¿Qué pudo hacer que un planeta terminara moviéndose en dirección contraria a la rotación de la estrella que lo alberga? Esa es una de las preguntas que plantea GJ 3090 b, un exoplaneta cuya extraña trayectoria no parece tener una explicación sencilla: los astrónomos no encontraron otro objeto masivo en el sistema que pudiera haber alterado su órbita.
El descubrimiento fue realizado por un equipo internacional liderado por la Universidad de Ginebra (UNIGE), con participación del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), y fue publicado en la revista Astronomy & Astrophysics.
GJ 3090 b orbita una enana roja, una estrella más pequeña y fría que el Sol. Su existencia había sido detectada por el telescopio espacial TESS, que busca exoplanetas observando pequeñas variaciones periódicas en el brillo de las estrellas provocadas por el tránsito de estos cuerpos.
Las nuevas observaciones permitieron determinar que el planeta tiene un radio 2.2 veces mayor que el de la Tierra y una masa equivalente a 4.5 Tierras, por lo que pertenece a la categoría de los subneptunos. Pero su tamaño no es lo que lo hace especialmente interesante.
Una órbita que va en dirección contraria
Cuando una estrella y sus planetas se forman, una nube de gas y polvo colapsa y genera un disco alrededor de la estrella naciente. Los planetas surgen dentro de ese material, por lo que normalmente se espera que sus órbitas sigan la dirección de rotación de la estrella.
En el caso de GJ 3090 b ocurre algo muy diferente. Los investigadores determinaron que su ángulo orbital es de aproximadamente 136 grados, una configuración que indica una fuerte desalineación y un movimiento retrógrado respecto a la estrella.
El estudio señala que solo se conocen otros cinco sistemas multiplanetarios con un planeta desalineado en un ángulo superior a 70 grados.
Para realizar las mediciones, el equipo utilizó NIRPS (Near InfraRed Planet Searcher), un espectrógrafo instalado en el telescopio de 3.6 metros del Observatorio de La Silla, en Chile. Su precisión permitió estudiar la órbita, confirmar la presencia del planeta y medir su masa.
¿Cómo terminó el planeta orbitando al revés?
La pregunta se vuelve más complicada porque en GJ 3090 no hay indicios de una estrella o planeta masivo que pudiera explicar esta configuración orbital.
En otros sistemas, la interacción gravitatoria con un objeto de gran tamaño puede alterar considerablemente la trayectoria de un planeta. Aquí, esa explicación no parece estar disponible.
Por ello, los investigadores exploran otra posibilidad: que la estrella haya acumulado un segundo disco de material desalineado y retrógrado, dentro del cual posteriormente se formaron los planetas.
Yann Carteret, estudiante de doctorado de la UNIGE y primer autor del estudio, explicó que medir el ángulo entre la órbita de un planeta y el plano ecuatorial de su estrella permite obtener pistas sobre cómo se forman y evolucionan los sistemas planetarios.
En GJ 3090 b, esa medición revela una configuración poco común que podría ofrecer nuevas pistas sobre los procesos que pueden ocurrir durante la formación de otros sistemas planetarios.
Con información de EFE / JCM