Entre el humo de los comales y el inconfundible aroma del maíz recién hecho, la junta auxiliar de La Resurrección se transformó en un punto de encuentro para cientos de familias que acudieron a la ya tradicional Feria de la Gordita.
Desde muy temprano, las cocineras comenzaron a amasar, aplaudir la masa entre sus manos y colocarla sobre el comal caliente, donde poco a poco fue tomando forma uno de los platillos más emblemáticos de la región.
La calle Resurrección y la José María Morelos fueron invadidas por un mar de personas, pues antes de disfrutar las exquisitas gorditas, era obligatorio entrar a la parroquia de La Resurrección del Señor.
Para muchas de las participantes, esta feria representa más que una oportunidad económica; es la continuidad de una herencia familiar. Tal es el caso de doña María Hernández, quien lleva más de 20 años elaborando gorditas y quien compartió que aprendió el oficio de su madre.
Señaló que el ingrediente principal es que cada gordita sea preparada con mucho amor y alegría, pues sobre todo porque eso hace que los ciudadanos se enamoren del platillo
“Desde niña me enseñaron a hacerlas, primero veía cómo prendían el comal y luego ya me dejaban ayudar. Ahora yo les enseño a mis hijas, porque esto no se debe perder”, expresó.
Entre los asistentes se encontraba la familia López, quienes acudieron a la mencionada junta auxiliar para disfrutar del evento. 'Cada año venimos con los hijo, la verdad vale mucho la pena. Todo está muy rico y además se siente un ambiente muy bonito', comentó, mientras sus hijos degustaban gorditas recién hechas.
Otros visitantes coincidieron en que la feria no solo ofrece comida, sino una experiencia cultural que permite reconectar con las tradiciones poblanas.
El ambiente festivo se complementó con música tradicional, presentaciones culturales y espacios donde los asistentes pudieron convivir y conocer más sobre la identidad de La Resurrección.
Así, entre risas, filas interminables y el constante sonido del aceite sobre el comal, la Feria de la Gordita se consolidó una vez más como una celebración del sabor, la tradición y el orgullo comunitario, donde cada gordita cuenta una historia que se transmite de generación en generación.
BTO