Lo que para muchos serían fierros viejos destinados a la chatarra, para Javier se convierten en vehículos capaces de despertar recuerdos de la infancia. Desde un Troncomóvil inspirado en Los Picapiedra hasta un automóvil de Los Cazafantasmas, un Batimóvil y Mate de Cars que actualmente se encuentra en proceso de construcción.
Este aficionado a los autos ha encontrado en el reciclaje y la creatividad una manera de mantener vivo un hobby que comenzó hace varios años.
Originario del Estado de México y con 16 años de vivir en La Laguna, Javier reconoce que está “a punto de ser lagunero”, no le gustan las fotos de su persona y aseveró que su gusto por los automóviles lo acompaña desde niño.
“Siempre me han gustado los carros, siempre, siempre me han gustado”, afirmó en entrevista con MILENIO.
Sin embargo, restaurar vehículos convencionales representa un gasto considerable, por lo que decidió buscar una alternativa: rescatar automóviles que prácticamente terminarían en el deshuesadero y transformarlos en creaciones inspiradas en películas, caricaturas y vehículos de otras épocas.
De la chatarra a los vehículos de película
Javier explica que ninguno de sus proyectos surge de conocimientos profesionales de ingeniería o mecánica. Por el contrario, se considera autodidacta y asegura que cada automóvil representa un experimento.
“No soy mecánico. Ahorita, con el tiempo, he ido aprendiendo, pero yo no soy mecánico”.
En su taller improvisado, ubicado prácticamente en el garaje, trabaja junto con algunos de sus colaboradores, quienes incluso tienen oficios distintos a la mecánica.
“Unos son albañiles y aquí nos ponemos a darle, a soldar. Todo lo hacemos aquí”.
La característica principal de sus vehículos es que prácticamente todo el material es reciclado. Fierro de segunda, piezas rescatadas, objetos adquiridos en mercados de segunda mano y elementos que encuentra en distintos lugares terminan incorporados a los automóviles.
“Mi material es fierro viejo. No compro material nuevo ni nada. Este es puro fierro”, señaló mientras mostraba parte de sus creaciones.
El resultado son vehículos que difícilmente pasan desapercibidos. Algunos conservan elementos del automóvil que sirvió como base, mientras otros son modificados hasta adquirir una apariencia completamente distinta.
El Troncomóvil que se volvió viral
Una de sus creaciones más recientes es precisamente el Troncomóvil inspirado en Los Picapiedra, vehículo que llamó especialmente la atención durante el fin de semana y comenzó a circular en redes sociales paseando por el Paseo Morelos.
Javier terminó el automóvil apenas el viernes, cuando colocó las últimas luces y los espejos retrovisores, para posteriormente sacarlo a realizar sus primeras pruebas.
“Este lo terminé el viernes. El viernes pusimos las últimas luces y espejos retrovisores y lo sacamos a probar”.
El vehículo fue construido de un Tsuru de la década de los 80, al que posteriormente comenzó a modificar hasta convertirlo en una réplica del peculiar vehículo de Pedro Picapiedra.
La intención, asegura, no es fabricar una réplica perfecta, sino divertirse durante el proceso.
“Todos son experimentos. Ninguno somos ingenieros ni expertos”.
Y es precisamente esa improvisación parte de la esencia de su trabajo.
Cazafantasmas y Batimóvil
El Troncomóvil no es la primera creación de Javier que causa curiosidad entre quienes tienen oportunidad de verla.
Entre sus proyectos se encuentra un vehículo inspirado en Los Cazafantasmas, además de ambulancias, vehículos militares, camionetas antiguas, patrullas y distintos modelos de Volkswagen modificados.
También tiene una patrulla del sheriff inspirada en los vehículos de la década de los 70 y una ambulancia del sector salud que transformó con una temática de Halloween relacionada con un hospital psiquiátrico.
Actualmente trabaja además en un Batimóvil, para el cual adquirió un Mustang que será utilizado como vehículo base.
No los vende ni los renta
Aunque sus vehículos han llamado la atención de numerosas personas y podrían convertirse en un negocio, Javier deja claro que no tiene intención de comercializarlos.
“No los vendo, no los rento. No es mi negocio y no lucro con ellos”.
Su objetivo principal es conservarlos como parte de su colección personal y familiar.
Los vehículos solamente abandonan la bodega donde permanecen guardados cuando existe un motivo especial, principalmente actividades con fines benéficos.
En esas ocasiones ha participado en colectas de juguetes y actividades destinadas a apoyar a niños.
De motocicletas a carros de película
Su afición por los vehículos tampoco se limita a los automóviles. Desde pequeño tuvo contacto con las motocicletas debido a que su padre perteneció al escuadrón de motociclistas y de acrobacia de la policía de Ciudad Central.
A lo largo de los años, esa pasión se transformó en una colección de vehículos poco convencionales, construidos principalmente con piezas rescatadas y mucha imaginación.
Javier insiste en que no existe un taller profesional detrás de sus creaciones, ni planos especializados o cálculos de ingeniería.
“Todo es invento y le vamos midiendo. Al tanteo y más diversión. No hay medidas, no somos ingenieros, no hay plano, no hay nada, todo es de aquí a la barra”.
Y es este el principal atractivo de sus vehículos: no busca lucrar, sino experimentos nacidos en un garaje que, de vez en cuando, consiguen detener el tráfico, provocar una sonrisa y hacer que más de uno recuerde las caricaturas y películas de su infancia.
Para Javier, el objetivo sigue siendo el mismo: disfrutar de los autos, rescatar materiales que otros desecharían y compartir sus creaciones con quienes quieran acercarse a conocerlas. “Es un hobby, yo no vivo de esto”.
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