Un equipo internacional de investigadores identificó por primera vez un satélite natural fuera del sistema solar, un hallazgo descrito por la revista Nature que abrió una nueva etapa en el estudio de los cuerpos que orbitan más allá de nuestro entorno cósmico.
El objeto detectado tiene un tamaño similar al de Júpiter y gira alrededor de una enana marrón cada 170 días, según una investigación liderada por científicos chilenos con observaciones del Observatorio Europeo Austral (ESO).
¿Qué descubrieron del primer satélite natural fuera del sistema solar?
Hasta ahora se habían confirmado alrededor de seis mil exoplanetas, pero ningún exosatélite había sido identificado.
“Es el primer satélite natural que encontramos fuera del sistema solar, se trata de un cuerpo gaseoso del tamaño de Júpiter que orbita alrededor de una enana marrón durante unos 170 días”, destacó en entrevista con EFE la astrofísica Alice Zurdo, profesora de la Universidad Diego Portales y directora del proyecto Núcleo Milenio YEMS.
La investigadora explicó que, tras décadas de búsquedas y cinco años de trabajo al frente del proyecto YEMS, el descubrimiento llegó antes de lo esperado.
Además, señaló que este avance “abre nuevos desafíos y preguntas por responder a la comunidad científica, como por ejemplo cuándo se ha formado ese satélite, por qué existe o cuántos más hay”.
¿Es una exoluna o un objeto diferente?
El equipo científico indicó que todavía no existe consenso sobre cómo clasificar este cuerpo celeste. Aunque podría considerarse una exoluna, su masa es comparable a la de Júpiter y no orbita un planeta, sino una enana marrón denominada CD-35 2722.
“No hay nada comparable en el sistema solar”, afirmó Zurdo.
En la misma línea, el investigador Kevin Hoy sostuvo que “Este sistema es algo difícil de definir usando palabras basadas en nuestro sistema solar, como planeta y luna”.
Ambos coincidieron en que la clasificación resulta secundaria frente al potencial científico del hallazgo.
El descubrimiento del primer satélite natural fuera del sistema solar del tamaño de Júpiter fue posible mediante el instrumento CRIRES+, que empleó el método de velocidad radial para identificar pequeños movimientos en la enana marrón causados por el objeto que la acompaña.
En el futuro, el Telescopio Extremadamente Grande (ELT) de ESO permitirá detectar satélites más pequeños y ampliar este tipo de investigaciones.
Especialistas consultados por Science Media Centre consideraron que el avance demostró la capacidad tecnológica de la instrumentación actual y podría contribuir a comprender mejor la formación y evolución de los sistemas planetarios.
Con información de EFE.APC