En redes sociales ha circulado un video del momento exacto en que un autobús de transporte público de la ruta Serapio Venegas en Tampico volcó en el bulevar Adolfo López Mateos muy cerca de la Laguna del Carpintero.
El martes 10 de febrero parecía transcurrir con normalidad. El tráfico fluía como cualquier otro día sobre el bulevar Adolfo López Mateos, una de las arterias más transitadas de Tampico. Las unidades avanzaban rumbo al centro de la ciudad, donde a diario miles de personas abordan el transporte público para llegar a sus trabajos, escuelas o realizar trámites.
Fue en ese punto, Justo cuando algunos vehículos se incorporaban al bulevar, que pasó frente a ellos el camión de la ruta Serapio Venegas. Parecía ir a velocidad inmoderada. Pero sin embargo, nada hacía pensar que segundos después la escena cambiaría por completo. (Aparentemente la conducción del transporte público considera que no importa la velocidad, pues si te atrasas podrías ser sancionado económicamente).
De pronto, la pesada unidad perdió el control y comenzó a avanzar derribando a su paso varias palmeras del camellón. Los troncos cayeron uno tras otro mientras el autobús seguía su trayectoria hasta terminar volcado sobre los carriles de norte a sur.
La imagen era impactante: el autobús de transporte público yacía de costado, con las llantas del lado izquierdo (aparentemente el eje delantero visible) expuestas al aire. Se alcanzaba a observar parte del mecanismo de la unidad, un fierro sobresaliente entre la estructura dañada. A su alrededor, las palmeras tiradas que completaban la escena.
Y mientras el camión permanecía volcado en medio del bulevar, ocurrió algo que no pasó desapercibido: ninguno de los vehículos que iban adelante se detuvo de inmediato para verificar si había personas lesionadas, pese a tratarse de un autobús de transporte público que, en condiciones normales, suele ir con pasaje rumbo al centro de Tampico.
Ante el bloqueo, varias unidades optaron por tomar una vía alterna hacia la entrada del Centro de Convenciones y los terrenos de la feria. Sin embargo, la unidad que grabó todo lo ocurrido decidió estacionarse. Sus ocupantes bajaron para ayudar.
La reacción ciudadana
A las 7:44 de la mañana, un hombre que circulaba en bicicleta fue de los primeros en acercarse. Rodeó el camión buscando un punto de acceso y, como pudo, logró comunicarse con el conductor que había quedado atrapado en el interior.
Minutos después, a las 7:45 am, se detuvo otro vehículo. De él descendió una mujer vestida con ropa que parecía ser de enfermera, posiblemente del sector salud. Con voz firme comenzó a dar instrucciones al chofer, indicándole que intentara salir por la ventanilla de emergencia. Sin embargo, la ventanilla nunca pudo abrirse.
Para las 7:46 am, entre el bullicio, el ciclista consiguió asomarse por una de las ventanas destinadas a los pasajeros. Desde ahí pudo ver al conductor recostado, consciente, visiblemente afectado pero en comunicación. Los ciudadanos se organizaron para intentar auxiliarlo. Algunos trataban de abrir las salidas desde el exterior; otros insistían en llamar al 911.
Un minuto después, a las 7:47 am, surgió otro problema: no podían comunicarse con emergencias. Varias personas aseguraban que las llamadas no entraban. En ese mismo lapso, el conductor, aún dentro de la unidad, confirmó un dato que cambió el tono de la escena: venía solo. No había pasajeros a bordo. No había más lesionados. Solo él.
Hacia las 7:48 am, el chofer intentaba salir por las puertas de emergencia ubicadas en el techo del autobús. Estas escotillas están diseñadas precisamente para casos como volcadura o bloqueo de puertas laterales; permiten la evacuación cuando la unidad queda de costado o cuando las salidas principales quedan inutilizadas. Sin embargo, desde fuera los ciudadanos tampoco lograban abrirlas.
Conforme avanzaban los minutos, cerca de las 7:49 am, la desesperación crecía.
Para entonces, alrededor de las 7:50 am, en la escena quedaba claro que, en la vida cotidiana, los minutos suelen parecer irrelevantes. Se van entre trayectos, pendientes y rutinas. Pero en un accidente, el tiempo deja de ser abstracto y se vuelve vital. Cada minuto sin auxilio pesa, cada intento fallido se acumula, y la espera se transforma en una urgencia silenciosa que avanza mientras la escena permanece inmóvil.
A las 7:51 am, la unidad seguía volcada. El tráfico desviado. Las palmeras sobre el bulevar. Y el auxilio sin llegar.
Finalmente, a las 7:52 de la mañana, el Cuerpo de Bomberos de Tampico arribó al lugar. Con herramienta en mano, utilizaron un pico para romper el sello que impedía abrir la salida de emergencia. Tras varios intentos lograron abrirla y liberar al conductor.
Afortunadamente, el accidente no terminó en tragedia. Solo el chofer resultó lesionado. No había pasajeros que lamentar.
VIDEO: Así fue la volcadura del microbus en el bulevard de Tampico
Iba vacío... pero pudo ser una tragedia | CRÓNICA de volcadura de autobus de transporte públicohttps://t.co/9Tsr9NBhmS pic.twitter.com/lfV4e6N5Eq
— Milenio Tamaulipas (@MilenioTam) February 12, 2026
Sin embargo, el incidente dejó al descubierto varios factores preocupantes sobre el transporte público en Tampico: la vulnerabilidad de las unidades, el funcionamiento de las salidas de emergencia, la falta de respuesta inmediata en las líneas de auxilio y la reacción inicial de indiferencia de algunos automovilistas ante un accidente que pudo haber cobrado muchas vidas.
Porque si ese camión, que diariamente recorre la ruta hacia el centro con un flujo abundante de pasajeros, hubiera ido lleno en ese momento, la historia sería otra.
El martes quedará como un recordatorio de lo tan efímero que puede ser la rutina y de lo cerca que estuvo Tampico de enfrentar una verdadera tragedia.