Con la columna lesionada, un bastón como apoyo y una cirugía que sigue posponiendo por miedo a no volver a caminar, María del Socorro Gutiérrez Maya cruza cada mes el río Pánuco para llevar a su nieto de cinco años a sus consultas en el Hospital Psiquiátrico de Tampico. Para ella, el dolor puede esperar; el tratamiento del niño, no.
Habitante del ejido Emiliano Zapata, en Pueblo Viejo Veracruz, la adulta mayor asumió el cuidado del menor porque su hija emigró a Monterrey en busca de trabajo. El niño fue diagnosticado con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y no puede interrumpir su tratamiento médico.
Relega su propio dolor por su nieto
Ella no quiere dejar de acompañar a su nieto a sus consultas con el paidopsiquiatra, así que ha decidido relegar su propio dolor para garantizar la atención de su salud mental.
Cada mes, María del Socorro y su nieto repiten el mismo recorrido. Salen de su comunidad, cruzan el río Pánuco en lancha y después toman un vehículo hacia el centro de Tampico y después otro hacia el hospital para llegar a la consulta médica. El menor recientemente terminó el jardín de niños y su evolución depende de que continúe recibiendo atención especializada.
“El niño prácticamente es mío porque yo todo el tiempo lo tengo”, cuenta. Su hija, madre soltera, vive en Monterrey, donde trabaja para mantenerlo. La distancia y las dificultades económicas hacen que sus visitas sean esporádicas. “Ahorita no va a venir hasta diciembre porque se le complica. Quería que yo me fuera de vacaciones, pero le digo que no me puedo ir porque el niño requiere atención y yo no quiero interrumpir su tratamiento”, relata.
Hace apenas unos días, recibió los resultados de dos estudios de la cabeza, con los que los especialistas continuarán evaluando su condición. Además, le recomendaron llevarlo a natación, fútbol o béisbol para ayudarle a canalizar la energía que caracteriza su padecimiento.
¿Qué le paso a María Gutiérrez?
Mientras acompaña a su nieto en ese proceso, María del Socorro enfrenta una batalla silenciosa con su propia salud. Hace algunos años sufrió un accidente en un transporte en Veracruz que le provocó severas lesiones en la columna y dañó varias vértebras. Desde entonces ya no pudo volver a trabajar.
Durante dos décadas se desempeñó como empleada doméstica para poder sacar adelante a sus hijos. Recuerda que su esposo consideraba suficiente que estudiarán únicamente la primaria, pero ella se negó a aceptar ese destino. “Mis hijos tienen que estudiar”, se repetía mientras trabajaba jornadas completas para pagarles la escuela.
Hoy camina apoyada en un bastón y los médicos le han advertido que su condición es delicada. La cirugía que necesita implica cuatro incisiones en la espalda y la colocación de tornillos para estabilizar los huesos dañados. Sin embargo, el temor a perder la movilidad pesa más que el dolor.
“Yo ahorita camino con mi bastón, pero camino. A lo mejor ya con la cirugía no camino y no... yo llevo a mi nieto y lo traigo a donde lo necesita”. Las crisis de dolor son cada vez más frecuentes. Hay días en los que debe permanecer acostada y otros en los que recurre a los medicamentos para soportar las molestias y poder levantarse al día siguiente.
Ya no hay remedio para su enfermedad
Los especialistas han sido claros sobre el avance de su enfermedad. “El doctor me dijo que lo de los huesos es grave, que ya no hay remedio; que ahorita voy a usar el bastón, del bastón sigue el andador y del andador la silla de ruedas”.
Aun así, no deja que el miedo la paralice. Mientras tenga fuerzas para caminar, seguirá cruzando el río y recorriendo el camino hasta el hospital para que su nieto no falte a una sola consulta.
Sabe que llegará el momento en que alguien más tendrá que hacerse cargo del pequeño, pero espera que ese día tarde en llegar.
“Ojalá y Dios me preste el poder caminar para salir adelante con esto”, expresa.
Por ahora, su bastón sostiene mucho más que su propio cuerpo: sostiene la esperanza de un niño cuyo futuro depende, en gran medida, del amor y la fortaleza de una abuela que ha decidido cargar con su dolor para que él tenga la oportunidad de salir adelante.
RCEH