Es una tradición en casa que los padres son quienes imponen a sus hijos qué, cómo y cuánto deben comer, aunque los niños sean muy claros en lo que desean o no desean.
Desde bebés, los padres convencen a comer una papilla que no les agrada a sus hijos haciendo el truco de la cuchara y el avioncito. Cuando crecen, se les condicionan cosas que quieren o las actividades que podrán hacer después con el clásico “cuando termines tu plato”, ¿pero esto es forzarle a comer? La respuesta es sí.
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Se piensa que al forzar al niño a terminar su comida sea una forma de crear un buen hábito alimenticio y que además se mantenga bien nutrido, aunque también hay un factor cultural en el que la tradición dicta que todos comemos juntos y terminamos nuestros platos antes de levantarnos de la mesa. Sin embargo, ¿cuál es la necesidad de volver un trauma la hora de la comida?
Cuando se le pide a un niño que coma un poco más, sin reiterar la petición y sin chantajes, es diferente. Ambos padres deben estar conscientes de que la respuesta de su hijo puede ser no.
¿Qué hay de malo en que un niño sano no se acabe su plato? Si tu hijo te dice que ya no necesita comer más y estás de acuerdo en que no lo haga, él tendrá una relación más sana con la comida y mejores hábitos alimenticios.
RL