Los estados de Guerrero, Oaxaca y Chiapas encabezan la lista de explotación laboral infantil, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Algunos de los menores son engañados por grupos; terminan con trabajos en el campo, la calle, bares o en sitios de venta de droga y sexoservicio.
El organismo reportó que hay una tasa de ocupación laboral infantil de 22.6 por ciento en el caso de Guerrero, 20.9 en Oaxaca y de 20.3 puntos en Chiapas, lo que los convierte en el top tres de la explotación laboral infantil en la población de entre cinco y 17 años de edad.
Los datos resultan alarmantes, toda vez que las autoridades estiman que hay 3.5 millones de niñas, niños y adolescentes que trabajan, la mayoría de ellos en alguna actividad irregular.
El análisis refiere que hay 1.8 millones de menores que realizaban actividades económicas no permitidas y 1.9 millones efectuaban quehaceres domésticos en condiciones no adecuadas.
Niños indígenas de la Sierra de Guerrero, blanco de la explotación laboral
En el caso de Guerrero, la explotación laboral apunta especialmente a niños que viven en zonas rurales, especialmente en aquellas de la zona de la montaña. Este sector comparte varias líneas de vulnerabilidad; por un lado, el rezago educativo, carencias económicas y de servicios, entre otras.
El Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan advirtió que el trabajo infantil se ha extendido entre las familias pobres, cuyos padres y madres carecen de ingresos seguros y no pueden cubrir las necesidades de sus hijos.
De acuerdo con el organismo, el encarecimiento de la canasta básica y de la educación obliga a muchas familias a buscar alternativas de supervivencia, mientras niñas y niños destinan parte de su tiempo a actividades que les permitan obtener ingresos o contribuir a la economía familiar.
En la Montaña de Guerrero, esta situación se refleja en la migración de familias indígenas hacia los campos agrícolas de Sinaloa, donde los menores acompañan a sus padres durante temporadas de trabajo.
El 21 de octubre, 94 jornaleros y jornaleras de la comunidad nahua de Chiepetepec, municipio de Tlapa, salieron rumbo a Culiacán para trabajar en el corte de verduras chinas y chile. El grupo estaba integrado por 53 hombres y 41 mujeres, además de 38 menores de edad: 21 niños y 17 niñas, según la información difundida por Tlachinollan.
Las familias emprenden traslados de hasta 34 horas y permanecen durante varios meses en los campos agrícolas, donde sus ingresos dependen de la cantidad de cajas o libras de producto que logren cortar.
En Oaxaca los engañan para ser explotados laboralmente
En Oaxaca, un estado ubicado en el sur del país, hay grupos identificados que reclutan a familias enteras y seleccionan a los niños para explotarlos. El Centro de Apoyo al Niño de la Calle (CANICA) refiere que los empleos a los que son expuestos ponen no solo en riesgo su vida, sino también su integridad.
Uno de los trabajos que identificaron en un estadio de 2025 y que dijeron es común es la venta de dulces, especialmente en bares o lugares de sexoservicio, lo que a la postre también orilla a que los infantes vendan drogas y alcohol; pero también expone especialmente a las niñas a ser presas de abusos sexuales.
El estudio identificó tres actividades claves en la zona metropolitana de Oaxaca:
- Explotación y trata de personas
- Venta de artesanías y espectáculos callejeros
- Mendicidad en tiempos de alta afluencia turística
Si bien la organización consideró que hay grupos que cooptan a los menores, también reconoció que hay ocasiones en las que sus propios familiares los obligan a trabajar.
En Chiapas terminan con trabajos en las calles, el campo o minas
En Chiapas, en la frontera sur de México, los niños son orillados a trabajar en actividades como la venta de artesanías en las calles, el corte de caña, la recolección de basura y, en casos más extremos, a la minería y extracción de grava y arena.
Óscar González Valleza, responsable de Melel Xojobal, explicó que las actividades que realizan las infancias deben analizarse a partir de sus condiciones, horarios, remuneración y efectos en el ejercicio de sus derechos, sin equiparar automáticamente todas las labores con situaciones de explotación.
“Lo que para nosotros es importante es hacer una división y entender también el factor originario comunitario que tenemos aquí en la región”.
Indicó que en las comunidades indígenas algunas actividades forman parte de la transmisión de conocimientos agrícolas, artesanales, culturales y de la lengua materna entre generaciones. El problema aparece cuando las labores se convierten en cargas excesivas, impiden asistir a la escuela, se realizan durante jornadas prolongadas o no reciben una remuneración justa.
Las edades permiten identificar cómo cambia la participación de niñas, niños y adolescentes en las actividades laborales.
González Valleza agregó que, en el caso de los menores de 10 años, Melel Xojobal suele identificarlos como acompañantes de sus familias, debido a que muchas madres los llevan consigo mientras trabajan ante la falta de espacios de cuidado infantil.
En estas edades, su presencia puede incluir actividades ocasionales, como entregar el cambio en un puesto comercial, sin que necesariamente exista una responsabilidad laboral directa. No obstante, la organización considera importante vigilar sus condiciones para evitar que la participación temprana afecte su desarrollo.
A partir de los 10 años, explicó, comienza a observarse una participación más directa en las actividades económicas. En algunos casos, las niñas y los niños ya conocen el funcionamiento de los pequeños comercios, participan en la venta de productos o recorren las calles para ofrecer artesanías.
Entre los 12 y 13 años, agregó, algunos adolescentes asumen responsabilidades más definidas y se incorporan a actividades en las que reciben un salario o contribuyen directamente a la economía familiar.
Algunos de los trabajos que admiten, pese a los riesgos que conllevan, son:
- Extracción de grava y arena
- Recolección de residuos en basureros
- Corte de caña y labores agrícolas
- Venta ambulante y comercialización de artesanías
José Encinos, encargado del área de Defensoría de Melel Xojobal, expuso que en San Cristóbal de Las Casas las familias acompañadas por la organización mantienen una combinación de actividades escolares y laborales.
Por su parte, Antonio Benavides Castellanos, coordinador nacional del Proyecto Accionar de la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para México y Cuba, mencionó que otra de las aristas del trabajo infantil es la falta de remuneración: en 2024, de cada 100 niñas, niños y adolescentes que trabajan, 42 no reciben ningún pago y 38 obtienen menos del salario mínimo.
En conjunto, estas cifras representan a 80 de cada 100 que no reciben remuneración o perciben ingresos inferiores al salario mínimo. Sin embargo, el dato no permite afirmar que los 80 carezcan de cualquier beneficio económico, pues quienes reciben un pago inferior al mínimo sí obtienen algún ingreso.
La situación, de acuerdo con el planteamiento expuesto, puede traducirse en afectaciones a la educación, bajo rendimiento escolar y riesgos para la integridad física.
González Valleza insistió en que las respuestas institucionales no deben centrarse únicamente en retirar a las infancias de las calles, sino en comprender por qué trabajan, qué actividades realizan y en qué condiciones.
Con información de Álvaro Morales, Flor Miranda Mayo, Jonathan González y Mario C. Rodríguez
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