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“Hay que pedir con mucho amor y la flaca te cumple”: celebran a la Santa Muerte en Tampico

Al Callejón Reforma llegaron devotos desde otros estados, como cada año caminaron cargando a la “Niña Blanca”.

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Entre los puestos del mercado, donde el olor a fruta madura se mezcla con el de las flores recién cortadas, el Callejón Reforma de la colonia Cascajal de Tampico se transforma cada 1 y 2 de noviembre.

No hay espacio vacío. Las paredes de los locales se llenan de imágenes de la Santísima Muerte, la Niña Blanca, y el piso se cubre de pétalos, veladoras y ofrendas. El aire huele a incienso, perfume y tequila. Se escucha el mariachi. Se escuchan oraciones. Se escuchan sollozos.

Hombres y mujeres con camisetas estampadas con la calavera coronada caminan despacio. Llevan ramos de cempasúchil, rosas blancas, manzanas, puros y botellas. Algunos cargan estatuas pequeñas envueltas en telas. Otros aprietan fotos de familiares enfermos contra el pecho.

Hay quien llora en silencio frente a una imagen. Hay quien reza en voz alta, con los ojos cerrados y las manos juntas, como si la fuerza de las palabras pudiera atravesar el aire.

En medio de esa multitud está el padrino Lino Fregosi, del templo de la Santísima Muerte “Claudia”. Habla con la calma de quien ha visto crecer esta fiesta año tras año.

“Hay diferentes maneras de festejarle. Muchos como nosotros la sacamos en esta caminata, muchos le festejan en su casa, en su templo, pero aquí en el Callejón Reforma Tampico le festejamos cada año con una caminata aquí en el centro de Tampico”.

Cada vez más gente se suma a la celebración de la Santa Muerte 

La procesión avanza entre los locales. Cada vez más gente se suma. “Cada vez vienen más camionetas, vienen más Santísimas, vienen más devotos”, dice el padrino. “Porque este culto es muy hermoso, este culto es uno de los que no discrimina a nadie. Seas lo que tú seas, aquí tenemos las puertas abiertas para toda la gente”.

No es día de peticiones. Es día de agradecimiento. 

“En este día no se le pide nada, porque es su fiesta. Ahorita nada más venimos a agradecerle por todos los favores que nos ha hecho ella en todo el año”.

El mariachi no para. Los danzantes se mueven entre la gente. Más tarde llegan las oraciones.

Los devotos no solo llegan de Tampico, Madero y Altamira. Vienen de San Luis Potosí, Ciudad Valles, Querétaro, Pachuca, de la Ciudad de México. “Cada día se hace más y más fuerte este culto”, asegura el padrino.

“Es el único culto que te abre las puertas a todo mundo. Aquí no discriminamos a nadie, sea lo que seas, haya sido delincuente, haya sido drogadicto, nosotros no somos quién para estar juzgando a nadie. Aquí el único que se juzga es el de arriba”.

Habla de milagros con naturalidad. De personas desahuciadas de cáncer que sanaron, de problemas económicos que se resolvieron, de brujerías que se deshicieron. 

“Todo esto es con mucho amor. No nada más es de llegar y pedirle. Uno tiene que pedirle con mucho amor y la Santa Muerte te cumple lo único que tú realmente necesitas”.

Cuando cae la tarde, el Callejón Reforma sigue oliendo a cempasúchil y a incienso. El mariachi suena más lejos. Algunos se quedan arrodillados. Otros se van con una flor en la mano y la certeza de haber estado, aunque sea por unas horas, bajo la mirada protectora de la Niña Blanca.

ICGC


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Pablo Reyes
  • Pablo Reyes
  • Periodista con experiencia en cobertura política, social y nota roja. Colabora en secciones de local, regional, estatal y nacional en televisión, radio, impreso y web.
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