El sueño de alcanzar la libertad, de despegar los pies de la tierra y desplazarse como un ave, se cumple en el estado de Puebla con los vuelos de parapente, un deporte que se basa en la aerodinámica para planear y en el empleo de corrientes de aire ascendentes para ganar altura.
La forma más sencilla de soñar despierto se alcanza con el parapente. En la entidad poblana, el deporte está cumpliendo cuatro décadas. Un ala flexible y el arnés en el que se sienta el piloto, se convierten en una aeronave de vuelo libre que no requiere ningún tipo de motor. Las habilidades del piloto son fundamentales para que se pueda despegar tras correr desde una pendiente.
En Puebla, la zona que ya se convirtió en un punto tradicional para los despegues en parapente es el Mirador de Cristo Rey, ubicado en uno de los cerros de San Bernardino Chalchihuapan, a poco más de media hora de la capital.
Por las tardes, el paisaje del valle que se encuentra entre la Angelópolis y el municipio de Atlixco es acompañado por los parapentes de diferentes colores que surcan el cielo durante varios minutos.
La forma más simple de volar
Alejandro Pastori, entrenador de parapente, explicó que el uso de un planeador ultraligero se convierte en el camino para volar a partir de una vela que está hecha de un material de alta resistencia y que cuenta con celdas que permiten ascender.
El vuelo se realiza sin ningún tipo de motor y se puede concretar a partir de la vela con perfil curvo: el aire pasa rápido por la parte superior que, por la inferior, creando una diferencia de presión. El piloto busca burbujas de aire caliente, es decir, en las llamadas térmicas, y utiliza el viento que choca contra los cerros para ascender.
“El parapente es una de las formas más simples de volar. Somos un planeador ultraligero, a lo que me refiero con ultraligero es que no tenemos ninguna parte metálica. Usamos una tela, si nos vamos a lo más puro posible, es una tela con guías que usamos para volar. Es un planeador y Puebla, desde hace 35, 40 años, ha sido un referente, fue de los primeros lugares a nivel nacional donde empezó el vuelo libre”, explicó.
Pastori, quien es el fundador de la firma Vuela Cholula, explicó que, por sus condiciones geográficas, el valle que se ubica entre Puebla y Atlixco, despegando del Mirador de Cristo Rey, ubicado en uno de los cerros de San Bernardino Chalchihuapan, en Ocoyucan, es el mejor espacio para ascender a más de dos mil 300 metros sobre el nivel del mar.
“¿Por qué aquí?, porque tenemos una zona geográfica, perfectamente, para realizar esta actividad. Estamos en un punto alto. En Puebla, normalmente, las condiciones, el viento del sur siempre está establecido. Tenemos un clima muy bueno. Es una zona muy ventosa. A nivel nacional es de las zonas más ventosas y volamos todo el año, entonces, básicamente por lo accesible que es llegar a la montaña y que volamos todo el año, es uno de los mejores puntos a nivel nacional”.
Opciones para volar
Alejandro Pastori, instructor con más de cuatro mil vuelos, explicó que existen dos opciones de viaje en parapente: la primera se realiza en un esquema biplaza de aventura en el que un instructor guía el viaje de una persona sin experiencia; y la segunda opción se presenta cuando una persona toma cursos y realiza diferentes vuelos hasta convertirse en un piloto.
“Nosotros damos el servicio que son vuelos tándem, son vuelos biplaza, entonces, es muy sencillo volar, no necesitas ningún entrenamiento previo para poder volar, nada más hay que venir, hacer tu reservación”, explicó.
El parapente es diferente al paracaidismo. El parapente se enfoca en el vuelo libre y los pilotos despegan desde una ladera con el objetivo de planear tras subir con corrientes de aire; mientras que el paracaidismo se basa en la caída libre, saltando desde un avión.
La emoción de volar en parapente es indescriptible. Observar el mundo desde el cielo provoca una sensación de que lo imposible se puede hacer realidad, rompiendo esquemas para alcanzar la libertad.
“Nosotros, antes del despegue, les ponemos un arnés, les explicamos qué es lo que van a hacer para ayudar al piloto en la zona de despegue y aterrizaje. Eso es todo. Viene gente de todas las edades, hemos volado a niños desde los cuatro años hasta personas de 86 años”, explicó Alejandro, instructor poblano.
rdr