Ciencia y Salud
  • Los chimpancés que murieron por ébola hace 32 años y una advertencia que el mundo ignoró

  • La historia del ébola, ligada al consumo de carne silvestre y al tráfico de primates, revela un dilema entre la supervivencia de comunidades vulnerables y el riesgo de liberar enfermedades zoonóticas capaces de detonar crisis globales.
Entre la carne silvestre y la zoonosis: la advertencia global del ébola | AFP

El silencio que se apoderó del Parque Nacional Taï, en Costa de Marfil, en noviembre de 1994, fue un presagio fúnebre. Christophe Boesch, un investigador suizo que llevaba dos décadas siguiendo el rastro de los primates en la zona, vio cómo su objeto de estudio y "familia científica" se desintegraba en cuestión de semanas, una cuarta parte de una comunidad de 43 chimpancés salvajes desapareció o fue hallada muerta.

No eran solo estadísticas. En una entrevista para un periódico internacional, Boesch recordó la desgarradora escena de una madre chimpancé cargando a su cría muerta a cuestas durante más de un día, negándose a aceptar el final. Poco después, los análisis de laboratorio confirmaron un hito histórico y alarmante. Por primera vez en la historia, se documentaba un brote de ébola en la naturaleza.

El rompecabezas ecológico

Boesch y el veterinario de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Pierre Formenty, unieron las piezas del brote y descubrieron un patrón claro. Primero, el factor climático, que las epidemias aparecían con las lluvias de otoño. Después, el vector de transmisión, ya que los chimpancés que enfermaban eran exactamente los mismos que, una semana antes, habían cazado y consumido carne de mono colobo rojo.

La selva estaba revelando un mecanismo letal, que el virus se movía a través del consumo de carne de animales silvestres. Aquel brote dio nombre a una de las seis variantes del ébola, bautizado como el virus del Bosque de Taï. Aquellos animales no sabían que estaban protagonizando el primer capítulo de una advertencia global.

A más de tres décadas de aquel laboratorio natural en Costa de Marfil, los indicios del pasado se transforman en una crisis contemporánea a más de 2 mil kilómetros de distancia.

El foco rojo se encuentra actualmente en la provincia de Ituri, en la República Democrática del Congo (RDC), y se ha extendido rápidamente hacia Kampala, la capital de Uganda. Lo alarmante de esta situación es que no se trata de la variante más común, Zaire, para la cual el mundo ya tiene vacunas listas. El enemigo actual es el virus de Bundibugyo, una rara cepa para la cual no existen tratamientos ni vacunas aprobadas.

En el balance de la situación actual (al 22 de mayo de 2026), la OMS reporta cerca de 600 casos sospechosos y un saldo de 139 muertes.

Tres décadas de aprendizaje médico

La enfermedad por el virus del Ébola es una patología grave y a menudo mortal en los seres humanos. Aunque fue identificada en la naturaleza en 1994 con los chimpancés, el virus ya se había manifestado en humanos en 1976 a través de dos brotes simultáneos: uno en Nzara (actual Sudán del Sur) y otro en Yambuku (República Democrática del Congo), en una aldea cercana al río Ébola, del cual tomó su nombre.

Científicamente, estos patógenos pertenecen al género Orthoebolavirus dentro de la familia Filoviridae. Aunque se han identificado seis variantes, tres son los responsables de causar grandes y devastadores brotes tasa de letalidad ha variado ampliamente, con valores comprendidos entre el 25 por ciento y el 90 por ciento, según la OMS:

  • Virus del Ébola (EBOV)
  • Virus del Sudán (SUDV)
  • Virus Bundibugyo (BDBV)

El brote actual en el corazón de África demuestra que, tras 32 años de aquel trágico silencio en el Bosque de Taï, la advertencia de la naturaleza sigue estando más vigente que nunca. La historia del ébola no es una lección del pasado; es una crisis del presente.

El girector General de la OMS, Tedros Adhanom, ha decretado una nueva Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII). Con esta, se han emitido un total de cinco alertas internacionales desde la aparición del virus debido a su gravedad y potencial de expansión:

  • África Occidental (2014-2016): El mayor y más complejo brote de la historia, con más de 28 mil casos y 11 mil fallecidos, centrado en Guinea, Liberia y Sierra Leona.
  • Kivu del Norte / Ituri, RDC (2018-2020): Declarada emergencia debido a la rápida transmisión y la compleja situación de seguridad en la zona.
  • Provincia de Ecuador, RDC (2020): Un breve brote que requirió coordinación internacional para evitar su propagación masiva.
  • Noroeste de la RDC (2022): Resurgimiento de casos esporádicos que encendieron las alarmas regionales.
  • República Democrática del Congo y Uganda (Mayo de 2026): Emergencia decretada por la propagación transfronteriza de una cepa rara de ébola (cepa Bundibugyo) y la rápida alza de contagios y muertes sospechosas.

El dilema de la carne silvestre: Entre el hambre y la zoonosis

Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, el ébola no se transmite a través de alimentos procesados. Sin embargo, múltiples infecciones humanas han estado relacionadas directamente con la caza, manipulación y preparación de carne proveniente de animales silvestres e infectados. La práctica responde a una realidad estructural profunda.

En la cuenca del río Congo, datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) estiman que se consumen entre 4 y 5 millones de toneladas anuales de carne proveniente de animales silvestres o de caza, una cifra equivalente a aproximadamente la mitad de toda la producción bovina de la Unión Europea.

Para numerosas comunidades que habitan zonas boscosas, la carne de caza representa la principal fuente de proteínas. También constituye un sustento económico inmediato, ya que vender una presa puede significar pagar la educación de un hijo o cubrir gastos urgentes, algo que la agricultura no siempre garantiza.

La dimensión de este fenómeno quedó reflejada en un estudio publicado hace dos décadas en la revista Tropical Conservation Science de Mongabay. Tras encuestar a mil 50 hogares en Brazzaville, capital de la República del Congo, los investigadores encontraron que el 88.3 por ciento consumía regularmente carne silvestre. Entre las preferencias alimentarias, los monos ocupaban el cuarto lugar.

El brote de ébola que devastó a una comunidad de chimpancés en el Parque Nacional Taï en 1994 marcó el inicio de una advertencia global que hoy sigue vigente.
Bundibugyo, la cepa rara del ébola que alarma a la OMS | AFP

La experiencia en Tacugama en Sierra Leona

Luis Soto, actual director del Zoológico Guadalajara, vivió esta problemática desde el terreno. Durante tres meses trabajó como veterinario en un santuario de chimpancés en Sierra Leona, en pleno contexto de uno de los mayores brotes históricos de ébola.

Todo ocurrió con rapidez. Un santuario necesitaba un veterinario urgente. Luis disponía de apenas 48 horas para decidir y gestionar una licencia temporal en el Zoológico Guadalajara, donde entonces trabajaba como curador. La consiguió y partió.

En Tacugama habitaban más de 70 chimpancés rescatados del tráfico ilegal. Muchos eran crías de apenas semanas de nacidas que habían sobrevivido a escenas extremas, como la aniquilación de grupos completos para capturar bebés y venderlos en mercados clandestinos.

Para robar una cría, primero hay que eliminar a quienes la protegen, sus madres, machos y, muchas veces, toda la estructura familiar.

“Cuando un bebé chimpancé llega al mercado —para ser vendido como mascota o como carne— probablemente detrás haya hasta 40 animales asesinados para conseguirlo”, explica Soto Rendón en entrevista para Milenio. Además, advierte que la supervivencia de los animales traficados ilegalmente apenas alcanza el 10 por ciento.

Actualmente, cerca del 95 por ciento de las poblaciones de chimpancés enfrenta algún grado de amenaza. Por ello, la comunidad científica insiste en desalentar el consumo de primates, no solo por razones de conservación, sino por el riesgo sanitario de liberar enfermedades zoonóticas capaces de detonar crisis globales, como la epidemia del ébola.

Reparar lo irreparable en un mundo desigual

En Tacugama, el trabajo de Soto excedía el ámbito veterinario; era una labor de reconstrucción. Llegaban chimpancés desnutridos, reducidos a huesos e infestados de parásitos, pero también huérfanos traumatizados que necesitaban reaprender a confiar y a relacionarse.

Sin infraestructura suficiente ni equipos avanzados, la supervivencia del santuario dependía de formar rápidamente a personas locales sin experiencia previa. “Eres solo contra el mundo”, recuerda. Sin embargo, la experiencia también le mostró al veterinario la otra cara de la moneda, comunidades enteras cuya supervivencia diaria depende estrictamente de lo que logren recolectar en el bosque o cazar.

La conservación no sucede en el vacío; ocurre en territorios atravesados por desigualdades profundas. “Conocí a personas que salen cada día al bosque a buscar qué van a darle de comer a sus hijos. Es ver el choque de los extremos en un mismo planeta”, concluye Soto.

LG

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Claudia Solera
  • Claudia Solera
  • Periodista de investigaciones especiales desde hace 16 años en medios nacionales e internacionales. Premio Roche 2020 de Periodismo en Salud. Periodista por la Universidad de los Andes de Colombia.
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