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Uno de los primeros diagnosticados solo recibió promesas incumplidas

Entrevista | A 10 años de la crisis de influenza | Falso paciente cero en Veracruz

Édgar Hernández no recuerda que enfermó en 2009 de AH1N1; ahora estudia, gracias al esfuerzo de su familia, para técnico agrónomo, pese a que Fidel Herrera afirmó que tendría sus estudios garantizados.
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Édgar Enrique Hernández hoy tiene 16 años, estudia para ser técnico agrónomo y trabajar en los campos de maíz, frijol y papa en su natal La Gloria, en Perote. Aunque no recuerda nada de lo que vivió cuando tenía cinco años, escribe su nombre y lugar de origen en internet y de inmediato surgen las memorias de hace 10 años, cuando fue toda una celebridad.

La historia de Édgar también convirtió a su comunidad en noticia internacional, pero él pagó las consecuencias de haber sido señalado el primer caso de influenza porcina. Debió dejar el kínder y cambiar de escuela, porque la gente lo señalaba como el responsable de que casi 60 por ciento, de los 10 mil habitantes de La Gloria, contrajeran la cepa AH1N1.

Hoy se sabe que Enrique, como le gusta que lo llamen, no fue el primer contagiado en el país, quizá sí uno de los primeros diagnosticados en una comunidad árida llena de granjas porcinas, tolvaneras y moscas.

Todos los habitantes de La Gloria conocen a Édgar, incluso los más pequeños. Quizá porque en la plaza principal de la comunidad hay una estatua que recuerda al pequeño sobreviviente de la pandemia.

El monumento hoy está descuidado y la fuente está llena de agua estancada, igual que la promesa que hace 10 años hizo el entonces gobernador veracruzano Fidel Herrera, de garantizar estudios universitarios al menor, que hoy sale adelante con el esfuerzo de su familia.

La connotada revista Science, que edita la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, hizo de Édgar el caso cero y, en pleno arranque de la campaña electoral, el gobierno de Veracruz aprovechó la situación y hasta hizo una estatua del menor sobreviviente a la nueva cepa del virus.

Si bien en La Gloria hubo una epidemia que llevó a niños y adultos por centenares a caer enfermos y coincidió con la existencia de granjas porcinas, las autoridades de la Secretaría de Salud desmintieron a la publicación científica, pero el estigma y la estatua prevalecen.

Édgar se traslada a diario a Perote, donde estudia para técnico agropecuario. Sus padres pagan mil pesos semestrales para que pueda cursar sus estudios, pero gastan 3 mil pesos mensuales más en su transporte y alimentación.

La promesa de estudios garantizados solo quedó en eso. En abril de 2009 un saliente gobernador llegó con un séquito de doctores y enfermeras a montar un centro de salud itinerante para atender a los cientos de enfermos en La Gloria. Unos días después de que Édgar se recuperó, se develó la estatua en su honor y vinieron las promesas del priista. Herrera se fue y la campaña por la gubernatura empezó. Javier Duarte era la oferta política para Veracruz, en medio del apogeo del tricolor en el país.

Édgar y su familia debieron olvidarse de aquella promesa de estudios para aquel niño que pasó siete días en cama, sin saber que era uno de los miles de casos de influenza en el país.

A LA ESPERA DE UN HOSPITAL

Hoy, el joven cumple su primer año en la carrera técnica, pero su intención es seguir sus estudios e ir a la Universidad en Puebla. Siempre fue estudiante de excelencia y quiere seguir así.

Su padre se hace cargo de una tienda de abarrotes y su mamá debió buscar un empleo fuera de Perote para llevar dinero a su casa y pagar los estudios de sus tres hijos.

Don Édgar, el papá, reconoce que la enfermedad del niño les trajo el rechazo de la comunidad, por el escándalo que generó el supuesto hecho de que el niño haya sido el caso cero. Eso fue la causa de que más de 60 por ciento de los habitantes de La Gloria enfermaran, lo cual tampoco fue cierto.

Sin embargo, algunos lugareños los acusaron de inventar la historia para recibir apoyos del gobierno. Eso también fue falso.

“Nomás le dimos gracias a Dios porque el niño salió con bien y que no pasó a mayores. Mucha gente aquí en el pueblo nos criticaban porque decían que todo lo que vivimos fue una mentira, decían que nos pagaban, pero la verdad es que sí estuvo enfermo”, relató el padre de Enrique.

La familia Hernández guarda en su casa una pequeña escultura de bronce con la figura de un niño, en una réplica de la que se erigió en la plaza principal de la comunidad veracruzana.

Además, conservan algunos periódicos y fotografías. En una de ellas Fidel Herrera sostiene al pequeño y la gente alrededor aplaude.

A 10 años de distancia, en La Gloria también están a la espera de la construcción de un hospital, el cual prometió el gobernador cuando visitó por primera vez, hacia el ocaso de su gobierno, la comunidad donde en 2009 se habilitaron todos los espacios posibles para atender a los enfermos de influenza.

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