Todas las mujeres que están aquí tienen algo en común: han sido víctimas de violencia, afirman. A la voz de no estás sola se suma una y otra más hasta que pronto se vuelven coro frente a la Comisión de Derechos Humanos de Hidalgo (CDHEH), este 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Mientras la tarde avanza y la noche llega, los policías se resguardan del frío atrás de las vallas que rodean palacio de gobierno y la estación del Tuzobús. Ocasionales peatones cruzan la plaza Juárez que luce desierta, en espera de la marcha y la protesta que en esta ocasión no llegarán.
En el centro histórico las luces de la plaza Independencia no prenden, por lo que el Reloj de Pachuca permanece entre la oscuridad rodeado de vallas, en cuyo interior los policías se divierten con las grandes lonas negras que protegen la base del monumento de cantera y que el viento mueve de arriba a abajo, de derecha e izquierda, en medio de un rumor de plástico y de risas.
También aquí la policía se quedó a la espera, ante lo cotidiano de la ciudad que transcurrió sin novedad alguna, contrario a lo que habían previsto las autoridades.
Las torretas de varias patrullas iluminan ocasionalmente las siluetas de los agentes que salen del interior de las vallas con escudos y cascos que no usaron, los bomberos y los elementos de Protección Civil con los extintores que solamente cargaron.
Al darse cuenta que en esta ocasión los contingentes no llegarían con sus consignas, solo entonces encendieron las luces de la plaza Independencia.
Protestan en CDHEH por violencia judicial
Pero frente a la comisión de derechos humanos, sobre la avenida Juárez, surgen los testimonios, el llanto, el abrazo solidario.
“Ya no más custodia para agresores, deudores alimentarios y responsables de violencia vicaria y acoso digital”, dicen las mujeres.
Lizeth narra que un hombre acosó a su hija y que actualmente permanece recluido en el penal, pero advierte que no inicia la audiencia para que haya justicia. Otra mujer señala corrupción de un Ministerio Público, de un agente de investigación y de un juez.
“Víctima de violencia vicaria. El agresor Armando N. se llevó a mi hija Romina desde hace seis meses y no sé de su paradero, en complicidad con su abuela paterna”, según otro testimonio.
Justicia para Katia, Paula y Dante, afirman las mujeres vestidas de negro, sentadas una tras otra, mientras cuentan sus historias.