Los Reyes Magos se adelantaron, al menos por unas horas. Comerciantes del centro de la ciudad desfilaron en caravana para llevar regalos, sonrisas y música a las niñas y niños en víspera del 6 de enero.
Lunes, minutos después de las seis de la tarde, el sol muere y la luz junto con él. La noche está cerca y en las inmediaciones del estadio Revolución la gente se ha dado cita hasta llegar a la avenida Revolución. Son madres, padres, hijas, hijos, familias enteras que esperan el paso de la caravana.
Mientras esperan, los vendedores de globos, algodones, coronas y esquites hacen su agosto en pleno enero. En una camioneta de puertas abiertas un hombre y una mujer ofrecen rosca de Reyes supuestamente de Costco, el precio está por las nubes, 525 pesos.
Papás e hijos llevan coronas en la cabeza, algunos con luces, niñas y niños sostienen globos en las manos, unos esperan de pie, otros sobre bancos de plástico, todos abarcan la mitad de la calle.
Policías municipales en motocicleta y una banda de guerra de uniformados comienzan el desfile de la caravana. Les sigue un pequeño tráiler rojo con música de cumbia en la cabina. Detrás de él un turibus repleto de pelotas es el siguiente.
Enseguida viene un contingente de niñas y sus madres detrás de ellas. Hay música y aplausos de la gente. Son las seis de la tarde con 28 minutos. Del turibus avientan dulces y una que otra pelota.
La caravana entra a avenida Revolución y ahí más gente los espera. Les aplaude y los graba con sus celulares. Los niños levantan las manos al ver al turibus, quieren pelotas, se las dan, también dulces.
La gente grita con el paso del contingente: una camioneta con botargas, un grupo de superhéroes en el que están Batman, el hombre araña y Deadpool, los siguen detrás autos Mustang, los conductores pisan el acelerador, el ruido estalla en los oídos. Una botarga arroja dulces a la gente.
De pronto la música inunda la avenida como un río desbordado, era una camioneta con múltiples bocinas, una disco móvil con luces que cambiaban de color en segundos. Parece el espectáculo de medio tiempo. Del techo de la camioneta una adolescente y dos niños dicen adiós a la gente con las manos y avienten uno que otro dulce.
Botargas de Pepa Pig, Chester Cheetos, Beli y Beto, Pawl Patrol van en medio del contingente, también una carreta en forma de esfera con la Cenicienta y el príncipe. Ella posa para la foto de un fotógrafo que más tarde se pondrá un cubrebocas blanco.
Una joven mujer a la que de repente le ha dolido la espalda espera la camioneta de los tres Reyes Magos, pero el que se ha convertido en el rey mago de la noche es el presidente municipal de Pachuca, Jorge Reyes.
Desde un turibus y con una corona de luces en la cabeza arroja una y otra vez juguetes a las niñas, niños y familias, lo mismo pelotas, balones, dulces, muñecas, juegos electrónicos, peluches y aguilandos.
La joven mujer que espera los Reyes Magos se atrasa para verlos, van sobre una camioneta y al verlos los niños sueltan sus globos al aire con su carta dentro, en la que han pedido sus juguetes para el 6 de enero.
En el Reloj Monumental la gente se arremolina en la parte trasera del turibus en el que el alcalde regala juguetes. Algunas personas lo obtienen, otras no, algunos ganan un juguete y quieren más, es una lástima.
Sobre la calle de Guerrero se le han terminado los juguetes al presidente municipal y ahora regala dulces. Los niños levantan las manos para alcanzar algún dulce desde el turibus.
La caravana termina su recorrido dos horas después, en Plaza Juárez, ahí ya no hay gente. El alcalde dice que regaló cerca de dos mil 500 aguilandos y alrededor de tres mil juguetes. Un hombre cercano a su circulo le dice que según un comandante de la policía municipal acudieron a ver la caravana unas 18 mil personas, el presidente estima que fueron unas 15 mil.