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Mónica Fernández Berlanga: la mujer como narrativa visual

Artista. En su obra, la figura femenina es una constante. Rostros de ojos grandes y profundamente expresivos se repiten como una firma sensorial en el lienzo.

En el estudio de Mónica Fernández la pintura no es un oficio aprendido: es un fuego interno que la acompaña desde la infancia. “Siempre estuve pintando; era algo que estaba dentro de mí”, recuerda. En el colegio llenaba cuadernos de dibujos; en casa continuaba como si el día no estuviera completo sin ese acto tan personal. No había entonces una idea clara de futuro artístico; pintar era simplemente una forma natural de expresarse.

Durante años no se imaginó enfocada en el arte. “No lo veía como algo a lo que me iba a dedicar”, confiesa. La claridad llegó más tarde, cuando entendió que frente al lienzo encontraba un nivel de concentración que no hallaba en ningún otro espacio. “Es lo único que me apasiona, es en lo que me puedo concentrar, es en lo que puedo estar presente”. Ese reconocimiento personal introspectivo marcó el punto de quiebre.

Entre los 17 y 18 años comenzó a trabajar con mayor disciplina y, a los 20, tomó una decisión fundamental: viajar a Florencia, Italia, para estudiar en la Academia Lorenzo de Medici. El contacto directo con la tradición artística y sus materiales terminó por consolidar su vocación.

Aquella preparación no solo fortaleció su técnica, sino que confirmó que la pintura no era una etapa, sino un horizonte. Originaria de la Comarca Lagunera, Mónica Fernández ha desarrollado una trayectoria que incluye exposiciones individuales y colectivas en México y en diversos países, además de la publicación de dos libros que recopilan distintos momentos de su producción. Sin embargo, cuando habla de logros lo hace con cautela: su centro está en el proceso.

Su lenguaje visual mantiene una raíz mexicana que muchos identifican en el uso del color. Entre los pintores que admira y la han marcado reconoce pasar por distintas etapas en las que aparecen nombres como Frida Kahlo, Diego Rivera, Leonora Carrington y Remedios Varo.

Más adelante, tomar talleres con artistas contemporáneos como Denis Sarazhin y Eloy Morales le permitió descubrir otra dimensión del aprendizaje. El diálogo directo que se logra en el taller de otros artistas es una enseñanza que en definitivo no se encuentra en las escuelas.

La artista Mónica Fernández Berlanga explora emociones y experiencias a través de la figura femenina, eje central de su lenguaje pictórico.
Su lenguaje visual mantiene una raíz mexicana que muchos identifican en el uso del color. | Verónica Rivera

La figura femenina

En su obra, la figura femenina es constante. Rostros de ojos grandes y profundamente expresivos se repiten como una firma visual. Pero ella aclara que, aunque esa mujer es ella misma, “hay algo que he entendido: no se trata de un discurso limitado al género. No era tanto la mujer de lo que quería hablar, era del sentimiento, de dolor, de tristeza, de pérdida, de emoción, de belleza...”.

Creció rodeada de mujeres —tías, primas con fascinantes historias— y desde esa experiencia plasma diversas emociones. “Lo interpreto por medio de la mujer, porque es desde donde me tocó vivir todo lo que siento”.

En esas miradas se abren espacios únicos para el diálogo visual. Su proceso creativo no responde a una fórmula fija. A veces la obra nace de un título; otras, de un sentimiento. “Hay obras que simplemente parten de la imagen y el color, y después toman su propio lenguaje”, señala.

Sin embargo, la intención de la artista siempre es transmitir un mensaje, aclara. Con el tiempo sus horarios han cambiado. Hubo una fase nocturna en la que comenzaba a pintar a las nueve de la noche y terminaba al amanecer. Con la maternidad —es madre de tres hijos— descubrió la luz del día y cómo transforma los pigmentos. Actualmente trabaja desde la mañana hasta entrada la tarde.

La artista Mónica Fernández Berlanga explora emociones y experiencias a través de la figura femenina, eje central de su lenguaje pictórico.
Recientemente presentó su segundo libro, una recopilación de la obra realizada en la última década. | Verónica Rivera

En ella, la pintura se adapta a la vida, pero nunca desaparece. “Aunque no llegara a ningún lado, yo no dejaría de pintar”, afirma.

Recientemente presentó su segundo libro, una recopilación de la obra realizada en la última década. La edición funciona como espejo: le permite mirar su evolución y plantearse nuevas preguntas. No habla de metas concretas ni de conquistar determinadas galerías, sino de crecer, de experimentar, de seguir dialogando con el lienzo.

e&d

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Gabriela Vázquez
  • Gabriela Vázquez
  • Editora de suplementos en Milenio Laguna. Ha colaborado en secciones de Negocios, Metrópoli y Reportajes Especiales. Egresada de la Universidad Autónoma de Coahuila. Sus temas de interés: educación, salud, tecnología y equidad. Apasionada de las plantas.
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