Los teléfonos inteligentes y audífonos de nueva generación incorporan funciones capaces de realizar pruebas básicas de audición e incluso amplificar sonidos, pero estas tecnologías son herramientas de detección y apoyo, no un remedio para la pérdida auditiva ni sustituyen una valoración médica.
En entrevista, Gonzalo Corvera Behar, director del Instituto Mexicano de Otología y Neurotología (IMON), explicó que estas aplicaciones pueden identificar si una persona escucha dentro de rangos normales mediante tonos de distintas frecuencias e intensidades.
“Uno no fácilmente se da cuenta de lo que se está perdiendo”, señaló el especialista, quien recomendó realizar una prueba auditiva a los 45 años y otra a los 60.
El dispositivo envía tonos de distintas frecuencias y modifica su intensidad según la persona indique si los escucha o no, hasta determinar el nivel mínimo que logra percibir, un procedimiento semejante a una parte de la audiometría clínica.
Corvera Behar dijo que cuando una persona necesita una intensidad superior a 20 decibeles para escuchar determinados tonos, el resultado puede indicar pérdida auditiva y que, conforme aumenta ese umbral, mayor es la afectación.
Sin embargo, una prueba realizada con el teléfono no permite establecer la causa ni localizar dónde se encuentra el problema.
Una audiometría clínica comprende un conjunto de pruebas que ayuda a determinar si la afección se encuentra en el oído medio, el oído interno o si existen indicios de un problema en el nervio auditivo que requiera otros estudios.
Por ello, el especialista advirtió que una alteración detectada mediante estas herramientas debe conducir a una valoración médica, pues de lo contrario podrían pasar inadvertidas enfermedades que requieren tratamiento, desde padecimientos con una posible alternativa quirúrgica hasta un tumor en el nervio auditivo.
La pérdida de audición también puede afectar la calidad de vida al obligar a las personas a realizar un mayor esfuerzo para comprender conversaciones.
“Hacer más esfuerzo para entender las conversaciones te fatiga más a la larga”, explicó Corvera Behar.
El especialista añadió que se investiga la relación entre la pérdida auditiva y un mayor riesgo de deterioro cognitivo, y señaló que una de las hipótesis se relaciona con el esfuerzo constante que realiza el cerebro para comprender conversaciones cuando existe dificultad para escuchar.
Los problemas del oído interno también pueden ocasionar pérdida auditiva, vértigo y tinnitus o acúfeno, pero mejorar la capacidad para escuchar no significa tratar esos otros padecimientos.
“El que escuches mejor no te quita el vértigo. Los tratamientos son independientes”, aclaró.
Samsung Electronics anunció que su función Audífono para Galaxy Buds recibió autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) para que determinados modelos compatibles funcionen como audífonos de venta libre para personas de 18 años o más con pérdida auditiva percibida de leve a moderada.
Corvera Behar consideró que esta tecnología puede resultar útil principalmente en adultos con pérdidas leves que todavía no requieren necesariamente el gasto de un auxiliar auditivo especializado.
Advirtió, sin embargo, que conforme la pérdida auditiva sea mayor estos dispositivos pueden resultar insuficientes y será necesario recurrir a un auxiliar auditivo profesional.
“Lo importante es que nos ayuda a promover el hecho de que hay que cuidar la audición y hay que saber si estamos escuchando bien”, señaló.
“Si sale un problema, la gente debe buscar primero un diagnóstico”.
Corvera Behar, médico cirujano y especialista en otorrinolaringología por la UNAM, dirige el IMON desde 1993 y creó en 1988 el primer programa de implante coclear en México.
LG