En el marco del Primer Simulacro Nacional 2026 en la Ciudad de México y el Estado de México este 18 de febrero, la discusión vuelve a la mesa: ¿basta con evacuar cuando suena la alerta sísmica?
La pregunta no es menor en un país con alta actividad telúrica. México se ubica en el llamado Cinturón de Fuego del Pacífico, dentro de la dinámica de la Tectónica de Placas. El territorio nacional se asienta sobre la Placa Norteamericana y limita con las placas de Cocos, Rivera y del Pacífico, lo que explica su constante actividad. De acuerdo con estadísticas de Protección Civil, en el país se registran más de 90 sismos al año con magnitud superior a 4 grados, una cifra que lo coloca entre las naciones con mayor actividad sísmica en el mundo.
La historia reciente confirma el riesgo. El 14 de marzo de 1979, un sismo de 7.6 grados con epicentro en Zihuatanejo, Guerrero, provocó la caída de edificios en la Universidad Iberoamericana y afectó alrededor de 600 inmuebles en la capital. El 19 de septiembre de 1985, un terremoto de magnitud 8.1 causó la mayor devastación urbana del siglo en México, con 6 mil muertos, según cifras oficiales. Décadas después, el 19 de septiembre de 2017, un sismo de 7.1 con epicentro entre Puebla y Morelos volvió a golpear a la Ciudad de México, sin mencionar los miles de microsismos detectados en la capital por la falla geológica Plateros-Mixcoac.
En ese contexto, los simulacros se han convertido en una herramienta recurrente de protección civil. Para Jocelyn Vargas, especialista en geociencias y sismología aplicada, estos ejercicios sí cumplen una función clave.
“La función del simulacro es precisamente hacer un ejercicio de seguridad, es decir, entender cuándo suena la alerta, cuáles son los procesos a seguir para que te pongas a salvo”, explicó en entrevista. Añadió que “sí hay muchos estudios que indican que hay una reducción importante” en la respuesta de la población, ya que durante un evento real “la población entiende mejor cuáles son los procesos que hay que llevar a cabo para evacuar”.
En una ciudad con miles de edificios de gran altura, dijo, el ejercicio permite identificar “cuáles son las zonas más seguras dentro del inmueble para poderte resguardar”. En ese sentido, subrayó, “el simulacro es fundamental”.
Reactivo, no preventivo
Sin embargo, la también CEO de Seismic AI considera que el modelo actual tiene limitaciones. “Nosotros llamamos prevención a un tema reactivo”, señaló. A su juicio, un simulacro “simula, tal cual, un proceso de evacuación cuando ya está, digamos, el sismo por llegar o ya lo estamos sintiendo”.
Esto implica que, en un escenario real, “mientras se está evacuando ya pueden estar habiendo daños materiales, pueden surgir otro tipo de accidentes”. Por ello, afirmó que el ejercicio resulta “insuficiente” en una zona metropolitana con alta densidad poblacional.
La especialista sostuvo que el desastre no lo genera la población, sino que fallas estructurales.
“El desastre puede generarse por malos procesos de construcción, por no hacer revisiones correctas, por ejemplo, tuberías en la parte de industria, en todo lo que es maquinaria. Todo eso es lo que realmente concentra todo el peligro después del sismo”.
También reconoció un componente cultural, pues muchas veces “lo tomamos de repente este tipo de ejercicios como un juego… no se toma con la seriedad que debe de ser”, comentó.
Más allá de la evacuación
Vargas apuntó a la necesidad de incorporar herramientas tecnológicas que permitan evaluar el comportamiento de los inmuebles. Explicó que estos sistemas funcionan mediante sensores que registran el movimiento dinámico de los edificios.
“Se requiere instrumentar. A través de los datos que recolectan esos instrumentos, nosotros podemos tener esa data y entonces la trasladamos a un análisis posterior que se identifica en solo segundos”, indicó.
Este proceso, conocido como “monitoreo de salud estructural”, permite revisar el comportamiento “antes, durante y después del sismo” y generar un informe automático sobre posibles fallas.
Pese a los avances tecnológicos, la especialista enfatizó en algo que podría resultar obvio, pero necesario aclarar. “El sismo nunca se va a poder predecir. No hay ningún estudio científico en el mundo que hasta hoy en día nos genere un patrón para poder hablar de predicción”.
Lo que sí puede hacerse, aclaró, es estimar el impacto. “Podemos estimar el impacto, eso se puede hacer, pero decir que se generará un sismo el 2 de enero, por ejemplo, que tuvimos uno, eso hasta hoy en día no ha sido posible”.
Finalmente, insistió en que los simulacros deben mantenerse. “El ejercicio sí es importante… para que cuando suceda entendamos qué es lo que tenemos que hacer”, concluyó.
El desafío para autoridades y ciudadanía no es elegir entre simulacros o tecnología, sino reconocer que en un país donde los sismos son parte de la realidad cotidiana, la prevención debe ir más allá del momento en que suena la alerta.
