Cada hora, tres personas pierden una extremidad en México.
El sistema de salud no las cuenta, el mercado no las puede atender y la ciencia que podría cambiarles la vida está lejos de ser accesible.
Una nadadora paralímpica, un marino retirado y diversos especialistas entrevistados por MILENIO concuerdan: Todos somos amputados en potencia. Si no es por enfermedad, es por probabilidad.
Programación: JUAN NAVA // Storytelling: ARTURO BLACK FONSECA
Un taxi aplastó a Zayra contra la pared. Segundos antes, esperaba en la banqueta a su papá y a su abuelo. Cuando despertó en el hospital, el diagnóstico fue una sentencia: le amputarían la pierna. Tenía 11 años.
Hoy, siete años después, su historia es un eco en el vacío estadístico de un país que no cuenta bien a sus amputados. Como ella, cada hora tres personas pierden una extremidad en México, sumando 27 mil casos anuales; de los cuales, el sistema de salud apenas tiene un registro actualizado hasta 2015.
Una brecha científico-tecnológica y un mercado negro, que limita las posibilidades de los amputados para recuperar lo que perdieron, completan el cuadro de complejidades a las que se tendrán que enfrentar los 75 mexicanos que hoy saldrán de su hogar con el cuerpo completo, pero llegarán a casa sin una parte de él.
Una realidad invisible en México
Zayra Castillo recuerda pedacitos del accidente. Entre semanas de operaciones, y medicamentos salió en silla de ruedas sin una pierna.
Su accidente ocurrió hace siete años, pero es invisible dentro de las cifras oficiales. El investigador Paul Carrillo Mora, del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR), advierte que la amputación no existe como diagnóstico per se, sino como consecuencia de otras condiciones, lo que difumina la magnitud real del problema.
“La mayoría de las fuentes hacen reportes de cifras distintas según el origen de la información: IMSS, ISSSTE o Secretaría de Salud —explica Carrillo Mora—. Además, las cifras se mezclan porque están incluidas en las estadísticas de diabetes por un lado, y en accidentes y lesiones por el otro”.
Los pacientes con enfermedades vinculadas al metabolismo y factores cardiovasculares, como diabetes o hipertensión, tienen ocho veces más probabilidades de sufrir al menos una amputación de miembros inferiores, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut). Aunque la diabetes es la principal causa de amputaciones no traumáticas, el especialista aclara que muchas son prevenibles con control médico. El resto es lo que no se documenta.
Hasta 2024, el Inegi documentó más de 374 mil accidentes terrestres, los cuales incluyen conductores, pasajeros y terceros: personas como Zayra que estuvieron en la hora y lugar equivocado.
Esta tendencia se traduce en la práctica. El protesista Xicoténcatl Rojas Vargas testifica la tasa de crecimiento: en los últimos seis años, de la mano con la consolidación de las apps de delivery, ha notado que los pacientes que llegan a su consultorio lo hacen, predominantemente, por accidentes en motocicleta.
Mientras la tasa de accidentes en automóvil ha sido variable —con una tendencia a la baja en los últimos 12 años—, el comportamiento de las motocicletas ha sido el opuesto: de 2020 a 2025 los accidentes crecieron 72%, al pasar de 55 mil 771 a 95 mil 937 al año.
En sólo cinco años se convirtieron en la causa individual con mayor número de heridos en accidentes viales.
Hoy en día ha crecido mucho el número de este tipo de amputaciones, dice el especialista, e insiste en que, aunque no hay cifras oficiales recientes, es claro que cada vez más jóvenes se suman a la tendencia.
Adriana Durán, coordinadora del programa de prótesis de Fundación PAME, detectó que desde 2023 las peticiones de apoyo por accidentes desplazaron a las asistencias de infantes con cáncer hasta un 70%. “Son chicos y chicas de entre 15 y 17 años”, explica.
Tampoco hay cifras exhaustivas sobre la incidencia mundial, pero se estima que los 65 millones de amputados que hoy se cuentan se dupliquen para 2050, según reporta la Iniciativa Clinton de Acceso a la Salud.
Salvar una pierna o la vida
Aldo Guissepe iba en motocicleta por la carretera de la Sierra de Juárez, en Oaxaca. Disfrutaba del humedal y el silencio de los árboles hasta que un auto invadió su carril, marcando la diferencia entre el marino que viajaba ese día y el hombre que hoy, retirado del servicio, cuenta su historia a MILENIO.
El exmarino pasó dos horas críticas perdiendo sangre. Tuvieron que trasladarlo a la Ciudad de México debido a la gravedad del accidente, ya que el músculo destruido liberó una enzima que comenzó a intoxicar su organismo.
La premura del siniestro le dio a los médicos sólo dos opciones: intentar rescatar la pierna o amputarla. Actualmente no existe un consenso absoluto en la medicina sobre qué produce mejores resultados a largo plazo: amputar de inmediato o dar terapias complejas de recuperación.
Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, se debe considerar al paciente entero: su estado previo, sus deseos y los recursos disponibles. Aunque hay sistemas diseñados para orientar este juicio —como la Puntuación de Gravedad de la Extremidad Mutilada (MESS, por sus siglas en inglés) o el Índice de Salvamento de Miembro—, ninguno tiene aceptación universal y su precisión es limitada.
En el quirófano, la ciencia llega hasta cierto punto; el resto es criterio y experiencia del equipo médico. La madre de Zayra quería rescatar la pierna pese al pronóstico; a Aldo le dijeron que había esperanza. Sin embargo, intentar salvar una extremidad puede requerir múltiples cirugías, meses de hospitalización y un alto riesgo de infecciones que pueden terminar, de todos modos, en amputación o en la muerte.
Aldo se enfrentó a varias infecciones y una fiebre repentina de 40°C. Entre fierros y curaciones los médicos amputaron. Al concluir la cirugía esperaba recibir una prótesis, pero la salida del quirófano fue la antesala a su nueva realidad.
Mercado negro:
entre prótesis robadas y piezas de zapatero
La OMS recomienda al menos un profesional en el campo de la órtesis y prótesis por cada 500 personas con discapacidad; en México egresan menos de 300 al año. La alta demanda, la falta de especialistas y el acceso limitado han convertido al país en terreno fértil para la informalidad y el mercado negro.
—Un día llegó un chico con una rodilla electrónica y me dijo: “Mire, me dieron esta rodilla, ¿me la puede adaptar?”. Le dije que sí, yo tengo un software para ingresar al sistema y saber qué problemas tiene —narra el protesista Xicoténcatl Rojas. —No podía entrar, se me hizo muy raro. Pensé que era un problema de actualización de mi computadora, así que decidimos enviarla al fabricante, que es de Alemania, pero vende en Estados Unidos.
A nivel mundial existen al menos tres mecanismos que establecen estándares y regularización de prótesis: la ISO 10328:2016 y 22523:2006, o el Manual de Normas de Ortoprotésica de la OMS. México cuenta con lineamientos similares como la NOM-240-SSA1-201 o el PROY-NOM-240-SSA1-2024; sin embargo, en el día a día, estos aparatos vienen de lugares y materiales desconocidos.
—Tiempo después me mandaron un correo del fabricante diciendo: “Lo sentimos mucho, esa prótesis no está activada; está fuera de servicio porque está reportada como robada” —añade Rojas.
México no es una anomalía global. La OMS reporta que sólo entre el 5% y el 15% de las personas amputadas en el mundo pueden acceder a estos aparatos, ni hablar de rehabilitación integral: apenas una de cada diez accede a ella, según el Inegi. La cifra se reduce si se considera el aumento de la expectativa de vida y la prevalencia de la diabetes y la obesidad.
Las dos prótesis que Zayra ha tenido han sido donadas. La primera terminó en un rincón de su casa. —No sé si no estaba lista, pero nunca me adapté. Ni siquiera quería usarla. Yo lloraba y mis papás me decían: “tienes que usarla” —recuerda.
Adaptarse a una prótesis requiere un proceso complejo; sin el entrenamiento correcto, es como intentar levantar una silla con la punta de los dedos. Si no tiene los parámetros adecuados, puede causar un efecto mecánico negativo. A Zayra, su primera prótesis le quedaba “floja” y pesada; sentía que se iba a zafar al caminar.
Su segunda prótesis llegó cuando cumplió 15 años a través de la Fundación PAME. No tiene sello o distintivo porque está armada con piezas de diferentes fabricantes y, aunque ahora es una extensión de su cuerpo, está lejos de la tecnología de punta.
Los protesistas David Verástegui, colaborador de PAME, y Xicoténcatl Rojas optan por usar aparatos fabricados en el extranjero o, en su defecto, adaptar maquinaria de otras industrias (como motores de zapateros, pulidores o extractores), ya que no confían en los materiales de origen desconocido del mercado nacional.
“Es un mercado que la mayoría de los amputados no usa por falta de recursos. Es difícil innovar o simplemente no puedes ser tan disruptivo porque no hay pacientes que las puedan pagar. Al final la oferta no está regulada en el país, hace que haya mucho negocio que ofrece prótesis mal hechas”, agrega David Verástegui.
Ciencia y esperanza:
los avances tecnológicos que aún están lejos
Mover una prótesis con el pensamiento, fabricarla exactamente a la medida o controlar los músculos mediante impulsos de luz: eso es lo que promete la ciencia que ayer no pudo salvar las extremidades de Aldo y Zayra.
Mientras México arrastra un apagón estadístico de diez años y un mercado inundado por piezas de origen desconocido, la vanguardia científica tiene firma mexicana en el extranjero. Desde los laboratorios del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), el investigador Guillermo Herrera-Arcos ha logrado una cruza genética entre algas y roedores para desarrollar interfaces neuronales y prótesis de última generación.
A nivel comercial, el techo tecnológico en México son las rodillas policéntricas y la fibra de carbono —el mecanismo que usa Aldo—, un estándar que palidece frente a los modelos con microprocesadores e inteligencia artificial que ya caminan en los países desarrollados.
Aunque él sabe —al igual que Zayra— que no hay tecnología que pueda suplantar la pierna que perdió, bromea con la idea de que sus genes sean modificados en el futuro para alcanzar lo que la ciencia promete:
Pero el proyecto de Herrera-Arcos todavía está atrapado en la fase de pruebas con roedores, a años de distancia de los quirófanos reales.
En el intermedio de esa espera, la resiliencia ha tenido que suplir a la tecnología. Aldo dice que perder la pierna terminó impulsándolo para fundar Invencibles por naturaleza, su propia organización de apoyo. Zayra, por su parte, encontró en el agua una pasión: hoy es nadadora de la Paralimpiada Nacional.
Sus historias se han convertido en excepciones dentro de un sistema que invisibiliza sistemáticamente a sus pacientes, y en un país donde todos somos amputados en potencia: si no es por la enfermedad, es por la probabilidad de estar parados en la banqueta equivocada.
• Coordinación: ZOMAIRA PIMENTEL y ADRIANA ANGUIANO• Video: XIMENA CLARA • Mesa Visual: ABRAHAM FLORES
• Coordinación: ZOMAIRA PIMENTEL y ADRIANA ANGUIANO• Video: XIMENA CLARA • Mesa Visual: ABRAHAM FLORES