La euforia del Mundial no se quedó en los estadios. Millones de videos grabados y compartidos en tiempo real alimentaron, además de la fiesta, un fenómeno que preocupa a especialistas en comunicación y derechos digitales, la identificación apresurada de responsables en episodios virales, casi siempre sin verificación formal de los hechos.
El fenómeno no es menor. De acuerdo con el Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), uno de cada cinco usuarios de internet en México, es decir 19.4 millones de personas, reportó haber sufrido algún tipo de acoso cibernético en el último año. El mismo estudio señala que en 61.1 por ciento de los casos la víctima no supo identificar a la persona responsable del ataque, debido a que gran parte de los agresores opera desde perfiles anónimos o con identidades falsas.
Especialistas describen este tipo de episodios como linchamientos digitales, un fenómeno que combina tres elementos, la velocidad con la que un contenido se vuelve viral, la falta de verificación por parte de quienes lo replican, y la dificultad de revertir una acusación una vez que se ha masificado. El patrón se repite de forma similar en cada caso, un video circula, una audiencia cree reconocer a alguien en él, y en cuestión de horas esa persona, sin haber sido confirmada, ya está señalada, expuesta y atacada.
El Mundial produjo varios episodios de este tipo. Uno de ellos ocurrió tras el partido entre México y Ecuador, cuando un video de una agresión circuló ampliamente en redes y la conversación digital atribuyó la conducta a una persona equivocada, una confusión que alcanzó incluso a LCH Luxury Travel, una agencia de viajes mexicana sin relación alguna con los hechos. La empresa desmintió la vinculación mediante un comunicado que precisó los hechos, aunque la conversación en redes tardó varios días más en disiparse por completo, un reflejo de que la corrección rara vez viaja a la misma velocidad que la acusación original.
El caso reabre una discusión que distintas organizaciones de derechos digitales han planteado en los últimos años, sobre la responsabilidad de los usuarios al compartir contenido no verificado y sobre los mecanismos con los que cuentan las personas o negocios señalados por error para defender su reputación.
Las plataformas cuentan con procesos de apelación para el contenido reportado o retirado, pero su resolución puede tomar días o semanas, un plazo que rara vez coincide con la velocidad de la viralización. Mientras la legislación en la materia avanza con lentitud, los episodios registrados durante el Mundial dejan una constancia difícil de ignorar, en la conversación digital, una acusación puede propagarse en minutos, pero repararla puede tomar mucho más tiempo.
EA