Comunidad
  • Con gran pasión, ganadero salva templos dañados

  • Antonio Rogel combina sus dos vocaciones: la arquitectura y la engorda de ganado fino; además, inició con una campaña de protección de venados cola blanca.
Antonio Rogel se dedica a la restauración de templos dañados y a la ganadería sostenible. Foto: (Mario Benitez)

Antonio Rogel sabía desde niño que su pasión era el campo. Su abuelo y su padre fueron ganaderos y él quería seguir el mismo camino. La promesa de tener un rancho propio la cumpliría en su pueblo natal, el municipio de Luvianos, al sur del Estado de México, lugar de tradición en la producción de ganado de alta calidad.

Sus padres siempre lo apoyaron, pero le pidieron que a la par del sueño de ser ganadero, tenía que estudiar una carrera universitaria; en medio de dudas sobre el futuro, Antonio se decidió por la arquitectura, elección que impactaría de forma total los planes de vida que había trazado. 

Al terminar la licenciatura, comenzó a trabajar en obras con bajos salarios. “Inicié bien austero; trataba de no gastar, casi no tenía para comer”, recuerda.

Con sus primeros ahorros logró comprar 12 vacas, con las que iniciaría la ruta que había soñado durante tanto tiempo. Su esposa, Azucena Tarango, fue el apoyo fundamental para iniciar y consolidar esta nueva apuesta.

Comienzo difícil

Sin embargo, en 2012 se quedó sin trabajo, las obras escaseaban o el pago era muy bajo. Antonio ya con una familia formada, tenía que seguir adelante; aunque no sabía bien hacia dónde. Tras dos años, en 2014 un amigo le pidió apoyo para hacer una capilla en San Diego la Huerta, municipio de Calimaya, solo que había una condición: la comunidad no tenía dinero para pagar sus honorarios, pero aceptó el reto, presentó el proyecto y comenzó la obra. Así nació Phase Cero. Inmobiliaria y Constructora.

Los vecinos quedaron muy satisfechos con el resultado, por lo que ahora la gente de la comunidad de Zaragoza, también de Calimaya, decidieron buscarlo, solo que esta vez el reto era mayor, ya que debía restaurar un templo antiguo.

El éxito obtenido en este inmueble le abrió la puerta en otros sitios y el siguiente fue la iglesia de Tlaxmajac, municipio de Huitzuco, Guerrero. En este lugar, la labor era aún más complicada, pues la bóveda principal estaba fracturada; sin embargo, logró que volviera a lucir y a ser el orgullo de los habitantes. 

Restauración de templo histórico por el arquitecto Antonio Rogel en colaboración con el INAH. Foto: (Mario Benitez)
Restauración de templo histórico por el arquitecto Antonio Rogel en colaboración con el INAH. Foto: (Mario Benitez)

Trabajo tras sismo

En el 2017 todo cambió, el temblor de septiembre afectó cientos de poblados en Guerrero, Puebla, Tlaxcala y, por supuesto, el Estado de México, generando incertidumbre y tristeza entre muchos pobladores que veían sus casas y sus templos destruidos por la potente onda sísmica.

Los sacerdotes de los sitios afectados le pidieron ayuda para salvar los edificios históricos. El trabajo en el templo de San Andrés Tlaxmajac fue definitivo en la consolidación de la reputación profesional del arquitecto. “Hice restauraciones antes del sismo y, cuando tembló, todo lo que ya habíamos hecho quedó en su lugar”.

Colaboración con INAH

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) impulsó un programa a gran escala, que incluyó a Antonio Rogel, para los trabajos de restauración y construcción.

San Andrés Ocotlán, en Calimaya, fue el primer templo restaurado, de ahí siguió con Atlapulco, en Ocoyoacac, para continuar con templos en la zona de los volcanes: Tlalmanalco, Juchitepec, Tenango del Aire y Ayapango.

Sin embargo, donde se enfrentó a uno de los mayores retos de su carrera fue trabajar en el retablo más antiguo de México, en la comunidad de San Andrés Mihuacán, en Puebla.

El arquitecto explicó que, al llegar a un templo, primero comienza a imaginar cómo era la vida de la gente que decidió construirlo, después, cuando avanza la restauración, es común que encuentre monedas, ofrendas y hasta petrograbados.

Cada dato le ayuda a reconstruir el rompecabezas y a descifrar los mensajes de personas que vivieron hace siglos y los dejaron para la posteridad. Al ser cuestionado sobre los riesgos que corren los edificios históricos, la respuesta es enfática: 

“El daño más grande es por la mezcla de recursos económicos y la ignorancia. No hay casas de concreto con más de 100 años, pero hay casas hechas de madera, piedra y tierra con cuatro mil años de existencia. Las piedras reaccionan a cada tratamiento que se les aplican, las piedras y los edificios también respiran”, dijo.

Actualmente, realiza trabajos en inmuebles de Ciudad de México, de Ciudad Altamirano y de Acapulco; y en el ex convento de San Buenaventura, en Cuautitlán, Estado de México.

Ganado Beefmaster en el rancho Luvimex, ejemplo de ganadería regenerativa en el Estado de México. Foto: (Mario Benitez)
Ganado Beefmaster en el rancho Luvimex, ejemplo de ganadería regenerativa en el Estado de México. Foto: (Mario Benitez)

Ganadería regenerativa

Sin embargo, nunca abandonó su sueño. Ahora, con una mayor solvencia económica gracias a su actividad en la restauración, se enfocó a su otra gran pasión, la crianza de ganado fino.

Decidió comprar un rancho en la zona de San Sebastián en el municipio de Luvianos, justo al pie de la imponente sierra de Nanchititla. Le llamó Luvimex Beefmaster, pero ahí se enfrentó a otra dificultad, las tierras estaban erosionadas debido al pastoreo intensivo por décadas y la tala de árboles había cambiado el paisaje, convirtiendo todo en un páramo.

La primera acción fue sembrar 30 mil árboles endémicos, para contener la erosión; además, decidió tomar cursos sobre pastoreo regenerativo y sobre producción y engorda de ganado.

Estos conocimientos chocaban con la idea tradicional de la ganadería, pues el principio básico de ésta consiste en permitir que los animales coman lo que quieran, durante el tiempo que quieran, “lo que deriva que en los terrenos los animales solo consuman cierto tipo de plantas, dejando que otras crezcan de manera no controlada”.

Nuevo método

Los conceptos cambian, pues el principal activo de esta ecuación ambiental es el suelo y el ganado se traslada a otro espacio; avanza en parcelas delimitadas, permitiendo la regeneración de los espacios verdes. La especie elegida fue Beefmaster, animales dedicados para la producción de carne de alta calidad.

Otro de los pilares de la agricultura regenerativa es que no hay químicos, ni en abonos ni en los alimentos para los animales, “se trata de que a diario el ganado consuma pasto nuevo y algunas bellotas seleccionadas, las cuales serán diseminadas en los terrenos para provocar la germinación de cierto tipo de plantas”.

“Al ser un proceso tan controlado, el pasto permite que haya mayor retención de agua en los terrenos, por lo que estos se mantienen verdes más tiempo, logrando detener la erosión”, indicó.

El profesionista reconoce que la ganadería no tiene una buena reputación, sobre todo ante los problemas derivados del cambio climático, pero afirma que con el nuevo método se combate este problema ambiental que afecta a todo el mundo.

“Soy el único que usa este método en la región de la Tierra Caliente y todo lo que sé se lo transmito a los ganaderos de manera gratuita. Siempre les digo que la ganadería regenerativa es un buen negocio, así no contaminamos el suelo, solo les pido que tengan paciencia, porque los resultados tardan, pero se ven a partir del segundo año”, expresó.

Eliminación de parásitos

Otro de los resultados positivos de este tipo de ganadería es la eliminación de parásitos como las garrapatas, ya que al estar rotando al ganado en diferentes parcelas, no permiten que el ciclo vital de estos insectos continúe.

“También es una forma de prevenir las afectaciones del gusano barrenador, aunque aquí es necesaria la liberación de la mosca estéril que combate de manera directa a esta plaga, además de frenar el tráfico ilegal de ganado”, dijo.

Con los recursos obtenidos como restaurador y ganadero, comenzó a proteger a los venados cola blanca, aquellos que poblaron vastas zonas de México, pero que fueron cazados hasta el borde de la extinción.

La zona de su rancho es perfecta para lograr la reproducción, la cual comenzó a dar resultados exitosos al poco tiempo de que la primera pareja de venados llegó. Pero el cambio va más lejos, se dejó de perseguir y matar a los zorros y a la fauna endémica que bajaba a su rancho, lo que al paso del tiempo le retribuyó.

Esa fauna silvestre, ahora protegida y respetada, se encargaría de eliminar una plaga de cuiniques, una especie de ardilla endémica de la cuenca del río Balsas que invadió rápidamente la propiedad en un año de sequía.

La tenacidad y la perseverancia han dado resultados positivos y Antonio observa desde un mirador toda su propiedad. “Jamás imaginé que el niño que repartía leche de vaca iba a terminar restaurando catedrales y engordando ganado fino”.

PNMO

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