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  • Brazos caídos. La protesta silenciosa contra el primer enfermero director de una clínica

El nombramiento de Humberto Jiménez García como director del Hospital Comunitario Víctor Rosales abrió la conversación sobre el rol de las y los enfer

Un enfermero puede salvarte la vida. Pero dirigir un hospital sigue siendo polémico en este país. El nombramiento de Humberto Jiménez García provocó protestas de médicos en Calera, Zacatecas.

DOMINGA.– Durante doce horas los médicos del Hospital Comunitario Víctor Rosales suspendieron el ritmo habitual atendiendo apenas lo indispensable. Era una jornada de brazos caídos. Una protesta silenciosa. El motivo no era la falta de insumos ni un retraso salarial para el sector salud en Calera, Zacatecas. Era otra cosa: por primera vez en el país un enfermero había sido nombrado director de un hospital.

El nombramiento de Humberto Jiménez García, en febrero de 2026, se celebró dentro del gremio de enfermería como un ascenso histórico. Entre algunos médicos, en cambio, se leyó como una ruptura incómoda. Fueron doce horas de silencio activo. Doce horas para decir: algo cambió y no todos están de acuerdo.

La escena es clara. Mientras enfermeras y enfermeros aplauden –como si celebrara algo más que un cargo, como si terminaran años de invisibilidad, de haber sido colocados “al lado” o “atrás” de alguien–, otro sector cuestiona. No es sólo un nombramiento. Es una fisura. “Sí genera controversia”, admite Jiménez García, en entrevista con DOMINGA. Y luego lanza una pregunta que incomoda más que cualquier protesta: “Si las cosas cambian, ¿por qué no cambiar también esto?”.

La designación de Jiménez García formó parte de una serie de nombramientos que el IMSS Bienestar realizó a personal de enfermería
La designación de Jiménez García formó parte de una serie de nombramientos que el IMSS Bienestar realizó a personal de enfermería | Cortesía


Cada 12 de mayo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Enfermería –establecido en 1965 y promovido por el Consejo Internacional de Enfermeras–. La fecha no es casual: marca el nacimiento en Italia de Florence Nightingale en 1820, la mujer que convirtió el cuidado en disciplina, método y ciencia. La dama de la lámpara caminó entre heridos en la guerra de Crimea, fundó la primera escuela formal de enfermería en el Hospital Saint Thomas de Londres y redefinió una profesión subestimada. Dos siglos después de su nacimiento, la discusión sigue abierta. Un enfermero o enfermera parece que no puede dirigir un centro de salud.

Enfermeras y enfermeros en la trinchera del covid-19

Humberto Jiménez García habla desde un lugar distinto. No sólo desde el escritorio que hoy ocupa, sino desde la orilla de una cama hospitalaria. Desde donde se cuida. Se sostiene. Se espera. Desde donde la medicina deja de ser teoría y se vuelve cuerpo. Porque la enfermería, dice, conoce el hospital completo. No en partes. No por especialidad. Completo. “Desde la aguja que entra en una cirugía hasta la máquina que respira por un paciente en terapia intensiva. Desde la preparación de un quirófano hasta la madrugada en la que nadie más está… a veces ni los propios familiares”. Veinticuatro horas. Ahí está la enfermería.

Pero ese lugar no siempre tuvo voz. Durante décadas la enfermería fue pensada como acompañamiento. Como extensión. Apoyo. Como si el cuidado no fuera conocimiento ni tuviera que ser remunerado. Nunca como decisión. Hasta que la pandemia lo rompió todo. El 20 de abril de 2020, en plena crisis sanitaria, México vio –y escuchó– algo distinto. En la conferencia vespertina sobre el covid-19 apareció una voz que no era médica pero que sostenía el sistema desde adentro.

Era La Jefa Fabiana. Fabiana Zepeda Arias se expresó con la voz entrecortada sobre los ataques que sufría el personal de salud por parte de la sociedad: “Duele hablar de lo que le pasa a tu gente… los trabajadores de la salud también somos personas”. No pidió reconocimiento. Pidió respeto. Y en ese momento, millones entendieron algo que había estado frente a ellos todo el tiempo.

Durante la pandemia del COVID-19, el personal de enfermería estuvo en la primera línea de atención
Durante la pandemia del COVID-19, el personal de enfermería estuvo en la primera línea de atención | Jesús Quintanar/ Milenio Diario


En terapia intensiva, cuando el mundo se cerró y las familias desaparecieron detrás de una pantalla, alguien tuvo que quedarse. Y se quedó. Una enfermera. Un enfermero. Siempre había uno. “Morían solos nuestros pacientes”, recuerda Jiménez García desde Zacatecas. “Pero no del todo”. Porque en ese vacío –el más cruel–, la enfermería inventó formas de presencia: cartas que leían en voz alta, audios reproducidos junto a una cama, despedidas prestadas. Leerle a un paciente sedado el mensaje de su hijo. Sostener la última voluntad de alguien que no podía respirar. Convertirse, por un instante, en familia. Eso no estaba en ningún protocolo. Eso era otra cosa. Humanidad.

Hubo un momento que marcó a Humberto. Un hombre –padre de familia– se resistía a ser intubado. El miedo, alimentado por la desinformación, lo fue empujando al límite. Cuando finalmente no pudo respirar, ya era demasiado tarde. Pero en medio del ruido de los equipos médicos, ocurrió algo que no se olvida: el paciente comenzó a despedirse. No veía rostros, sólo caretas y cubrebocas. Veía ojos. Y en esos ojos –los de un enfermero– depositó sus últimas palabras: “encárgale a mis hijos… dile a mi hermano… diles que los quiero”. Detrás de un paciente siempre está un esposo, un padre, un amigo, un hermano.

“Ahí entendí el miedo”, dice. Y también entendió algo más: que la enfermería no está al lado de nadie. Está en el centro de todo.

Sólo seis enfermeros ocupan espacios directivos

En medio de esa tensión, en las crisis es donde la mirada cambia de dirección: hacia quienes sostienen. En las pandemias. En las guerras. En la novela Adiós a las armas, de Ernest Hemingway, las enfermeras mantienen en pie hospitales en medio del derrumbe. No dirigen ejércitos pero evitan que todo colapse; no trazan estrategias en el frente pero hacen posible que la vida continúe dentro del caos. Son estabilidad en un mundo roto. Como entonces. Como ahora.

“Por eso amo la enfermería. No encuentro otra profesión en la que podamos hacer eso por otra persona: sostenerla y cuidarla así. Podemos suplir funciones esenciales de nuestros pacientes, desde bañarlos hasta peinarlos o afeitarles el rostro para que se vean bien, incluso cuando están sedados. Eso nos da un corazón muy grande”, dice Humberto. Hoy, esa estabilidad –ese cuidado– empieza a ocupar lugares de poder. No sin resistencia. No sin debate. Pero tampoco sin historia.
Hospital Comunitario "Víctor Rosales", hoy dirigido por el enfermero Humberto Jiménez
Hospital Comunitario "Víctor Rosales", hoy dirigido por el enfermero Humberto Jiménez | Especial


Porque si algo dejó la pandemia –más allá de las cifras– fue una certeza difícil de ignorar: cuando todo falla, cuando nadie más puede quedarse, cuando el mundo se encierra… la enfermería permanece. Y ahora, también decide.

Esa centralidad –históricamente ignorada– comienza a tomar forma institucional y capaz dirigir sistemas complejos de salud. Hay licenciaturas. Especialidades. Maestrías. Doctorados. Hace poco más de dos décadas, la Universidad Autónoma de Nuevo León abrió el primer doctorado en Ciencias de la Enfermería en México. No fue sólo un avance académico: fue un cambio de jerarquías. La profesionalización elevó el conocimiento, pero también la posibilidad de tomar decisiones.

Humberto Jiménez García lo entendió desde el principio. Desde niño quiso ser enfermero. Pero no únicamente cuidar: también dirigir. No tenía referentes cercanos que le mostraran ese camino. En los hospitales, el poder llevaba bata médica. Aun así, había una figura que le demostraba que otra historia era posible: Florence Nightingale, la primera enfermera en dirigir y gestionar un hospital en el mundo.

Se formó para ello. Humberto no improvisó en el ascenso: lo construyó. Estudió maestrías en Administración Hospitalaria y en Gestión de Enfermería. Recorrió el hospital desde la operación hasta la coordinación. Y ahora, la dirección. Dirigir un hospital no es un título; es una carga precisa. Garantizar atención segura. Ordenar el caos sin que se note, establecer protocolos. Tomar decisiones cuando no hay margen para equivocarse. Hacer rendir recursos, esos que nunca alcanzan.

Para llegar a la dirección del hostpial, Humberto Jiménez se preparó en Administración Hospitalaria y Gestión de Enfermería |
Para llegar a la dirección del hostpial, Humberto Jiménez se preparó en Administración Hospitalaria y Gestión de Enfermería | Especial


En México, más de 124 mil enfermeras y enfermeros sostienen el sistema público de salud del IMSS Bienestar. Han sido quienes están al frente del cuidado, pero lejos de la toma de decisiones. Sin embargo, hoy, seis nombres comienzan a fisurar esa jerarquía rígida y a ocupar espacios históricamente reservados para otros perfiles. El de Humberto Jiménez y el de cinco enfermeras que fueron nombradas directivas después de él. Todas en Zacatecas:

Fátima del Rosario Ruíz Tapia (Centro de Salud Río Florido, en Fresnillo), Adriana Lizet Hernández Moreno (Centro de Salud “La Villita”, en Jalpa), Estefanía de la Torre Muro (Centro de Salud de Tepetongo), Alma Delia Bañuelos de Luna (CESSA Pinos), Judith Isabel (Campos Márquez Unidad de Primer Nivel). Todavía pocos para transformar por completo un sistema gigantesco. Pero que ya dejaron de ser la excepción.

Detrás de ese cambio hay decisiones que también implican riesgo. Carlos Hernández Magallanes, coordinador estatal del IMSS Bienestar de Zacatecas, fue quien empujó esa puerta que permanecía cerrada para el personal de enfermería. Primero nombró a Humberto con un cargo directivo en febrero de 2026. Después, a cinco enfermeras en distintas unidades del estado. No era una decisión cómoda. No podía serlo. Romper un esquema tan arraigado implica exponerse. A la duda, al cuestionamiento, al error. “Claro que generaba inseguridad”, reconoce. Nadie quiere ser quien rompa lo que siempre ha sido así. Pero a veces es necesario hacerlo.

“Pero no nos equivocamos. Humberto y las enfermeras –en los cargos directivos– están haciendo un extraordinario trabajo. El área de enfermería la teníamos a un lado… y había que darle una oportunidad”, asegura Carlos Hernández.

Dirigir un hospital implica decisiones clínicas complejas. La objeción de los retractores, del gremio médico es legítima. Pero la respuesta desde enfermería es otra: llevamos años haciéndolo sin el nombramiento. Porque hay decisiones que no se firman pero se ejecutan todos los días. En silencio. En turno nocturno. Al pie de la cama. En el último aliento de sus pacientes. Ahí donde, desde siempre, la enfermería ya dirigía… sin poder llamarlo así.

GSC/ASG


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Claudia Solera
  • Claudia Solera
  • Periodista de investigaciones especiales desde hace 16 años en medios nacionales e internacionales. Premio Roche 2020 de Periodismo en Salud. Periodista por la Universidad de los Andes de Colombia.
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