Ciencia y Salud

INSP desarrolla Atlas para identificar brechas en la atención de salud mental

El proyecto busca ubicar los servicios disponibles, conocer sus capacidades y detectar zonas donde persisten dificultades de acceso a estos programas.

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El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) desarrolla el Atlas Integral de Salud Mental, una investigación para identificar dónde se encuentran los servicios públicos de atención, qué tipo de atención proporcionan, con qué personal cuentan y cuáles son las características de la población que atienden.

En su primera etapa, el proyecto se implementa en la Ciudad de México y busca generar información que permita analizar territorialmente la cobertura, accesibilidad y brechas existentes en los servicios de salud mental. La investigación cuenta con financiamiento de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI).

El desarrollo del Atlas ocurre en un escenario en el que los trastornos de ansiedad y los depresivos concentran la mayor parte de la carga mundial de trastornos de salud mental.

La salud mental se refiere a un estado de bienestar emocional, psicológico y social que permite a las personas afrontar el estrés, trabajar de manera productiva y contribuir a su comunidad, de acuerdo con “Redefiniendo la narrativa de la salud mental”, publicación de Eduardo C. Lazcano-Ponce, director general del Instituto Nacional de Salud Pública.

El Plan de Acción Integral 2013-2030 plantea el acceso oportuno a servicios de salud y atención social de calidad y culturalmente adecuados, así como la participación plena de las personas afectadas en la sociedad y en el ámbito laboral, libres de estigmatización y discriminación.

La publicación se difundió con motivo del Día Mundial de la Salud Mental, que se conmemora cada 10 de octubre y que en 2026 tiene como lema “Experiencias vividas escuchadas: voces reales, cambio real”.

Entre los trastornos más frecuentes se encuentran los de ansiedad, caracterizados por miedo y preocupación excesivos y difíciles de controlar, además de alteraciones en la conducta.

Esta categoría incluye el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico, la ansiedad social y las fobias específicas.

Los síntomas también pueden ser físicos, como aumento de la frecuencia cardiaca y mareos, y llegar a alterar significativamente las actividades y rutinas cotidianas.

En el caso de la depresión, puede presentarse tristeza profunda, prolongada y persistente, pérdida de interés o placer en las actividades, fatiga y sentimientos de desesperanza, además de afectar actividades básicas de la vida cotidiana. como dormir, comer o trabajar.

La depresión no se mide en “grados” fijos ni en etapas numeradas. Las guías clínicas suelen clasificar su gravedad en leve, moderada y grave, de acuerdo con el número de síntomas, su intensidad y el grado en que interfieren con la vida cotidiana.

Salud mental en el siglo XXI

La publicación del director general del INSP identifica una combinación de factores que actualmente influyen en la salud mental, entre ellos la saturación digital, las presiones socioeconómicas, las preocupaciones ambientales globales y los cambios derivados de la pandemia de covid-19.

La urbanización también plantea desafíos relacionados con el aislamiento, la sensación de vulnerabilidad ante la violencia, la inequidad social, el hacinamiento, la contaminación y el ruido.

A ello se suma el deterioro de los vínculos comunitarios y la ausencia de redes de apoyo familiar o comunitario, factores que pueden agravar el estrés y la fatiga mental.

La dependencia digital, impulsada por el uso generalizado de teléfonos inteligentes, redes sociales y plataformas en línea, ha transformado las interacciones humanas y las rutinas cotidianas.

La investigación define la fatiga por saturación digital como un estado de agotamiento mental, decaimiento físico y estrés producido por la exposición constante y prolongada a pantallas, redes sociales, correos electrónicos y notificaciones.

El tiempo excesivo frente a las pantallas, especialmente en redes sociales, se asocia con una mayor sensación de insuficiencia, ansiedad y depresión, sobre todo entre la población más joven.

La conectividad constante también puede provocar sobrecarga informativa, alteraciones del sueño y falta de conexiones sociales en el mundo real.

El aislamiento social prolongado puede incrementar el riesgo de depresión, ansiedad y deterioro cognitivo.

Frente a estos factores, la publicación destaca la resiliencia, la satisfacción vital y el sentido de propósito como aspectos positivos de la salud mental que deben promoverse habitualmente.

La resiliencia es definida como la capacidad humana para adaptarse positivamente, recuperarse de la adversidad y seguir adelante pese a situaciones de estrés extremo o acontecimientos traumáticos.

Entre las políticas internacionales, el estudio retoma las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud orientadas hacia la atención comunitaria y los derechos humanos, así como la incorporación de la salud mental en sectores como educación, justicia, empleo y protección social.

También refiere la iniciativa QualityRights, orientada a promover los derechos humanos, la recuperación comunitaria y la preservación de la dignidad de las personas con trastornos de salud mental, en lugar de la coerción.

Panorama mundial

Aproximadamente, mil 170 millones de personas viven con trastornos de salud mental en el mundo, cerca de una de cada siete personas, y estas afecciones representan la principal causa mundial de años vividos con discapacidad.

Los trastornos mentales y por consumo de sustancias ocupan el quinto lugar de la carga mundial de enfermedad, después de las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, los trastornos neonatales y los trastornos musculoesqueléticos.

En 1990 se encontraban en el lugar 12 y actualmente ocupan la quinta posición.

Lazcano-Ponce planteó, sin embargo, la necesidad de diferenciar un trastorno clínico de emociones y respuestas naturales ante situaciones cotidianas.

“Estamos obligados a evitar que la tristeza, la frustración o la ansiedad natural se conviertan en diagnósticos clínicos”, señaló.

El estrés, por ejemplo, no es considerado por sí mismo un trastorno de salud mental, sino una respuesta física y mental normal del organismo ante situaciones de presión, cambios o desafíos.

Su intensidad, sin embargo, puede derivar en la aparición o agravamiento de problemas de salud mental.

EA

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Blanca Valadez
  • Blanca Valadez
  • Periodista formada en la UNAM. Con 33 años de oficio, impulsada por la curiosidad y la aventura. Ha captado la voz de ilustres como Octavio Paz y Carlos Fuentes. Hoy explora los enigmas del cuerpo y la mente en relatos que resuenan en prensa, TV, radio y web.
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