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Actualidad que macera

El prólogo da escalofrío: don Claudio fue un terrateniente que en época de la revolución jugaba a fusilar revoltosos para luego aplicarles la ley fuga. Tras su muerte, la hacienda pasa a manos de Rosendo, su nieto.

El prólogo da escalofrío: don Claudio fue un terrateniente que en época de la revolución jugaba a fusilar revoltosos para luego aplicarles la ley fuga. Tras su muerte, la hacienda pasa a manos de Rosendo, su nieto.

Pero éste no hereda una hacienda próspera, sino una tierra invadida por campesinos que se ha convertido en el dolor de cabeza de su abuela y madre. Lo único que les queda es la añoranza de una grandeza que no regresará, regodearse en el odio a Lázaro Cárdenas por propiciar la repartición y vivir con angustia, sin dinero, en una casona de un pueblo desolado y triste.

Los indolentes refleja la condición de gente sumida en la inoperancia y pusilanimidad, donde la insensibilidad es la causa de los acontecimientos que se nos presentan de inmediato: Rosendo inconmovible, acostado en un petate rodeado de hormigas.

Rosendo es un personaje bien construido, genial: representa la juventud posrevolucionaria de los patrones, obsesionado con las mujeres pero incapaz de mover un dedo para salir de la miseria, lo que implica que no puede ofrecerles nada, por lo cual recurre a la mentira para solo conseguir lo inmediato, sin importar las consecuencias.

La familia vive en una casa llena de agujeros, apuntalada por todas partes porque está a punto de derrumbarse y, para colmo, invadida por hormigas. Todos se aferran a la mentira y a la enajenación, es el microcosmos de una clase social que no supo asimilar el cambio y que no pudo levantarse: esa es la política abyecta de los personajes, que son como un país.

Esa política que da miedo hace que Rosendo esconda la cabeza en lo relacionado con la hacienda, y como nunca aprendió a trabajar, quiere venderla con todo, aunque la abuela y la madre se opongan porque las cosas que contiene representan su tradición de amos.

Juventud, madurez y ancianidad son ineficaces, e incomodan porque lastiman. Cuando Rosendo intenta quemar todo se da cuenta de que ni lumbre tiene; al final, solo le queda inmiscuirse en la más sórdida oscuridad mientras suplica protección.

Los indolentes es una obra maestra, la mejor película de José Estrada, apoyada en el magnífico guión de Rubén Torres y Hugo Argüelles, y en la impresionante escenografía de Kleomenes Stamatiades. Podríamos pensar que acaba de realizarse, pues tiene una actualidad que macera, que duele, donde lo emocional, material y político quedan pendientes, porque no se tiene la intención de arreglar nada, porque a nadie importa que una casa o un país se vengan abajo.

Los indolentes (México, 1977), dirigida por José Estrada, con Miguel Ángel Ferriz y Rita Macedo.

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