La muerte de Andrés Filomeno Mendoza Solís, conocido como el Monstruo de Atizapán, no significa que las familias de sus víctimas hayan dejado atrás las consecuencias de los feminicidios.
Para Armando Gallegos Vázquez, padre de Rubicela Gallegos Castillo, una de las mujeres asesinadas por el feminicida, todavía hay una deuda pendiente: la reparación del daño y el apoyo para que su nieto pueda tener un mejor futuro.
Pide a las autoridades que no abandonen a las víctimas indirectas
En entrevista para MILENIO, Armando aseguró que no busca venganza ni tiene interés en el destino del hombre que destruyó a su familia. Sin embargo, pidió que las autoridades no abandonen a las víctimas indirectas y cumplan con los compromisos establecidos durante el proceso judicial.
“Él me lastimó a toda mi familia y creo que a muchas más. De mi parte, creo que eso le pertenece a Dios. Él sabrá lo que debe hacer con eso”, expresó.
Su principal preocupación, explicó, es que su nieto, hijo de Rubicela, pueda continuar con sus estudios y tenga mejores oportunidades de vida. Actualmente, recibe siete mil pesos al año como apoyo educativo, una cantidad que considera insuficiente frente a las necesidades del menor.
“Él está estudiando, él es muy inteligente… No estamos perdiendo el tiempo. Con el fin de llevar adelante algo que a mi hija le hubiera gustado hacer”, comentó.
Las declaraciones de Armando Gallegos ocurren luego de que se diera a conocer la muerte de Andrés Filomeno Mendoza Solís, quien permanecía internado en el penal de Tenango del Valle, en el Estado de México.
▶️ "No era humano, porque desgració a muchas personas": Padre de Rubicela, una de las víctimas del multifeminicida de Atizapán, exige una indemnización para las familias afectadas por este caso
— Telediario CdMx (@telediario) October 30, 2026
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Muerte del Monstruo de Atizapán
El Monstruo de Atizapán, de 78 años, habría fallecido por causas naturales. Las circunstancias de su muerte deberán ser esclarecidas oficialmente por las autoridades.
Mendoza Solís fue detenido en 2021 en un domicilio de la colonia Lomas de San Miguel, en Atizapán de Zaragoza. Durante las investigaciones, las autoridades localizaron más de cuatro mil 300 restos óseos, además de ropa, calzado y pertenencias que podrían estar relacionadas con mujeres reportadas como desaparecidas.
Rubicela Gallegos Castillo desapareció en julio de 2019. Fue hasta noviembre de 2021 cuando las pruebas de ADN realizadas a su padre y otros familiares confirmaron, con una coincidencia del 99.99 por ciento, que los restos óseos encontrados en la vivienda de Andrés Filomeno Mendoza pertenecían a ella.
A partir de entonces, Armando Gallegos ha tenido que enfrentar la pérdida de su hija y las consecuencias que dejó el feminicidio en su familia.
En su momento se habría hablado de una indemnización
Durante la entrevista con MILENIO, recordó que en el proceso judicial se habló de una indemnización; sin embargo, en aquel momento se argumentó que el sentenciado no tenía capacidad económica para cubrirla.
Según su testimonio, el juez señaló que, si el responsable no cumplía con esa obligación, correspondería a las autoridades hacerse cargo de la reparación del daño.
“Yo sí quiero ver si es posible que puedan llevar a cabo lo que en su momento el juez determinó como una reparación del daño”, señaló.
Armando también reconoció que recibió atención psicológica por parte de las autoridades durante un periodo determinado. Dijo que ese acompañamiento le permitió encontrar herramientas para aprender a vivir con la ausencia de su hija.
“Gracias a eso aprendí a vivir un poco. No se elimina como tal, pero sí buscas puntos de referencia para una guía”, recordó.
Pide se revisen mecanismos para garantizar la reparación del daño
Ahora, tras la muerte de Andrés Filomeno Mendoza Solís, el padre de Rubicela insiste en que la atención no debe centrarse únicamente en el destino del responsable, sino también en las familias que continúan enfrentando las consecuencias de los feminicidios.
Su petición es que las autoridades revisen los mecanismos para garantizar la reparación del daño y que su nieto pueda continuar sus estudios sin que las consecuencias de la violencia contra su madre limiten sus oportunidades.
Para Armando Gallegos, la muerte del llamado Monstruo de Atizapán no borra lo ocurrido ni termina con las necesidades de quienes perdieron a sus seres queridos.
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