EL ÁNGEL EXTERMINADOR
Wenceslao Bruciaga
Tras un año de recorrer festivales alrededor del mundo, Me quedo contigo, del mexicano Artemio Narro, fue una película sin distribución. Nadie se aventaba el tiro de promover una cinta tan pervertida y violenta. Supuestamente. Pero al fin será estrenada este 13 de mayo en la Cineteca Nacional por una muy corta temporada.
La mayoría de los alumnos asistió a la función por unos cuantos puntos extras al semestre. No tenían ni puta idea de que se enfrentarían a una historia que los dejaría perturbados al menos unos quince días. La tensión de las imágenes proyectadas en una pantalla más adecuada para un power point crecía a una sofocación tal que en el salón solo se escuchaban gritos aguzados, producto de la intranquilidad explícita. Hombres chillando con el mismo escándalo que las chicas. Dientes rechinando, aspirando saliva para sobrevivir a la tensión de las imágenes. Todo esto sucedió hace ya unos meses, en un pequeño auditorio de la Facultad de Contaduría de la UNAM, durante la proyección de Me quedo contigo, del cineasta y artista plástico Artemio Narro.
Un alumno, visiblemente afectado, tembloroso, con un ligero tartamudeo, pidió el micrófono durante la sesión de preguntas y respuestas, al final de la película y con Artemio presente, recargado en el escritorio del profesor: “No me gustó tu película porque, pues, tu movimientos de cámara no me dijeron nada. No me gustó. Siento que tu película no dice nada. O sea, no me gustó… no me gustó…” y repitió más o menos lo mismo durante unos diez minutos hasta que sus compañeros lo empezaron a abuchear y a decirle que mejor se hubiera salido.
Los alumnos parecían aterrorizados al mismo tiempo que excitados.
No ha sido la única ocasión en que Me quedo contigo desquicia al público: “En Rotterdam hubo un hombre que se me acercó y me deseó que nunca volviera a filmar. En Edimburgo gente pidió reembolso de sus boletos. En Vancouver pusieron en el buzón del voto del público una nota que decía que mi película no debía ser vista nunca en ningún lugar, aunque al final ganó el premio del Jurado Joven. En Sitges hubo un desmayado. En general, fueron más las veces que causó que la gente se saliera que las veces que se quedaron los que estaban. Pero también hubo festivales donde no se salió la gente: como en Taiwán, Bolivia, o la misma Ciudad de México. En general pasaron cosas muy diversas en los diferentes festivales donde se proyectó la cinta”, comenta Artemio Narro.
Me cuesta trabajo entender cómo el público se altera con cuatro chicas que pierden la cordura en una noche de copas, una noche, sangrientamente loca. Sobretodo en ciudades que se promueven como progresistas, cuya audiencia tiene, digamos, unas agallas más desarrolladas para los riesgos como el de Me quedo contigo.
Para Artemio, “pasa que vivimos en un mundo donde las mujeres empoderadas son algo que al parecer nos molesta. No solo en Latinoamérica, sino en el mundo en general. Me parece que hemos evolucionado poco en relación a asuntos de género, raza, preferencias sexuales e ideologías. Muchos gadgets pero seguimos siendo muy primitivos y medievales. Supongo que es una suerte de negación a ver cosas que suceden, un machismo de clóset en el que no importa dónde vivas. Eres humano y eso implica ser un animal con reacciones muy primarias y básicas, y de alguna manera parecidas por ser de la misma especie”.
Cuatro niñas bien (interpretadas por Ximena González-Rubio, Flor Edwarda Gurrola, Beatriz Arjona y Anajosé Aldrete Echevarría), fashion y millonarias y seductoras, al extralimitarse con el alcohol, toman conciencia del poder de su feminidad protegida por unos padres pesados, lo que les abre la puerta al desenfreno sin límite; se ligan a un vaquero (que bien puede de ser cualquier macho de esos que ven a la mujer como algo inferior) para luego levantarlo en el argot más narco; entonces la diversión se convierte en un juego violento y despiadado y, para muchos, sobretodo hombres, inverosímil, por el simple hecho de que el protagonismo de Me quedo contigo se concentre en cuatro chicas sádicas.
Me quedo contigo llega justo después de una movilización también conocida como la #PrimaveraVioleta, en la que miles, y miles y miles de mujeres visibilizaron el acoso, abuso, maltrato, humillación y otras formas de violencia normalizada de parte de los hombres, pero Artemio no ve su película como una manifiesto feminista: “Pienso que en un ejercicio de reflexión, en una película, los roles de género no es lo único importante. Creo que la simbología de la violencia y el poder son más relevantes. Decidí hacer la inversión de géneros para evidenciar más ciertas cosas, pero no se planteó como algo único y exclusivamente feminista”.
Artemio describe su ópera prima como una combinación entre la fresísima Clueless, de Amy Heckerling, de 1995, y la asfixiante y dolorosa Funny Games, de Haneke.
A principios de año, Me quedo contigo fue incluida en la lista de las 10 peores películas mexicanas de 2015 del portal Cinema Móvil. Mientras La Tempestad la ubicó entre las cinco mejores películas mexicanas de ese año:“Es una película que amas u odias. No hay medias tintas, entonces no es que haya salido mal parado. De hecho, siempre ha existido esa polaridad interesante en mi obra que genera muchísimo diálogo, que para mí es lo más importante, pues esa era una de las intenciones al hacer la película. Poner temas en la mesa y abrir la discusión, confrontar posturas, generar reflexión y diálogo, espero que de alguna u otra manera se haya conseguido un poco”, finaliza Artemio.