Faustino mira al presídium. Tiene puesto su casco amarillo. Está sentado junto a sus compañeros, parece nervioso. Sus botas negras hacen conjunto con el pantalón azul y playera guinda. Sus ojos son pequeños y las canas han invadido su cabello y el bigote.
Un hombre se le acerca para decirle por dónde debe subir al presídium. Es su turno, sube. La Comisión Nacional Forestal y la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo le entregan un reconocimiento por su participación en la temporada de incendios forestales 2026. Desde hace 30 años apaga incendios, arriesga la vida.
Faustino Cortés Ramírez, de 65 años de edad, es originario de Rancho Nuevo, municipio de Almoloya. Dice que cuando recibió el reconocimiento se sintió bien, que le dio gusto. Comenzó como combatiente de incendios forestales a los 35 años.
“Es un trabajo que sí es riesgoso, pero hay que entrarle, cuidarse, ahí la llevamos”, dice Faustino, un hombre bajito de estatura, sostiene entre sus manos el reconocimiento que le acaban de entregar.
La Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales de Hidalgo cuenta con seis técnicos especializados en el manejo del fuego y 76 combatientes, entre ellos Faustino.
Él está en el campamento de Rancho Nuevo, allá en su pueblo. Con Faustino son nueve los combatientes de incendios forestales en ese lugar. Este año le tocó apagar incendios en el Altiplano.
“En mi pueblo nada más hubo dos incendios, la mayoría en los que participé fue en el municipio de Apan”, cuenta mientras se ataja del sol a la sombra de un árbol del Parque Ecológico Cubitos.
Faustino entró a la Secretaría del Medio Ambiente como combatiente de incendios forestales porque invitaron a la gente de su pueblo a formar una brigada. Como en ocasiones no tenía trabajo ingresó y se hizo de un poco de dinero.
Desde hace tres décadas combate incendios forestales, no sabe cuántos lleva hasta el momento, no los ha contado. Tampoco recuerda cuál fue el primer incendio al que acudió. Han pasado tantos años.
-¿Le gusta ser combatiente de incendios?
-La verdad sí, ya no puedo correr, pero ahí andamos.
Faustino subió rengueando al presídium para recibir su reconocimiento. Cuenta que anda mal de una pierna. La derecha. Reconoce que ya no combate los incendios de la misma manera que antes.
“Tiene cinco años que ando mal, dice el doctor que se me estaba echando a perder la pierna por un golpe que no salió a tiempo, ya no es lo mismo, al menos yo ahorita no puedo correr”, se sincera y añade: “gracias a Dios todavía aquí andamos”.
-En estos 30 años de combatiente ¿hay algún incendio que lo haya marcado?
-Sí.
-¿Cuál fue?
-Uno que fue allá en mi pueblo, en el cerro, el incendio era leve, pero se vino el aironazo y el fuego acabó con el cerro. Se juntó muchísima gente, brigadas de otros lados y todo. Me marcó porque se acabó el cerro, se veía feo.
Antes de salir a combatir un incendio Faustino le pide a Dios que le permita regresar con bien a casa, con su familia. Con vida. Su voz pierde fuerza, flaquea, algo le sucede en un instante. Es presa de la nostalgia.
Los recuerdos se arremolinan en su mente, los momentos en medio del fuego, del humo, del calor, del cansancio, del trabajo extenuante, los instantes cercanos a la asfixia. Entonces los ojos pequeños de Faustino se humedecen. Las lágrimas se asoman, son presa de la gravedad y alcanzan sus mejillas.
Faustino es un hombre fuerte, recupera el tono de su voz, se limpia las lágrimas con un pañuelo que ha dejado de ser rojo y continúa con su historia. Tiene esposa, cuatro hijos. Cada que sale a combatir un incendio forestal le piden que tenga cuidado.
-¿Confía en volver a casa después de un incendio?
-Yo espero que sí, sólo Dios sabe.
-¿Sus compañeros han vuelto?
-Sí, a veces pasan pequeños accidentes de que se caen, pero ahí anda uno.
-¿Y qué hace cuando vuelve a casa?
-Doy gracias a Dios que me permitió regresar con bien.
Para combatir los incendios forestales Faustino, además de su casco amarillo y camisola, pantalón grueso y botas lleva una pala o en su caso azadón. El último al que acudió fue uno de Apan.
-¿Qué siente cuando está en medio de un incendio forestal?
-La verdad pues algo de miedo por el humo, el aire lo cambia todo, miedo de que nos alcance el fuego. Se siente calor, mucho humo, el aire, hay algunos incendios que se ven pequeños, pero empieza el viento y se hacen grandísimos.
-¿Se arriesga la vida?
-Sí, son cerros, peor cuando no los conoce uno.
-¿Hasta cuándo seguirá combatiendo incendios forestales?
-Pues no le sé decir, la verdad, solo Dios sabe.