su catedral, su edificio de gobierno, su mercado, su plaza pública y su parque. Es parte del paisaje urbanístico y arquitectónico de toda ciudad en México.

"Debido a que eran tiempos completamente diferentes a los actuales el teatro de entonces era el lugar de la música, de la danza, de los actos públicos, de las ceremonias, de tal manera que las programaciones de los siglos XVIII y XIX contenían todas esas actividades en una misma presentación, en una misma función y por eso la gente adoraba tanto los teatros: eran sus sitios naturales de organización, de entrevista, de encuentros. Eran parte de la vida natural de las sociedades".

Otra de las razones por las que se están rehabilitando estos edificios es, de acuerdo con Crestani, reabrir las rutas culturales que existieron en otros estados de la República y tratar de romper el centralismo que desde hace años caracteriza a las artes escénicas de nuestro país.

"No se ha documentado bien, pero tanto la producción local, y la que era resultado de las giras de compañías provenientes de España, Italia, Cuba Colombia, Argentina y, después de la segunda mitad del XIX, de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, crearon un tejido de vida teatral en la Ciudad de México y en otros lugares de la República.

"No olvidemos que el transporte de estas compañías empezaba a veces en Yucatán o Campeche y de ahí venían y tenían presentaciones; luego se volvían a embarcar, llegaban a Veracruz, se internaban en Puebla y llegaban a la Ciudad de México con un antecedente de fama que les venía de las ciudades donde se había presentado", dice Contreras Soto, investigador del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical.

Añade que muchos de los mejores escritores del siglo XIX provenían de distintos estados y se dieron a conocer ahí antes que en la Ciudad de México; entre ellos destacan José Antonio Cisneros, pionero en realismo y humor que hizo sus obras en Mérida; Fernando Calderón, gran exponente de la comedia, escritor que vivió en Zacatecas, donde hizo toda su carrera, razón por la que en ese estado un teatro lleva su nombre; Manuel José Othón, gran poeta que también fue dramaturgo y varias de sus obras teatrales se estrenaron primero en San Luis Potosí.

Abandono y éxito

Entre los factores que influyeron para que estos edificios cayeran en el abandono se encuentran la Revolución mexicana y el replanteamiento de los recursos económicos; con ello cambió el concepto de teatro: se dejó a un lado el gran teatro romántico de gran aparato escénico por un teatro realista que se podía hacer en edificios más discretos, en foros independientes que no requerían la costosa producción de un edificio enorme. Se impuso el realismo como estética en el teatro.

"La llegada del cine fue fundamental: resultaba más barato para el espectador, así que muchos teatros fueron habilitados como salas de cine con el consiguiente deterioro; después, al construirse nuevas salas específicamente para las proyecciones, los edificios fueron totalmente abandonados", según Contreras Soto.

El especialista comenta que, a pesar de todo, esta nueva etapa en la historia de los teatros es posible que se escriba subrayando el éxito. Algunas intervenciones han hecho competitivas las salas a tal grado que están sobre demandadas: todo mundo quiere presentarse ahí.

"Es el caso del Peón Contreras, el teatro Hidalgo en Colima, además del Ángela Peralta en Mazatlán y el Ocampo en Morelos. Me ha tocado ver que, sin importar que esté lloviendo, la gente permanece formada para comprar un boleto y poder entrar a ver el espectáculo", dice el investigador.

Claves
Teatros sin inversión para rehabilitarlos

Siglo XIX
•Juan Ruiz de Alarcón, San Luis Potosí.
•Ángela Peralta, Sinaloa.
•González Echeverría, Zacatecas.
•Victoria, Teziutlán, Puebla.
•Gregorio de Gante, Puebla.
Siglo XX
•Renacimiento y Principal, Campeche.
•Hidalgo y Morelos, Michoacán.
•Manuel José Othón, San Luis Potosí.


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