Un par de dados ruedan sobre una gran lona extendida en el suelo. Una niña estira el brazo, duda un instante, corrige el equilibrio y apoya la mano en un círculo verde. A su lado, una mujer adulta intenta no caer mientras sigue las instrucciones. No es solo un juego de equilibrio. Es decidir en movimiento hacia dónde avanzar: entre una civilización marcada por la enfermedad y la contaminación, o hacia un entorno con más árboles, aire limpio y vida.
En el Parque de la Tête d’Or, donde se instaló el Village des Découvertes One Health, la ciencia dejó los auditorios para mezclarse con la vida cotidiana. Se trata de una feria que forma parte del One Health Summit que se celebra en Lyon, y que traslada el debate global sobre salud a un espacio abierto, cotidiano y accesible.
Es un espacio de divulgación científica y participación social, concebido también como una Aldea de Descubrimientos de Salud, un evento cultural en el parque público donde se invitó a instituciones internacionales, organismos de apoyo sanitario y centros de investigación a presentar sus ideas directamente al público general.
Es, además, un espacio familiar de aprendizaje donde se mezclan diversas culturas. Entre acentos distintos, lenguas que se cruzan y formas de entender la salud, el Village se convierte en un punto de encuentro donde la ciencia dialoga con la vida diaria. Bajo árboles altos y senderos abiertos, este espacio reúne alrededor de una veintena de stands en los que se organizan actividades recreativas, talleres y juegos para niñas y niños que buscan mostrar, de manera práctica, la interconexión entre la salud humana, animal y el ecosistema.
A unos metros, niños y jóvenes participan en dinámicas que parecen recreativas, pero que esconden preguntas esenciales. En un gran tapete de colores, lanzan un dado y buscan mantener el equilibrio mientras siguen instrucciones relacionadas con agua, alimentación, movilidad o contaminación. Cada movimiento obliga a pensar. Otros, sentados en el suelo, arman enormes rompecabezas. Las piezas revelan ecosistemas, ciudades, cadenas de vida. Cuando encajan, aparece la imagen completa: nada está aislado.
También hay dinámicas colectivas como el concurso “Buscando huevos de Pascua en la aldea”, donde niñas, niños y jóvenes resuelven acertijos y responden preguntas educativas que ilustran el concepto de One Health. A través del juego, se les invita a incorporar más de 140 ideas en su vida diaria, desde hábitos de higiene hasta decisiones sobre consumo, con el objetivo de reducir riesgos para la salud y el medio ambiente a nivel local.
En los stands científicos, la curiosidad cambia de escala. Niños y adultos se inclinan sobre microscopios, ajustan el enfoque y descubren lo que no se ve a simple vista. En una mesa se observa una maqueta de mosquito ampliada y, justo al lado, diminutos ejemplares atrapados en un pequeño contenedor que se mueven casi imperceptibles. Ahí mismo se despliega su ciclo completo: del huevo a la larva, de la ninfa al adulto. Todo ocurre a escala mínima, pero con consecuencias enormes. Son tan pequeños que pasan desapercibidos, pero capaces de transmitir enfermedades como dengue, chikungunya o zika, hoy cada vez más presentes en distintas regiones del mundo.
El recorrido continúa entre stands donde donantes, organismos internacionales y centros de investigación presentan proyectos para combatir epidemias y enfermedades, así como para promover programas One Health en distintas regiones del mundo. Se exponen experiencias de cooperación internacional, como la colaboración egipcio-francesa en la implementación de programas integrales de cobertura y atención sanitaria, enfocados en la detección temprana de enfermedades crónicas y el fortalecimiento del sistema de salud.
También se presentan modelos de integración de tecnologías digitales en Camerún, con apoyo de donantes internacionales, para el análisis de datos de salud y el control de enfermedades zoonóticas y de transmisión humana. A su vez, se difunden investigaciones del Instituto Pasteur en América Latina, Asia y África orientadas al desarrollo de vacunas, tratamientos y estrategias para enfrentar enfermedades infecciosas y raras.
En varios módulos, el énfasis es práctico: cómo promover prácticas higiénicas, cómo controlar insectos sin comprometer la seguridad del agua, el aire o el suelo, y cómo evitar la acumulación de residuos químicos que puedan afectar la salud humana y animal. La prevención aparece así como una suma de decisiones cotidianas, accesibles y compartidas.
Aquí, un niño pasa del juego al microscopio. Una familia, del rompecabezas a un panel sobre alimentación. Un adulto se detiene más tiempo frente a una explicación sobre aire interior. La salud, parece decir este lugar, no empieza en el hospital. Empieza en cada decisión.