Comunidad

Manos otomíes tejen la tradición para Domingo de Ramos en Edomex

Las mujeres que con dedicación entrelazan las hojas de palma piden el pago justo a su trabajo, “solo así esta tradición no morirá”

La celebración del Domingo de Ramos es muy especial para la comunidad otomí del norte de Toluca, pues la tradición y el amor se tejen hasta dar forma a las llamadas “palmitas” que en diversos tamaños y figuras recuerdan la entrada de Jesús a Jerusalén y también la herencia de un pueblo que sigue preservando su historia.

Tradición historica

La comunidad de San Cristóbal Huichochitlán sigue viva y resistiendo, mostrando su riqueza y diversidad, y a pesar del paso del tiempo, sus guardianas siguen manteniendo y preservando sus prácticas y tradiciones, como el tejido en palma, un saber heredado de generación en generación, que hoy es motivo de orgullo y satisfacción para este pueblo originario que se considera a sí mismo como la nación hñähñu.

Los preparativos para esta celebración comienzan hasta cuatro meses antes, es decir, prácticamente desde inicios de año. El primer paso es hacerse de la materia prima: la palma, que viene desde Guerrero; una vez que se tiene este material natural, se comienza con su secado, para poder trabajar las distintas formas y tamaños, aunque también se hace cuando la palma está fresca para que tenga una mayor maleabilidad.

Así se comienza todo el proceso creativo, en el que se conjuga la sabiduría de al menos tres generaciones con la creatividad y el sentir de quien teje. En estas piezas, aseguran, no solo invierten tiempo, también dejan un poquito de su vida, de sus sentimientos, de su fe.

Una práctica ancestral que forma parte de la Semana Santa en México y que representa fe, identidad cultural y sustento económico.
Una práctica ancestral que forma parte de la Semana Santa en México y que representa fe, identidad cultural y sustento económico. (Tania Contreras)

Mientras las ideas, los aromas y el tacto se suman en cada trenzado, las manos de cientos de mujeres, principalmente, dan forma a cruces y otras figuras religiosas que recuerdan la fe, la esperanza y la bondad, como símbolos de protección y cuidado.


Para ellas, el Domingo de Ramos es más que oraciones o arrepentimientos; es una fecha en la que, en una especie de ofrenda, entrelazan, cruzan, tuercen esta fibra natural con la que, en cada cruz tejida, no solo honran su trabajo y su pasado, sino que ven en su presente esa oportunidad de hacerse de un recurso extra en medio de las dificultades.

Durante este proceso son muchos los pensamientos que cruzan por la mente, muchos los sentimientos que quedan como testigos de este oficio y también es mucha la satisfacción al ver cada una de las piezas terminadas, pues son únicas y totalmente hechas a mano.

Un honor que se convierte en tradición

En su plaza principal, y rodeando el quiosco de esta comunidad, se congregan decenas de mujeres. Hincadas, sentadas o de pie, tejen de prisa estas “palmitas”, pues este se convierte en uno de los principales mercados para quienes después revenderán estas piezas artesanales afuera de los templos religiosos.

El quiosco no ha dejado de ser uno de los espacios más importantes de esta comunidad, y sus mujeres son el verdadero centro, tanto de las familias como del pueblo mismo. A una velocidad que parece increíble, las mujeres tejen; sus dedos se deslizan a prisa por esta fibra y le dan esa forma tan tradicional, entre moños y cruces.

Cada “palmita” elaborada por artesanas otomíes representa horas de trabajo, creatividad y fe (Tania Contreras)
Cada “palmita” elaborada por artesanas otomíes representa horas de trabajo, creatividad y fe (Tania Contreras)

Entre esta decena de mujeres hay cierta hermandad; todas, o al menos la mayoría, se conocen y se ayudan mutuamente. Entre ellas está Magdalena Aguilar, del barrio de San Gabriel, de esta comunidad al norte de Toluca, quien asegura que a pesar de todo esta tradición sigue.

“Antes de que yo tejiera ya estaba la tradición; ahorita otra vez estamos aquí tejiendo”, dice satisfecha.

En cada pieza, y gracias a su habilidad y a la suma de años en los que se ha hecho de experiencia, explica que puede tardarse apenas cinco minutos en tenerla, pues asegura que su trabajo es delicado, pero veloz.

Recuerda que su mamá y su papá fueron sus primeros maestros hace ya varias décadas y hoy se siente orgullosa, dejando un legado a las nuevas generaciones.

“Tenía yo como unos cinco años cuando empiezo a tejer; primero me enseñé a tejer sombreros, ya después empecé con la palma”.

Al ser un centro de comercio al que llegan por grandes cantidades estas palmas, los costos se fijan por docena, lo que realmente les deja muy pocas ganancias; pero a pesar de todo, les brinda un recurso extra para sus familias.

Pago justo por su trabajo.

A pesar de esta riqueza cultural, de su creatividad, tiempo y cansancio, su trabajo no es valorado como se debe; por ello, uno de los llamados es que en esta celebración se pague de manera justa, pues solo así se podrá continuar con esta tradición.

“Más que nada, uno se cansa para tejer; aquí luego son muchos los que tejen y luego terminan rematándolo; yo sí pido que no lo malbaraten, que den el precio que vale. No es por el material, es por nuestro trabajo, por el tiempo”.
En la plaza principal de San Cristóbal Huichochitlán, decenas de mujeres otomíes trabajan intensamente (Tania Contreras)
En la plaza principal de San Cristóbal Huichochitlán, decenas de mujeres otomíes trabajan intensamente (Tania Contreras)

Domingo de Ramos


El Domingo de Ramos conmemora el pasaje bíblico de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, marcando el inicio de la Semana Santa. Representa el reconocimiento de Jesús como Mesías y Rey por la multitud, quien lo recibió arrojando a su paso ramos de palma y olivo, anticipando su pasión, muerte y resurrección.

En México, y en el Estado de México, se acostumbra adquirir las palmitas recordando este momento de fe. Estos tejidos se bendicen y se guardan en los hogares como un símbolo de amor, de esperanza y protección.

En algunos casos especiales, por ejemplo durante lluvias muy intensas o granizadas, se tiene la creencia de que al quemarlas se protege no solo el hogar, sino también a la comunidad.

También suelen prenderse cuando hay alguna dificultad o preocupación muy grande, ya que se dice que, a través de ese acto simbólico, se tiene ese contacto con la divinidad.

​HCG


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