Hidalgo se colocó en el quinto lugar nacional por el número de cámaras de vigilancia instaladas en la vía pública, con una red de 5 mil 826 equipos que combina dispositivos fijos, cámaras con movimiento y sistemas especializados para identificar vehículos mediante sus placas, una infraestructura que forma parte de las capacidades tecnológicas de seguridad conectadas al C5 de la Secretaría de Seguridad Pública estatal. El dato corresponde a 2025 y está contenido en el Censo Nacional de Seguridad Pública Estatal 2026 elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
La infraestructura hidalguense está integrada por 4 mil 53 cámaras fijas, 20 domos fijos, mil 398 cámaras PTZ, 60 domos PTZ y 295 equipos clasificados como de otro tipo. En conjunto representan 5 mil 826 dispositivos destinados a la vigilancia de la vía pública, cifra que coloca a Hidalgo solamente detrás de entidades con redes más numerosas.
El volumen de cámaras no es el único elemento que distingue a territorio estatal, porque una parte importante de esa infraestructura tiene capacidades que van más allá de la simple grabación de imágenes. Entre ellas destacan las PTZ, diseñadas para desplazarse horizontal y verticalmente, utilizar zoom óptico y seguir objetivos, así como las LPR, especializadas en detectar vehículos y leer sus placas.
Las cámaras LPR, cuyo nombre corresponde a License Plate Recognition, se encuentran diseñadas específicamente para localizar una matrícula dentro de una escena, capturarla y, cuando incorporan reconocimiento automático, convertir sus caracteres en información que puede almacenarse y consultarse. A diferencia de una cámara convencional de alta resolución, su funcionamiento depende de una combinación de óptica especializada, sensor, iluminación infrarroja, velocidad de obturación y el procesamiento de la imagen.
El proceso permite que una LPR detecte un vehículo, capture diferentes imágenes mientras circula, localice la placa, corrija problemas de perspectiva y procese los caracteres mediante OCR o inteligencia artificial. El resultado puede convertirse en un registro que incluya la matrícula, fecha, hora, carril, dirección de desplazamiento, fotografía y otros metadatos, dependiendo las características del sistema.
Esta capacidad permite que las cámaras especializadas puedan comparar automáticamente una placa detectada con bases de datos que contengan vehículos robados, los que estén en búsqueda, restringidos, autorizados o incluidos en listas de interés investigativo. Cuando existe una coincidencia, el sistema puede generar alerta para que el personal de monitoreo determine la respuesta correspondiente.
Hidalgo cuenta con 295 cámaras de reconocimiento de placas vehiculares, conocidas como LPR, con lo que ocupa el cuarto lugar nacional entre las entidades que reportaron esta tecnología. El dato adquiere relevancia dentro de una estrategia de vigilancia carretera, porque estas cámaras están orientadas a convertir el tránsito vehicular en información que puede ser consultada y relacionada con otros registros.
Sin embargo, una LPR no debe confundirse con cualquier cámara de alta resolución, ya que una cámara 4K puede producir una imagen de gran calidad y no necesariamente ser capaz de identificar correctamente una placa. Asimismo, para que el reconocimiento funcione intervienen factores como la distancia al vehículo, su velocidad, el ancho del carril, los ángulos de instalación, el tamaño de la matrícula dentro de la imagen, la distancia focal, la iluminación nocturna, la velocidad de obturación y las condiciones meteorológicas.
Aumentan capacidades
Por su parte, las PTZ cumplen una función diferente. Su denominación corresponde a Pan, Tilt y Zoom, es decir, movimiento horizontal, movimiento vertical y acercamiento óptico, por lo que son cámaras motorizadas capaces de recorrer una zona amplia, modificar el ángulo de observación y acercarse a un objetivo sin depender exclusivamente del zoom digital.
En Hidalgo existen mil 398 cámaras PTZ, lo que coloca al estado en el cuarto lugar nacional en esta modalidad. Estas cámaras representan una capacidad distinta a la de las fijas porque pueden pasar de una vista general a una imagen de detalle, desplazarse hacia un punto de interés y, en modelos avanzados, utilizar funciones de seguimiento automático de personas o vehículos.
Una PTZ puede permanecer vigilando una avenida y, ante la detección de un incidente, girar hacia el sitio donde ocurre, utilizar su zoom óptico y mantener el objetivo dentro del encuadre. Algunas incorporan autotracking, una función que permite que el propio sistema detecte un vehículo o una persona y controle los motores de la cámara para mantenerlo en seguimiento.
La diferencia entre ambas tecnologías resulta fundamental para entender cómo opera una red de videovigilancia. Mientras una LPR está especializada en obtener la identidad vehicular mediante la lectura de una matrícula, una PTZ aporta cobertura, movilidad, seguimiento y contexto visual, por lo que una no necesariamente sustituye a la otra.
El mayor potencial aparece cuando las dos tecnologías trabajan de manera complementaria. Una LPR puede detectar un vehículo, registrar su placa, hora, carril y dirección, comparar la información con una base de datos y generar una alerta; a partir de esa señal, una PTZ puede dirigirse hacia el automóvil, utilizar su zoom óptico, seguirlo y aportar imágenes del contexto.
De esta manera, la videovigilancia deja de depender únicamente de que un operador observe una pantalla en el momento exacto en que ocurre un hecho. La información generada por las cámaras puede pasar por sistemas de almacenamiento y gestión de video, relacionarse con bases de datos y convertirse en registros que permitan reconstruir desplazamientos y acontecimientos.
En ese esquema, las cámaras fijas pueden proporcionar la detección inicial de una escena, las LPR identificar un vehículo, las PTZ realizar el seguimiento visual y los sistemas de administración y almacenamiento conservar las imágenes y metadatos para su consulta posterior. El modelo permite integrar detección, identificación, seguimiento y análisis dentro de una misma arquitectura de seguridad.
La tecnología también tiene límites que resultan importantes para interpretar correctamente sus capacidades. Una cámara LPR no equivale automáticamente a reconocimiento facial ni permite por sí misma identificar al conductor, mientras que la posibilidad de obtener y almacenar datos sobre vehículos obliga a establecer reglas sobre qué información se conserva, durante cuánto tiempo y quién puede consultarla.
El Censo Nacional de Seguridad Pública Estatal 2026 muestra que la capacidad tecnológica de Hidalgo no se limita únicamente a las cámaras. El estado reportó 3 mil 435 radios de comunicación digital troncalizados, cifra que lo coloca en el segundo lugar nacional, además de 2 mil chalecos balísticos, mil 907 cascos y 2 mil 199 bastones PR-24 otorgados al personal.
En el caso específico de la videovigilancia, las 5 mil 826 cámaras colocan a Hidalgo en el quinto sitio nacional. El primer lugar corresponde al Estado de México, mientras que Chihuahua, Jalisco y Michoacán completan los cuatro estados que anteceden a Hidalgo en número de dispositivos reportados en el tabulado del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.
La posición de Hidalgo resulta todavía más significativa cuando se observa la composición de su red. No se trata sólo de miles de cámaras fijas distribuidas en distintos puntos de la entidad sino de una infraestructura que incluye mil 398 equipos PTZ y 295 LPR, dos tecnologías destinadas a ampliar la capacidad de seguimiento e identificación vehicular.