Con la proximidad de la Cuaresma, la Iglesia católica se prepara para uno de los momentos más significativos del calendario litúrgico: el Miércoles de Ceniza, celebración que marca el inicio de un tiempo de reflexión, penitencia y conversión espiritual rumbo a la Pascua. Más allá del rito visible en los templos, existe una labor discreta y cuidadosa: la elaboración de la ceniza, un elemento cargado de simbolismo y tradición.
Francisco González Parra, vicepresidente de la Comisión Diocesana para la pastoral litúrgica de Puebla explicó que de acuerdo con la enseñanza del Misal Romano, la ceniza que se impone a los fieles se obtiene principalmente de la quema de los ramos bendecidos durante el Domingo de Ramos del año anterior.
Abundó que también pueden incluirse, bajo normas de respeto y reverencia, objetos religiosos de papel o tela que ya han concluido su vida útil, como misales deteriorados o paños litúrgicos desgastados.
Explicó que el proceso, exige dedicación y sumo cuidado, ya que la quema se realiza fuera del recinto sagrado, en recipientes adecuados, donde el fuego transforma la palma y el papel.
Para lograr la textura deseada, el fuego no se deja consumir por completo; se “ahoga” con un paño húmedo, evitando que el material se reduzca a un polvo gris pálido. Así se obtienen pequeños carbones que posteriormente son molidos en un mortero hasta convertirse en la ceniza fina utilizada durante la celebración.
Señaló que la fórmula “Polvo eres y al polvo volverás” recuerda el origen y destino del ser humano, mientras que la expresión “Arrepiéntete y cree en el Evangelio” invita a una renovación interior. Lejos de ser un mandato obligatorio, la imposición de la ceniza es entendida como una catequesis viva, un gesto que debe nacer del corazón y no de la mera costumbre.
Comentó que la preparación de la ceniza suele realizarse en los días previos, tradicionalmente conocidos como domingo, lunes y martes de carnaval. Son jornadas en las que acólitos y sacerdotes organizan la recolección, quema y molido del material, en un ambiente de colaboración comunitaria y recogimiento.
Recalcó que el Miércoles de Ceniza inaugura así un camino pedagógico y penitencial. La práctica del ayuno y la abstinencia, no se limita a lo alimentario, sino que abarca también la renuncia a hábitos cotidianos o distracciones digitales, como redes sociales, pues se trata, de ofrecer pequeños sacrificios que fortalezcan la vida interior.
AAC