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  • "Me ha tocado ver niños entre las tumbas": el panteón que sobrevivió a la Revolución y conserva las heridas de una masacre

  • El Panteón Municipal Número 1 de Torreón resguarda tumbas históricas, una fosa común de víctimas chinas de 1911 y la memoria de los primeros pobladores.
El panteón conserva la memoria de los primeros habitantes de Torreón. | Rolando Riestra
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M+.-En una urbe de arquitectura joven y ritmo acelerado como Torreón, nacida apenas en los albores del siglo XX, al abrigo de los rieles del ferrocarril y el verdor de los campos algodoneros, la historia no se mide por centurias lejanas, sino por la intensidad de sus episodios. Mientras en otras regiones del país los camposantos albergan retablos virreinales, en la Comarca Lagunera la muerte lleva el sello indeleble del polvo, el vapor de las locomotoras y la metralla revolucionaria.

En vísperas del Día de Muertos, cuando el aroma de las flores de cempasúchil y el humo del copal se mezclan con la brisa fresca del otoño lagunero, el Panteón Municipal Número 1 abre sus portones para recordar que bajo su tierra no solo descansan los muertos: también habita la memoria de la creación de la ciudad.

Fundado a finales del siglo XIX para dar sepultura a los primeros pobladores de la entonces floreciente Villa de Torreón, este espacio ha sido testigo silencioso del crecimiento vertiginoso de la región.

Sus pasillos de tierra y calicanto, flanqueados por monumentos de mármol de Carrara, esculturas de cantera y lápidas desgastadas por el sol del desierto, resguardan las huellas de varias generaciones de pioneros, generales, médicos, comerciantes extranjeros y víctimas anónimas que contribuyeron a moldear el destino de La Laguna.

Mármol, armas y juventud: la tumba del general abanderado

Recorrer los bloques más antiguos del cementerio durante los días dedicados a los fieles difuntos es adentrarse en las páginas de la Revolución Mexicana. Durante las decisivas batallas por la toma de Torreón, una plaza estratégica en el escenario militar de la época debido a su importancia ferroviaria, el suelo lagunero fue escenario de cruentos enfrentamientos.

Entre las criptas que despiertan mayor respeto y devoción cívica destaca la sepultura del joven militar Gregorio A. García.

El Panteón Municipal Número 1 de Torreón resguarda tumbas históricas, una fosa común de víctimas chinas de 1911 y la memoria de los primeros pobladores.
Gregorio A. García participó en la toma de Torreón a los 16 años. | Rolando Riestra

Verónica Martínez, directora de Panteones de Torreón, camina entre los monumentos cuyo estilo arquitectónico evoca el auge porfiriano y la estética de principios del siglo XX, mientras explica la trascendencia de este personaje en la historia local.

"Un historiador nos comentó que Gregorio A. García duró apenas alrededor de un mes con el grado de general porque falleció trágicamente siendo muy joven, a los 22 años. Sin embargo, su arrojo fue legendario: participó en la primera toma de Torreón cuando tenía apenas 16 años de edad, razón por la cual es considerado un personaje emblemático de nuestra historia urbana. Su sepultura se ha conservado con gran dignidad y es, hasta la fecha, una de las más visitadas del panteón."

El paisaje funerario del cementerio también refleja la naturaleza cosmopolita de la ciudad durante sus primeros años. Atraídos por el auge económico del llamado *oro blanco*, como se conocía al algodón, y por la conectividad que ofrecía el ferrocarril, a La Laguna arribaron contingentes de inmigrantes españoles, ingleses, franceses, árabes y chinos.

Los detalles ornamentales de las tumbas, el labrado de las cruces y el craquelado de los mausoleos dan testimonio de ese crisol cultural que acompañó el nacimiento y la expansión de Torreón.

"Los detalles y el labrado de las sepulturas corresponden fielmente a la época y al origen de las personas que descansan aquí", añade Martínez.
"Tenemos extranjeros que llegaron a establecer sus industrias y comercios en la naciente Villa de Torreón, y que hoy forman parte indisoluble de nuestro patrimonio histórico."

La sombra trágica de 1911: el doctor Lim y la memoria china

Sin embargo, entre los episodios históricos cuya memoria resguarda este camposanto, pocos resultan tan sobrecogedores como la tragedia de mayo de 1911, cuando las fuerzas maderistas tomaron la ciudad y se desató una de las jornadas más oscuras de la Revolución Mexicana: la matanza de por lo menos 300 ciudadanos chinos.

En el Panteón Municipal Número 1, la memoria de aquella masacre no es un mito, sino una cicatriz que permanece visible en la tierra.

En las inmediaciones de la avenida Constitución, dentro del cementerio, una fosa común y una placa conmemorativa rinden homenaje a las víctimas de aquel episodio de violencia xenófoba. Muy cerca, la tumba del doctor J. W. Lim se levanta como un monumento al valor y la compasión humana.

"Una de las sepulturas más visitadas y respetadas es la del doctor Lim, quien fue uno de los sobrevivientes de la matanza de ciudadanos chinos de 1911", detalla la directora.
"Él arriesgó su propia vida para proteger, ocultar y curar a tantas personas como pudo durante aquellos días de violencia desbordada. En aquel momento las fuentes históricas hablan de entre 255 y 300 víctimas masacradas, y aquí conservamos la fosa común donde reposan sus restos, junto a una placa en memoria de aquel suceso que nunca debe repetirse."

El Panteón Municipal Número 1 de Torreón resguarda tumbas históricas, una fosa común de víctimas chinas de 1911 y la memoria de los primeros pobladores.
Las tumbas reflejan la diversidad cultural de los primeros pobladores. | Verónica Rivera

Los constructores de la ciudad y el descanso sin nombre

A unos pasos de las tumbas de los héroes y las víctimas del periodo revolucionario, el trabajo cotidiano del cementerio continúa.

Higinio García, sepulturero de oficio y custodio de los secretos del lugar, conoce cada rincón del terreno que ha recorrido durante décadas. Su labor, indispensable para mantener vivo el vínculo entre los vivos y los muertos, lo ha convertido en un cronista empírico de este recinto funerario.

"Aquí tenemos sepultado al primer alcalde oficial de Torreón, Don Francisco Villanueva", señala Higinio mientras limpia el polvo de una lápida de piedra.
"Y a sólo un costado se encuentra la fosa común, el lugar donde sepultamos a aquellas personas que fallecen en la vía pública o en los hospitales y que no tienen familiares o recursos económicos para hacerse cargo de sus restos. En este suelo descansan juntos los hombres que gobernaron la ciudad y aquellos que la vida dejó en el olvido."

La cercanía entre las sepulturas de quienes participaron en la construcción política y económica de Torreón y los espacios destinados a quienes murieron sin recursos ni familiares forma parte de los contrastes que conserva el antiguo panteón.

En sus terrenos conviven los monumentos levantados para perpetuar la memoria de personajes históricos y las tumbas de quienes encontraron allí su último lugar de descanso, sin más reconocimiento que el trabajo de quienes se encargan de darles sepultura.

El Panteón Municipal Número 1 de Torreón resguarda tumbas históricas, una fosa común de víctimas chinas de 1911 y la memoria de los primeros pobladores.
En 1911 ocurrió la matanza de ciudadanos chinos en Torreón. | Verónica Rivera

Entre el mito y la penumbra: las almas de la tarde

Al caer la tarde, en el marco de las celebraciones del Día de Muertos, cuando el viento del desierto silba entre los viejos cipreses y las sombras de las cruces se alargan sobre la tierra seca, la historia documentada cede su lugar a la tradición oral.

Entre trabajadores, marmoleros y visitantes de antaño circulan relatos de presuntas apariciones, susurros que se escuchan al caer la noche y presencias invisibles que, según las historias transmitidas durante generaciones, custodian los pasillos del cementerio.

Higinio y sus compañeros de cuadrilla comparten con naturalidad las experiencias que aseguran haber vivido durante las jornadas nocturnas de mantenimiento o excavación.

"Nos ha tocado ver a varios niños jugando aquí entre las lápidas", relata el sepulturero con serenidad.
"De repente uno anda trabajando de concentrado y, cuando menos se da cuenta, ya los tiene a un lado observando. Uno los mira como si fueran niños reales, pensando que se le escaparon a alguna familia de visitantes, pero de pronto caminan detrás de un mausoleo y se esfuman, se van. Es en ese momento cuando nos cae el veinte de que son fantasmas, las almitas que se quedaron a cuidar el panteón."

Así, entre los recuerdos de las batallas revolucionarias, la nostalgia por los pioneros que fundaron la urbe al ritmo apresurado del ferrocarril y las coronas de flores que las familias depositan cada noviembre, el Panteón Municipal Número 1 de Torreón permanece como el gran libro de piedra de la ciudad.

Un recinto donde el silencio de las tumbas parece conversar con el murmullo de la historia y donde cada lápida, monumento y sepultura recuerda a los laguneros de hoy que la ciudad pujante que habitan también se construyó sobre la memoria y el descanso de sus muertos.

El Panteón Municipal Número 1 de Torreón resguarda tumbas históricas, una fosa común de víctimas chinas de 1911 y la memoria de los primeros pobladores.
Una fosa común recuerda a las víctimas de aquella tragedia. | Verónica Rivera

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