Wagner Moura ha vivido durante años con una especie de disonancia: el ritmo privado de un actor que trabaja, frente al apetito público por los símbolos. Para muchos espectadores fuera de Brasil, sigue siendo inseparable de un solo papel: Pablo Escobar en Narcos, que le valió una nominación al Globo de Oro en 2016 y volvió su rostro reconocible mucho más allá de América Latina.
Esta vez, la atención está ligada a una actuación que apunta hacia una historia brasileña que permanece sin resolver. En O Agente Secreto, de Kleber Mendonça Filho, Moura interpreta a un hombre que intenta mantenerse con vida durante la dictadura militar, en un relato construido alrededor del poder del Estado, la vigilancia y la memoria.
El papel le dio el premio a Mejor actor en Cannes en 2025, colocándolo en la conversación global de premios mientras ancla el trabajo en un pasado específicamente brasileño.
Más tarde, ganó el premio a Mejor actor del New York Film Critics Circle, y los Golden Globes lo nombraron Mejor actor en película de drama.
Dentro y fuera de pantalla, Moura resiste la presión de diluirse. Habla de crecer en el noreste de Brasil, de haber sido marcado desde temprano como “el otro”, y de negarse a suavizar su acento cuando empezó a trabajar en Estados Unidos. Lo que sigue es una conversación con un actor en el pico de su carrera que insiste en que la atención no es lo mismo que la verdad.
El día que te fotografiamos ganaste el premio a Mejor actor del New York Film Critics Circle.
Es una locura. Mujeres latinoamericanas, como Salma, han ganado y son actrices increíbles, pero no recuerdo haber conocido a un actor latino que haya ganado este premio. Así que sí, sería la primera vez.
Y si ganas un Oscar, te conviertes en un pionero.
Es emocionante, claro que lo es, es increíble. Pero al mismo tiempo pienso: ¿en serio? ¿Por qué tardó tanto? Hay muchísimos actores latinos que han hecho un trabajo extraordinario todos estos años. No sé las estadísticas exactas, pero siempre pienso que debieron haber mirado más hacia nuestra región. Hacia Sudamérica, hacia Latinoamérica, porque hay muchísimo talento.
Lo que está pasando ahora, el hecho de que yo haya ganado, es una señal clara de que esto tiene que cambiar. Muchas de las mejores películas de este año son internacionales: de Irán, como las de Jafar Panahi; hay cine francés, cine español. Especialmente en Sudamérica, hay películas increíbles de Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Uruguay, México, por supuesto. El cine latinoamericano está viviendo un momento muy fuerte.
¿Por qué sientes que este papel está recibiendo tanta atención?
Creo que es una gran película. Estoy profundamente orgulloso de O Agente Secreto. Está dirigida por uno de los mejores directores que trabajan hoy en el mundo. Kleber Mendonça Filho es extraordinario. Soy muy fan. He visto todas sus películas.
Hablaste de crecer en el noreste de Brasil y de cómo la clase social, la geografía y el acento moldearon los papeles disponibles para ti. ¿La cinta es una especie de reclamación de esa identidad?
Sí, totalmente. Es algo que he vivido. Crecer en el noreste de Brasil cuando el corazón de la industria audiovisual está en São Paulo y Río te hace entender muy temprano lo que significa ser “el otro”. Desde pequeño entendí lo que era tener un acento que no coincidía con el statu quo, que no coincidía con la norma. Así que cuando empecé a trabajar en Estados Unidos ya tenía esa sensación muy clara: sé lo que es esto, sé lo que es venir de otro lugar y estar orgulloso de ello. Nunca intenté perder mi acento. Nunca intenté negarlo. Nunca intenté “encajar” ni parecer un actor estadunidense. Primero, porque nunca lo seré. Y segundo, porque represento a una enorme parte de este país: la gente que viene de otros lugares y habla con acento, como yo.
Has dicho que amas personajes que bailan, ríen y quieren vivir incluso en la oscuridad. ¿Por qué la alegría es una forma de resistencia?
Porque sin alegría no hay vida. El arte y la creatividad están profundamente conectados con la alegría. Por eso los niños son los mejores artistas. Viven en el presente, disfrutan, son honestos. La vida se supone que debe ser vivida. Incluso en contextos violentos, la gente quiere vivir. Me conmueve profundamente ver personajes que quieren estar vivos, que bailan, que aman.
¿Cómo mantienes la ternura en un mundo que confronta?
Pienso en una frase de Che Guevara: “Hay que endurecerse sin perder la ternura”. El amor también es revolucionario.
Si la memoria es un acto de supervivencia, ¿cómo te gustaría ser recordado?
Como alguien coherente con sus valores. Hay un sambista brasileño, Cartola, que dijo: “Hice lo que pude”. Me gustaría que dijeran eso de mí. Vivimos un momento en el que los valores parecen diluirse. La verdad está en crisis. Hoy ya no hay hechos, hay versiones. Por eso el periodismo es más importante que nunca.
hc