En el marco del Día del Padre, la historia de Jonathan cobra un significado especial. Junto a su esposa Diana, quienes viven con discapacidad visual desde nacimiento, han formado una familia en Monterrey basada en el amor, la confianza y el compromiso, demostrando que la paternidad va mucho más allá de cualquier limitación.
Jonathan compartió que para él ser padre representa una de las mayores bendiciones de su vida, ya que considera que criar a sus hijos significa formar mejores personas para el futuro.
“La mejor bendición, la verdad, es poder crear a grandes personas para que sean mejores seres humanos en un futuro y poderles dejar una mejor claridad de lo que es este mundo”.
También explicó que la ceguera ha formado parte de su vida desde que nació y relató que su condición se originó debido a una retinopatía del prematuro.
“Nací de cinco meses, tuve retinopatía de prematuro, por eso con el ojo izquierdo veo entre 10 y 15 por ciento y del ojo derecho no veo nada”.
Sin embargo, aseguró que esta situación nunca ha sido un obstáculo para formar una familia ni para desempeñar con orgullo su papel como papá.
Por su parte, Diana habló de su esposo con orgullo y admiración. Comentó que con el paso del tiempo y la experiencia de la paternidad ha descubierto aún más cualidades en él.
“Si antes era una persona noble, amable y amorosa, ahora lo es mucho más y ahora pues es más comprensivo, entonces yo amo todo de él, con sus defectos y sus virtudes y así quiero seguir con él”.
Jonathan señaló que siempre ha buscado estar presente en la vida de sus hijos, participando en sus juegos y creando recuerdos junto a ellos.
Explicó que una de las cosas que más ha aprendido como papá es que nunca se deja de conservar esa parte de niño.
“He aprendido que a pesar de mis 35 años nunca dejamos de ser niños, juego con ellos a la pelota, a los juguetes o a cualquier cosa que se les ocurra, ahí estoy a pesar de que llegue un poco cansado de las labores del día a día”.
Entre risas, comentó que no existe regalo material que le haga más ilusión que ver a sus hijos crecer bien, ser responsables y dar lo mejor de sí.
“Que se porten bien y que saquen muy buenas notas, eso es lo mejor que podría recibir, que le hagan caso a su mamá”.
La historia de Jonathan y Diana refleja que el amor no conoce barreras y que cada reto puede convertirse en una oportunidad para construir una familia fuerte, unida y llena de esperanza.
mrg