Stella Corinne Jiménez Araujo nació en Tampico con una vocación creativa clara: quería diseñar. Lo que no imaginaba era que esa inquietud la llevaría a participar en la primera cirugía asistida con realidad aumentada en México y en la primera cirugía con cómputo espacial en Ecuador.
Hoy, después de haber ganado el Premio Nacional de Tecnología e Innovación en 2017 junto con su equipo, de ser reconocida por Great Place To Work como una de las 100 mejores CEOs de México en 2023 y de aparecer en la lista de emprendedores destacados por Entrepreneur Of The Year México, Stella resume su filosofía en una frase: “La mejor manera de predecir el futuro es creándolo”.
Convencida de que su futuro estaba en Monterrey, decidió estudiar Diseño Gráfico en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Veía en la capital industrial del país un ecosistema más competitivo y mayores oportunidades.
Mientras sus compañeros parecían más avanzados en tecnología y mejor conectados, ella tomó una decisión estratégica: empezar a trabajar antes de graduarse. Así llegó a una pequeña empresa de apenas cuatro personas llamada CloudSourceIT, fundada un año antes.
El iPhone acababa de llegar a México y apostar por el desarrollo de aplicaciones móviles era casi visionario. Ella tenía otras ofertas laborales, incluso mejor pagadas, pero eligió el potencial de crecimiento. Para cuando se graduó, ya era líder del departamento de diseño. Ese fue el punto de inflexión. Lo que comenzó como diseño gráfico tradicional evolucionó hacia innovación tecnológica. Entendió que la tecnología también era un espacio creativo.
Abrirse paso en un mundo masculino
Entró a un equipo compuesto únicamente por ingenieros. Después tendría que sentarse frente a directivos de corporativos como Unilever, Cemex o Banregio para explicar proyectos tecnológicos siendo la única mujer en la sala. “El mundo tecnológico es predominantemente masculino”, reconoce.
Las estadísticas lo confirman: la proporción de mujeres directoras en empresas tecnológicas ha sido históricamente mínima. Sin embargo, Stella apostó por crecer junto con la empresa. Cuando la compañía pasó de cuatro a quince personas y comenzó a competir con firmas de cientos de empleados, ella ya no solo diseñaba: gestionaba innovación.
En 2017, con apenas 28 años, recibió el Premio Nacional de Tecnología e Innovación, entregado entonces por la Secretaría de Economía del Gobierno de la República. Ese reconocimiento no solo validó el modelo de gestión de innovación de la empresa; redefinió su identidad profesional.
“Ahí entendí que lo mío era la innovación”.
El salto más disruptivo llegó con la salud. Participó en el desarrollo de la plataforma que permitió realizar la primera cirugía asistida con realidad aumentada en México, en colaboración con el Centro de Excelencia e Innovación de Christus Health.
yc