En la esquina de la 3 Poniente y 16 de Septiembre, justo frente a la Catedral de Puebla, hay una escena que parece detenida en el tiempo: una cámara, algunas fotografías y un hombre que, a sus casi 96 años, sigue esperando a quien quiera llevarse un recuerdo de la Angelópolis. Se trata de don Demetrio Xolocotzi Hernández, uno de los personajes más queridos del Centro Histórico y el último fotógrafo de aquella generación que durante años convirtió la plancha del Zócalo en su lugar de trabajo.
Cada mañana, después de desayunar, don Demetrio sale de casa y se dirige al Centro Histórico. No lo hace únicamente por necesidad económica. Lo hace porque, dice, quedarse en casa lo hace sentir inútil. En cambio, detrás de su cámara encuentra compañía, conversación y una razón para continuar.
La historia de don Demetrio con la fotografía comenzó por necesidad. Tenía apenas 14 años cuando empezó a trabajar como obrero, pero décadas después, en 1970, la llegada de maquinaria moderna provocó que su oficio desapareciera y se quedara sin empleo.
Fue entonces cuando un amigo le ofreció enseñarle fotografía. No necesitó una escuela ni años de preparación. Durante un mes caminó junto a él por pueblos, ferias y fiestas, aprendiendo a utilizar una cámara y a encontrar en cada lugar una oportunidad para retratar a las personas.
“Me prestaba su cámara y él me iba dirigiendo para agarrar la práctica”, recordó don Demetrio, en entrevista para Multimedios Puebla.
Al terminar ese mes, su amigo le dijo que ya estaba listo. Incluso lo acompañó a comprar su primera cámara y el material necesario para comenzar por su cuenta.
Don Demetrio comenzó entonces a recorrer pueblos, fiestas y ferias. Era una época en la que no existían los teléfonos celulares y mucho menos las cámaras digitales. Si alguien quería conservar una imagen de un momento especial, necesitaba de un fotógrafo.
Con el paso de los años llegó a la esquina de la 3 Poniente y 16 de Septiembre. Ahí formó parte de aquella generación de fotógrafos que se instalaba en la plancha para ofrecer a turistas y poblanos la posibilidad de llevarse una fotografía como recuerdo de su visita.
Todos los días permanece frente a la Catedral de Puebla. Don Demetrio admite que no todos los días consigue trabajo. A veces hay clientes y otras veces no. Su jornada termina alrededor de las siete de la noche, cuando comienza a oscurecer.
Su presencia forma parte del paisaje del Centro Histórico. Don Demetrio es un testigo de la evolución de la fotografía.
AAC