A un día del despegue de la misión Artemis II, la NASA se prepara para una de sus operaciones más ambiciosas en décadas: enviar a cuatro astronautas a la órbita lunar por primera vez desde 1972.
Sin embargo, en paralelo a este avance histórico, la ciencia comienza a advertir sobre los efectos menos visibles, pero potencialmente más relevantes, de viajar al espacio.
Un estudio publicado en 2025 en la revista Cell Stem Cell encontró que la exposición a condiciones espaciales, como la microgravedad y la radiación, puede provocar cambios significativos en el ADN de las células humanas.
La investigación se centró en células madre hematopoyéticas, responsables de generar sangre y sostener el sistema inmunológico, y detectó señales de envejecimiento acelerado, daño genético y alteraciones en su capacidad de regeneración.
Pero uno de los hallazgos más llamativos es la activación de lo que los científicos llaman el “genoma oscuro”.
¿Qué es el 'genoma oscuro' y por qué importa?
El 'genoma oscuro' se refiere a regiones del ADN que normalmente permanecen inactivas. Aunque no producen proteínas directamente, cumplen funciones clave en la regulación genética y la estabilidad del genoma.
De acuerdo con el estudio, estas zonas pueden “encenderse” bajo condiciones extremas como las del espacio. Esto significa que:
- Se activan secuencias normalmente silenciosas
- Puede haber desregulación genética
- Aumenta el riesgo de procesos asociados al envejecimiento o enfermedades
Los investigadores señalan que esta activación podría estar relacionada con el estrés celular provocado por la radiación cósmica y la falta de gravedad.
Artemis II: una misión histórica bajo la lupa científica
La misión Artemis II despegará desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, a bordo del cohete SLS y la nave Orión, con una ventana principal programada para este miércoles a las 18:24 horas, a las 16:24 hora de la Ciudad de México.
La cuenta regresiva comenzó con un 80% de probabilidad de condiciones favorables, aunque la NASA mantiene vigilancia sobre posibles vientos fuertes y nubosidad.
En caso de retrasos, existen fechas alternativas hasta el 6 de abril, e incluso una nueva ventana el 30 de abril.
Este contexto cobra relevancia frente a investigaciones como la publicada en Cell Stem Cell, ya que la misión servirá como una oportunidad clave para seguir estudiando cómo el cuerpo humano, y particularmente el ADN, responde a los viajes fuera de la Tierra.
Aunque los efectos detectados aún se encuentran en estudio, los hallazgos abren nuevas preguntas sobre los riesgos a largo plazo de la exploración espacial.
Más allá de los desafíos tecnológicos, el mayor reto podría estar en entender y proteger la biología humana en entornos extremos.
Con Artemis II a punto de despegar, la ciencia y la exploración espacial avanzan al mismo tiempo, revelando que el verdadero impacto del viaje al espacio podría estar escrito en lo más profundo del ADN.
JCM